Madriz Curator: José Luis Espejo

José Luis Espejo trabaja las relaciones entre el arte y la cultura de la escucha. El comisario, programador e investigador construye discursos en los que el sonido establece vínculos entre autores, disciplinas y con los propios espacios expositivos. Por Irene Calvo.


25 octubre 2017

José Luis Espejo es investigador, programador y comisario de arte contemporáneo y sonido. Licenciado en Historia del Arte, actualmente está realizando su tesis doctoral en la Universidad Carlos III sobre la Historia del Sonido, donde también imparte clase de Teoría de la escucha e Historia de los formatos en el Máster de Industria Musical y Estudios Sonoros. En sus exposiciones y ciclos trabaja las relaciones del arte con la cultura de la escucha. Colabora con la Radio del Museo Reina Sofía y ha publicado en diversos libros, revistas académicas y publicaciones sobre el sonido, como “Una utopía más que apetecible. Presente y futuro de los archivos sonoros en el contexto español” junto con Andrea Zarza en el libro “MASE, Historia y presencia del Arte Sonoro en España” (2015), “Durante la audición los hombres son reclusos”, para el extinto Arteleku en San Sebastian (2013) y “Políticas de un espacio aural” para el catálogo de “ARTe SONoro” (2010) en La Casa Encendida. Ha realizado proyectos curatoriales como “El Observatorio de la Escucha” o “Resonancia”. También coedita junto a Oscar Martín el proyecto editorial autogestionado Ursonate Fanzine, desde 2010, y el blog colectivo Mediateletipos, desde 2007.Acaba de comisariar el ciclo Archipiélago en el Museo Reina Sofía y hace unos días ha inaugurado la exposición Charivaria, co-comisariada junto a Andrea Zarza, en CentroCentro.

 

José Luis Espejo. Fotografía: Andrea Zarza.

 

Los cinco artistas con los que José Luis realizaría una hipotética exposición son: Rafael de Penagos, pintor e ilustrador de principios del siglo XX, trabajó en varios periódicos de la época y se caracterizó por su estilo art decó; la colección de archivos sonoros de la Biblioteca Nacional de España, que se formó entre 1938 y 1942 y que abarca todo tipo de registros sonoros, musicales o no, desde discos perforados Ariston, hasta cilindros de cera o los ya recientes CD’s; Agnès Pe, quien trabaja con el sonido, diluyendo las fronteras de los géneros musicales y entiendo la música como un hecho lúdico; Cuidadoras de sonidos es un colectivo formado por Anouk Devillé y Susana Jiménez Carmona que analiza cuestiones políticas a través del sonido; Diana Vázquez, arquitecta y miembro de los colectivos Las Raras y Somateca, investiga las relaciones entre arte, política, cuerpo y lo queer.

 

Rafael de Penagos.


 

¿Cómo definirías la labor de un/a comisario/a?

 

Creo que no soy la persona indicada para dar esa definición

 

¿Qué crees que hace falta para ser comisario/a?

 

¿Una estrella de sheriff?

 

http://bdh.bne.es/bnesearch/detalle/bdh0000005780

 

¿Por qué has elegido a estos/as artistas?

 

Me gustaría trabajar sobre la domesticidad en esa hipotética exposición que propones. Me gusta Rafael de Penagos, el ilustrador de los años 30 que vivía enfrente del Retiro, en Madrid. Me interesa mucho una serie de portadas que hizo para el catálogo de discos Regal, específicamente la publicidad del Gramófono portátil modelo 10 de Regal. Me gustaría contextualizar el dibujo con las colecciones del Archivo de Sonido de la Biblioteca Nacional de España y los fondos del Museo del Traje y, a partir de ahí, hablar con Agnès Pe, Cuidadoras de Sonidos y Diana Vázquez para ver que se les ocurre. Con todo eso, creo que saldría algo interesante.

 

¿Cuáles son tus referentes o ideales a la hora de comisariar?

 

Hay dos tipos de exposiciones que disfruto mucho. Por una parte las exposiciones que trabajan específicamente con el espacio, con la resonancia histórica de ese lugar. En este sentido para mí fue muy importante “Tabakalera Suena” de Xabier Erkizia, en 2009 en Donosti. También tuve la suerte de ver este 2017 “Becoming an Apricot * an Apple * a Crow * a Tree * a Cockroach * a Glacier * a Plant * a Mushroom * a Shell * a Bird * Algae”, que era parte del festival Survival Kit en Riga, y que trabajaba con el edificio de la facultad de Biología de la Universidad de Letonia dándole una vuelta muy sana al tema de la ecología sin naturaleza que se ha visto tanto en los últimos años.

