Madrid baila twerk

Ellas se definen como un grupo de arquitectura disfrutista y, viendo sus proyectos, no cabe duda de que disfrutan con lo que hacen (y de paso, hacen disfrutar a los demás). Este sábado formarán parte del cartel de Terraza Matadero con un evento relacionado con el twerking que nadie debería perderse. Aprovechamos esta excusa para hablar con ellas sobre sus proyectos, sobre twerking y sobre cómo esta escena empieza a tomar forma en Madrid. Por María Arranz


31 julio 2014

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Empecemos por el final, ¿qué planeáis desde colectivo Fru*Fru para el próximo sábado en la Terraza Matadero?
Se tratará de un evento participativo llamado Twerking at Matadero Madrid! Butt Building Performance. Y sí, ¡construiremos traseros para bailar twerking! La acción partirá de escenificar las primeras olimpiadas Twerk acogidas en Madrid en 2028. Fru*Fru, desde la Terraza de Matadero, retransmitiremos, a lo largo de un programa preliminar, la primera competición olímpica de twerk. Intentaremos dar un repaso a la escena deportiva twerk y todo su controvertido entorno; nos detendremos en las normativas y modalidades establecidas hasta llegar a la descripción de los uniformes olímpicos. A lo largo de la retransmisión montaremos, con ayuda del público, cuatro reproducciones de los uniformes olímpicos oficiales que incorporan artefactos o prótesis que utilizarán algunos de los participantes que integren el público de Twerking at Matadero.

 

¿Cómo surgió el colectivo y quiénes lo formáis?
Fru*Fru somos Paula Vilaplana y Rosana Galián. Ambas somos arquitectas licenciadas en la universidad de Alicante, aunque pasamos algunos años becadas entre Madrid y París. En nuestra trayectoria académica hemos realizado algunas intervenciones juntas pero fue en 2010 cuando formamos este grupo de arquitectura disfrutista, con el que hemos realizado diversas acciones entre Madrid, Londres, Murcia y Alicante. Reivindicamos una práctica de la arquitectura que trasciende a lo comúnmente arquitectónico para poner en valor el carácter divulgativo, performativo y de gestión de los proyectos. La mayoría de nuestras acciones giran en torno a lo doméstico, los formatos mediáticos y los medios de comunicación contemporáneos.

 

¿Cuándo empezasteis a interesaros por el twerking? ¿Lo practicáis?
Nuestro interés por el twerking es anterior a este proyecto; de hecho, Twerking at Matadero, aparece como parte de una investigación que Fru*Fru llevamos elaborando desde nuestra participación en Fan Riots, el proyecto de Iván López Munuera en torno a la figura del fan como agente político emancipado. Fru*Fru participamos en Fan Riots con una propuesta llamada “Dance Craze! Atrévete a bailarlo” en la que pusimos en escena una serie de bailes potencialmente subversivos (Vogue, Twerk y Tecktonik) a través de tres prótesis que emulaban el movimiento estos bailes y contaban a la vez la historia política de las reapropiaciones sucesivas que habían sufrido cada uno de ellos. Algunas fiestas donde se practican estos bailes son escaparates donde salen a escena agentes sociales de muy diversa procedencia y expresan sus reivindicaciones de una manera más o menos explícita, pero siempre en un ambiente de celebración y disfrute. El twerking es un ejemplo de cómo a través de la representación de un baile se pueden canalizar debates que van desde el género, el cuerpo o el origen étnico hasta la educación en el seno de la familia y de las instituciones de enseñanza pública. Esto es lo que nos interesa especialmente del twerking. No lo bailamos aunque lo intentamos y hemos tenido que estudiar en profundidad los movimientos para el diseño de las piezas.

 

A nivel internacional, ¿se puede hablar del twerking como un fenómeno cultural? ¿Y en Madrid, creéis que ha calado entre la gente? ¿Hay iniciativas relacionadas con él?
A nivel internacional por supuesto. Desde que Miley Cyrus desatara la polémica en torno a este baile en agosto de 2013, las legiones pro y anti-twerking se han multiplicado en calles y redes sociales de una manera asombrosa y desde luego nada inocua. Más allá de los debates en torno a la repentina sexualización de la ex Hannah Montana, el twerking ha sido objeto de discusión en ámbitos muy diversos, y su práctica ha tenido consecuencias que van desde la expulsión escolar hasta la cárcel o la humillación pública. De esto hablaremos en profundidad el sábado. España no ha sido inmune a la fiebre del twerking, y mucho menos Madrid. Hemos visto parodias de la actuación de Miley Cyrus a cargo de Arturo Valls, intentos fallidos de Ángel Llácer en “Tu cara me suena”, a Daniela Blume –presentadora de los 40 Principales– enganchada a este baile y reclutando bailarinas para el Blume Twerk Team, twerks espontáneos de Minecraft incluso en ferias de videojuegos… En la capital han empezado a proliferar las clases dedicadas a este baile y el twerking se usa como reclamo en algunas de las fiestas más de moda como las que organizan La Fiestinchi o el colectivo Pyramid. Incluso la marca de ropa Soda Pop , conocida por introducir las tendencias de L.A. entre los más modernos de la ciudad, ha producido una colección llamada Twerk Apparel y varias prendas inspiradas en el fenómeno. Sin embargo, el twerking no ha tenido en Madrid la visibilidad mediática que ha tenido en otros lugares.

