Madriz Curator: Marta Echaves

Marta Echaves es una comisaria y crítica de arte que entiende la curaduría  de cualquier tipo de expresión artística como un proceso ideal para investigar y compartir procesos colaborativos. Por Irene Calvo.


27 marzo 2018

Marta Echaves comisaría, escribe y, además, investiga, realiza performances y es docente, a veces todo a la vez. Licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Madrid, cursó el Programa de Estudios Independientes (MACBA/UAB) dirigido por Paul B. Preciado. Ha sido miembro del grupo de investigación ARTEA/Matadero, que planteaba un acercamiento crítico a la creación contemporánea. Forma parte del grupo de investigación Working Dead, junto a María Ruido y Antonio Gómez Villar, comisionado por la Virreina Centre de la Imatge, con quienes acaba de organizar el seminario “Trabajo más allá del empleo: Producción y reproducción en la era del postrabajo”. Su interés por las tecnologías de producción del género y la biorresistencia y necropolítica en contextos postdictatoriales han marcado su actividad como comisaria/artista, así como las performances que ha presentado en seminarios internacionales como “Los 80 a contrapelo“ (MACBA) donde presentó “Nos querían muertos”; “Podría quién te recuerda” (Museo Reina Sofía) con su pieza “Aparta de mi este cáliz”; y “Millones de Perversas” (CentroCentro) con la presentación del Archivo de Emilio “Deja de sufrir estúpido”, junto a Alejandro Simón y Jesús Bravo. En su faceta como docente, Marta es co-directora, junto a Tania Pardo, del curso “Comisariando el presente” de La Casa Encendida.

 

Marta Echaves. Fotografía: Arantxa Boyero.


 

Marta ha desarrollado proyectos curatoriales colectivos en varias ocasiones, algunas como miembro del colectivo curatorial Catenaria (formado por Marta Echaves Martín, Elena Fernández-Savater, y Manuela Pedrón Nicolau), ganador de la edición de Inéditos 2014 de La Casa Encendida con el proyecto “Be virus my friend”. De manera independiente, Echaves ha comisariado multitud de exposiciones y también ha sido galardonada con premios como el Can Felipa Ars Visuals 2015 (C.C Can Felipa) con la exposición “La contrarrevolución de los caballos”. Actualmente se puede visitar en la Sala de Arte Joven la muestra “The Futch”, una de las exposiciones premiadas en la convocatoria de la Comunidad de Madrid “Se busca comisario”, que Marta co-comisaría junto a Neme Arranz. En breve lanzará un podcast para Radio Web MACBA como resultado de su investigación “There are no more tickets to the funeral”, gracias a una beca de la Sala d’ Art Jove de Barcelona.

 

Marta ha seleccionado a cinco artistas que desarrollan su trabajo en Madrid -que definen en gran medida sus inquietudes artísticas y curatoriales- con los que le gustaría realizar un proyecto: Cristina Mejías, artista multidisciplinar que trabaja sobre el tiempo y los símbolos como lenguaje y códigos; JASSS, la dj y productora de electrónica Silvia Jiménez Álvarez, que debutó el pasado año con el álbum “Weighless” y vive a caballo entre Madrid y Berlín; el colectivo formado por María Salgado y Fran MM Cabeza de Vaca, quienes indagan el formato del audiotexto como intersección entre la poesía, el lenguaje, el arte sonoro, la música y la performance; Alejandro Simón, es investigador y está realizando su tesis sobre el archivo de la Facultad de Bellas Artes; y, por último, el colectivo nucbeade, formado por las artistas Quiela Nuc y Andrea Beade, quienes trabajan los feminismos, lo queer y la tecnología, en la estela de los primeros colectivos ciberfeministas, desde disciplinas como la performance o los audiovisuales, entre otros.

 

Cristina Mejías. Fotografía: Paco Gómez.


 

¿Cómo definirías la labor de un/a comisario/a?