 

Por otra parte, entiendo que para pensar las exposiciones que me gustaría hacer, no vale con fijarse sólo en exposiciones de arte. De hecho, si de verdad nos vamos a replantear el papel del espacio en el que exponemos cada proyecto, y esto es importante si trabajamos específicamente con espacios, no sé por qué manejar sólo referentes de exposiciones e instituciones artísticas. Algunos de mis museos favoritos son el museo Hunterian de cirugía y la colección Welcome del Museo de Ciencia en Londres. Me gustó mucho el Museo Provincial del Mar de Sao Cipriano, en Lugo. Me divierto mucho pensando en cómo reformular el Museo Naval de Madrid, que es el lugar más políticamente incorrecto del mundo. Me gustan las exposiciones en las que se acumulan muchas cosas y me encantan las exposiciones con maquetas. Imagino que por eso las dos exposiciones de arte que más me han marcado han sido “L’Europe des esprits“, en Estrasburgo dirigida por Serge Fauchereau y Joëlle Pijaudier-Cabot y co-comisariada por Daniel Bornemann, Anny-Claire Haus, Estelle Pietrzyk, Sébastien Soubiran, y Marie-Dominique Wandhammer, habían reunido pinturas de distintas colecciones de Europa y las habían contextualizado con objetos y documentos de la biblioteca y el museo de ciencias de la ciudad. La otra fue “Tratado de Paz” de Pedro G. Romero, de la que vi tres de sus múltiples versiones en el Museo San Telmo y Koldo Mitxelena. Esas formas de narración, con un pie en la cámara de maravillas y otro en la narración simultáneamente me interesan mucho. Por ejemplo, el Museo de la Técnica de Praga hace esto de manera brillante mediante el uso de los archivos consultables para exponer la arquitectura de una manera que me recordó a las formas narrativas de Chris Ware en Building Stories. Es un museo fascinante. Luego está la Narodni Galerie, muy cerca, en el mismo barrio, que tiene una colección de Kupka impresionantes, con una ametralladora de la Primera Guerra Mundial en la puerta de la sala, para que no se te ocurra sacar de contexto aquellas pinturas.

 

Si me preguntas por programación en internet te diré, sin dudarlo, RWM Radio Web Macba.
 

Y en cuanto a ciclos de conciertos, me han gustado mucho ERTZ en Bera y Sonic Acts en Amsterdam. A Sonic Actis fui sólo dos veces, pero le puedo seguir la pista y me interesa la manera de relacionar conciertos con conferencias para hacer del conjunto un tema sólido que aparentemente va cambiando año a año, pero que en realidad se va desarrollando de manera regular y va profundizando en cuestiones que los comisarios consideran importantes. Creo que es un festival que demuestra la capacidad de la música y el sonido para analizar y reflejar cuestiones y asuntos complejos. ERTZ no es un festival de tesis, aunque sí que últimamente va abordando temas puntuales. ERTZ es mucho más que una serie de conciertos, pero cada vez es algo distinto, así que no me daría espacio para explicar qué más es. También me gustó mucho Zarata Fest, que se replanteó la manera de programar un festival.

 

 

¿Se comisarían de la misma forma la música o los sonidos que las artes plásticas?

 

Los sonidos también forman partes de las artes plásticas, en un sentido histórico-artístico y en un sentido material. Si estás trabajando con una sola persona en un espacio, el proceso de trabajo no creo que cambie mucho. El desarrollo de ideas y el trabajo previo es muy similar.

 

Otra cosa es si me preguntas por el medio: ¿es lo mismo programar en internet, en un ciclo de conciertos u ordenar obras de arte en una sala? Bueno, en ese caso hay unos condicionamientos técnicos muy claros. En una sala y en internet puedes proponer relaciones entre tal y tal otra o entre tal sonido y tal contexto con mucha facilidad. En un ciclo de conciertos las relaciones que cada persona hace de ese conjunto de artistas están menos controladas y por eso también permite proponer relaciones menos evidentes.

 

 

Eres historiador del arte, ¿echaste de menos durante los estudios algún tipo de formación específica en arte sonoro, música o sonidos?

 

Sería muy injusto decir que sí, la verdad. Otra cosa es que el ritmo que imponía la educación dejó el tema en una mera introducción dentro de la asignatura de historia del arte de la segunda mitad del siglo XX. A mí me hablaron de John Cage, de Charlotte Moorman, de Walter Ruttman, de Janet Cardiff, de Joseph Beuys… hice un trabajo de metodologías de estudio sobre zaj y un trabajo de fin de carrera sobre política y arte sonoro. Sería injusto decir que mis profesores no me ayudaron a desarrollar un interés que, por cuestiones de tiempo, ocupaba una pequeña parte de su temario pero del que eran perfectamente conscientes. Además de ello, teníamos una asignatura sobre arte y medios de masas en donde se hablaba de los contagios formales entre sonido e imagen en las vanguardias históricas. Con eso, cierto interés por la teoría y los consejos de algún compañero de clase, uno podía indagar con facilidad. Luego también tuve un erasmus en Reino Unido, donde pasé mucho tiempo en la biblioteca y en las librerías. En fin, que no eché de menos formación específica. Yo lo pasé muy bien en la universidad y aprecio mucho a mis profesores y a los compañeros que me ayudaron durante aquellos años.

 

Diana Vázquez. “Mapa conceptual de Domesticidades”. 2016.

 

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