 

Aunque últimamente se ha popularizado masivamente con vídeos como los como Miley Cyrus o Jennifer López, ¿cuál es el origen de este baile?
El twerking en cuanto a sus movimientos parece derivar del Mapouka, un baile tradicional procedente de Costa de Marfil. Sin embargo, el twerking tal y como lo conocemos ahora tiene su origen en la escena Hip Hop y Bounce de Nueva Orleans de principios de los 90. El primero que lo pone en escena es Sir Mix-A-Lot, quien, en 1992 lanza un single llamado “Baby got back”. La canción comienza con la frase “I like big butts and I cannot lie” y tanto el resto del tema como el videoclip son una clara apología a la figura de las mujeres afroamericanas. Sir Mix-A-Lot lanza una crítica a los estándares de belleza que sitúan el atractivo de la mujer en una delgadez extrema, reivindicando los cuerpos más voluminosos y haciendo alusiones a figuras sensuales de color como Josephine Baker. Reprocha igualmente que los estándares de belleza sean los del cuerpo de la mujer blanca, más informe, que el sinuoso cuerpo característico de las mujeres de color. A Sir Mix-A-Lot le seguirían DJ Jubilee, con el tema “Do the Jubilee All” en el que pone en escena a un escuadrón de raperos twerkeando por las calles, y más tarde los Ying Yang Twins, que en el año 2000 lanzan su tema “Whistle while you twurk” en el que describen este baile alterando el famoso estribillo de la Blancanieves de Disney que decía “Whistle while you work”.

 

 

En torno al twerk existe también bastante polémica, ya que figuras como Kimari Brand lo reclaman como un baile empoderador para las mujeres, mientras que las divas del pop se dedican a sexualizarlo, ¿qué opináis vosotras sobre este tema? ¿Os parece bien que se popularice como baile a pesar de que su significado original se pierda por el camino?
Evidentemente, Miley Cyrus ha popularizado el twerking despojándolo de gran parte de sus connotaciones originales, pero también es cierto que su apropiación, indebida o no, ha dado pie a una serie de debates realmente interesantes y que van mucho más allá de la transformación de su propio personaje (la pérdida ¿repentina? de la inocencia prefabricada de su identidad anterior como Hannah Montana). Ha sido gracias a la polémica de los VMA’s 2013 que el twerking se ha convertido en un debate que antes no existía. Si hay algo positivo en la popularización es que se abran nuevas discusiones. Una noticia que hemos seguido con especial interés es la del juicio a Caramel Kitten, una youtuber que ha sido condenada por colgar un vídeo twerkeando sobre la tumba de Martin Luther King Jr. Ella se ha defendido diciendo que era su manera personal de aplaudir los esfuerzos por la lucha de los derechos civiles, sin embargo para las autoridades estadounidenses este acto se entiende como una ofensa a un monumento nacional y se condena con hasta 5 años de prisión…

 

¿Creéis que existe un apropiacionismo cultural en cuanto al twerk por parte de la cultura pop, blanca y occidental?
Desde luego existe un abismo entre el significado que tiene el twerking tanto en sus orígenes como en la práctica dentro de algunas comunidades y el twerking que se ha popularizado a través de personajes como Miley Cyrus. Sin embargo, nos resulta muy interesante estudiar las reapropiaciones sucesivas que se dan lugar en este baile, un fenómeno que se ha dado en otros bailes, como por ejemplo el voguing. Se puede decir que ha habido un apropiacionismo por parte de la cultura pop, pero más allá de juzgarlo, lo que nos parece relevante de esta apropiación es que, debido a su masificación, da lugar a muchas otras reapropiaciones anónimas y sin duda más interesantes. A menudo las estrellas pop son sólo piezas intermedias de una cadena que se extiende mucho más allá de lo que la industria imagina, pero el eslabón de la popularización ayuda a desencadenar el fenómeno.

 

¿Qué encontráis vosotras de positivo en este baile y por qué animaríais a la gente a que lo practicara?
Más que el baile en sí, nos interesa contar su historia particular… y desde luego ¡practicarlo es una buena manera de hacerlo!

 

¿Existe algún sitio en Madrid donde se impartan clases o se practique en grupos, asociaciones, colectivos…?
El twerking todavía está arrancando en Madrid, más débilmente que en otros lugares, sin embargo, sí se ofertan clases para aprender a bailarlo (el grupo Twerk Madrid, por ejemplo) y sobre todo ha tenido repercusión en el ámbito de las fiestas nocturnas, donde se han convocado batallas de twerk. Como apuntábamos antes, Daniela Blume, una de las twerkers españolas más mediáticas, también ha movilizado a sus seguidores para coordinar un “twerk team” y la marca madrileña Soda Pop ha creado algunas prendas inspiradas en este fenómeno. El twerking todavía no es una fiebre en Madrid, ¡pero sin duda empieza a despegar!

 

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Comentarios:

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Pedro says:

Estuve allí. Fue un ¿espectáculo? lamentable y sin gracia. Surrealista y bochornoso. Las caras del público y la nula participación lo dijeron todo

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