 

Me gusta relacionarme con el comisariado de una forma personal, sin preocuparme demasiado por sus labores y canales más habituales o “profesionalizantes”. El comisariado para mí siempre ha sido más bien una excusa, una etiqueta que me permitía moverme entre la investigación y la producción en colaboración con otras creadoras. Cuando estudiaba Filosofía tuve claro que yo quería ser capaz de transmitir mis intuiciones y discursos en un formato que no fuera el ensayo textual, al principio pensaba que ese canal era más el cine pero finalmente llegó a mí esta cosa del comisariado y aposté por el formato expositivo como vehículo para esta “transmisión creativa e informal de saberes”. Desde el principio con el Colectivo Catenaria nuestros proyectos desbordaban los roles clásicos del comisario, pues estábamos muy implicadas en tareas que hoy caerían dentro de la llamada mediación. Más tarde, a partir del proyecto “La contrarrevolución de los caballos”, empecé a interesarme más por trabajar con cultura material y artefactos de nuestra historia reciente, fantaseando con comisariar archivos y colecciones más relacionadas con la historia. Esto me llevó a parar durante un año de comisariar, y empecé a explorar lenguajes más performáticos y escénicos, porque empecé a sentir lo restrictivo que pueden ser en ocasiones los lenguajes expositivos… y ahora mi sueño es poder meterme más en el mundo de los clubs y de la música elećtronica, pinchar, programar fiestas y colaborar con artistas que trabajen en estos territorios. Así que ya ves, quizás la única labor que sea común siempre a todos mis proyectos sea por un lado, los procesos de investigación, y esta cuestión del poner en relación y crear sinergias.

 

Qué crees que hace falta para ser comisario/a?

 

Creo que, después de todo, lo más importante para ser un buen comisario es ser un buen cuidador, y por mucho que me pese, un buen gestor. Una puede tener muy buenas ideas y discursos, tener un buen conocimiento del panorama artístico, sensibilidad a la hora de manejar la museografía y el diseño expositivo, pero si no sabes aterrizar presupuesto, acompañar a todos los que participan en este proceso, negociar y mediar, tanto con las instituciones como con los artistas, y saber escuchar a todos como para orquestar los deseos que alimentan un proyecto curatorial… es muy probable que al final la exposición no funcione del todo. No sólo hay que atender a lo que imaginamos que expondremos en el cubo blanco, sino tomar consciencia de toda la micropolítica que subyace y hace posible el proyecto. Por otro lado, para mí es fundamental, pero no sólo en el comisariado sino en cualquier ámbito de la creación, el tener algo que realmente necesitemos contar: que nuestros proyectos nos toquen y emocionen, que nos obsesionen de tal forma que necesitemos compartirlo con los otros. Esto lo digo porque creo que vivimos en un momento de tal saturación, donde todas queremos ser comisarias, que a veces me pregunto si tienen sentido tantas y tantas exposiciones. A veces creo que pecamos de una moda formal (queremos ser comisarios pero no sabemos ni que queremos decir, ni que aporta nuestra voz y discursos al contexto donde nos inscribimos). Y esto también es una autocrítica a mi propio productivismo.

 

JASSS, “Weightless” (Ideal Recordings, 2017). Diseño: Pan Daijing.


 

¿Por qué has elegido a estos artistas?

 

He realizado una selección que permita entender el abanico de artistas y creadores que me interesan, que no son necesariamente artistas visuales en su sentido más estricto. Por eso pongo al lado de nombre de artistas como Cristina Mejías a una productora musical y dj como JASSS. El último trabajo que ha presenta Cristina en Ranchito Lisboa me tiene la cabeza loca, por que para mi es fascinante ver cómo alguien que tiene intereses parecidos a los míos (cuestiones en torno a la memoria, el cruce entre la historia y lo performativo, la importancia de lo anecdótico, más que el acontecimiento, etc) formaliza estas cuestiones de manera tan fina y con una sensibilidad hacia el espacio brutal. JASSS es uno de mis últimos descubrimientos, y la escucho en bucle; no puedo evitar que cuando encuentro a mujeres con un sonido duro y potente me hago fan inmediata. A mí me gusta mucho la electrónica y el techno, pero aún en Madrid las fiestas están demasiado heteromasculinizadas, apenas se programa a mujeres y aún los clubs no son espacios seguros para todxs. Por eso la labor de programadoras como Natalia Piñuel o Silvia Bianchi es fundamental en esta ciudad. Otros artistas que admiro profundamente y no dejan de sorprenderme son María Salgado y Fran MM Cabeza de Vaca, creo que están tocando algo muy interesante con sus propuestas escénico-poéticas-musicales, y me encanta ver cómo Madrid se ha volcado con ellos, logrando llenos totales en naves y agotando entradas en pocas horas. Alejandro Simón también tiene un perfil mas esquivo, y me interesa su labor como archivero e investigador dentro del contexto de una historiografía política del arte en España. Por último también están Nucbeade (Quiela Nuc y Andrea Beade) que trabajan, sobre todo, con el vídeo, la fotografía y lo performático, desde una línea queer y feminista bastante interesante porque no toma como punto de partida los tópicos más habituales. De hecho, me parece curioso sentir cómo de alguna forma el feminismo cada vez es más hegemónico pero eso no facilita que mujeres con un discurso crítico potente expongan más, sino casi lo contrario, muchas veces se visibiliza más a aquellas cuyos discursos que son menos problemáticos.

 

¿Cuáles son tus referentes o ideales a la hora de comisariar?

 

Me interesan los trabajos comisariales que tienen un marcado posicionamiento político, no solo en los contenidos sino en la forma de entender lo curatorial, y que al mismo tiempo desbordan el contexto propiamente expositivo. Un ejemplo -para mí mítico- es la exposición de Fred Wilson, “Mining the Museum” en el Maryland Historical Society, donde en un ejercicio de reinscripción, sacó del almacén los objetos relacionados con la historia de la esclavitud para proponer una relectura crítica de cómo se había amasado esa colección y poner en evidencia la dimensión necropolítica de esa institución. En esa línea, Clementine Delis cuando asumió la dirección del Museum der Weltkulturen de Frankfurt, replanteó la estructura y dinámica de la institución y la convirtió en un centro de investigación y laboratorio donde artistas provenientes de ex colonias eran invitados a trabajar desde la colección y la historia de ese museo. Por citar a alguien del panorama nacional, Manuel Segade con su forma de entender el comisariado como una práctica más performativa y expandida, y con un fuerte compromiso por hacer del museo un espacio de resistencia, me parece una referencia clave. Un último apunte sería también una figura como la de Pedro G. Romero que, más allá del formato expositivo, trabaja como director artístico y/o colaborador de artistas como Israel Galván o Rocío Márquez, entre otros. Este tipo de comisariado fuera del cubo blanco, que se abre a otros ámbitos como la música o la danza y que coloca al comisario en medio de una constelación de artistas y proyectos como si fuera una suerte de “celestino”, que sabe ver las sinergias y relaciones entre creadores y mundos que, a priori no tienen tanta relación, es un tipo de trabajo con el que me siento muy identificada.

 

Fran MM Cabeza de Vaca y María Salgado en “Jinete Último Reino Frag. 3”. © Jorge Mirón, Madrid, 2017.


 

Formas parte del colectivo curatorial Catenaria, has co-comisariado varias expos y también ha desarrollado proyectos en solitario. ¿Qué diferencias existen entre los procesos curatoriales colectivos y los independientes? ¿Qué te aportan uno y otro?

 

Considero, de alguna forma, que el trabajo curatorial siempre se da en colectividad, aunque seas sólo una comisaria. Los artistas, la institución o las personas que gestionan el espacio, los montadores, etc, forman parte de la red de personas y afectos con lo que tienes que saber trabajar. Más allá de esta dimensión colectiva (que no horizontal) de lo curatorial, siempre prefiero trabajar junto a otras. Cuando he comisariado sola toda la experiencia ha sido mucho más abrumadora, pero al mismo tiempo son oportunidades para indagar más en tus propios discursos y sensibilidades. Cuando trabajas con otros como autores de un proyecto, se desdibujan las poéticas y el pulso más personal de cada quien, esto es maravilloso pero otras veces es verdad que también hay proyectos con los que tienes una conexión mas fuerte e íntima que creo demandan más un trabajo en soliloquio. Aún así, alguno de mis proyectos más personales, como pueden ser sobre todo las performances que realicé en el MACBA y en el MNCARS en torno a mi investigación de “La contrarrevolución de los caballos”, seguían siendo procesos compartidos con otras aliadas que, aunque tomaban como punto de partida mi propia investigación, luego ellas se apropiaban de este impulso y llevaban el proyecto a lugares a los que yo sola nunca habría llegado. Más cabezas y más cuerpos para mí son mejor, aunque exijan más micropolítica, negociación y renuncia a tus “ideas más propias”. Aún así, no estamos educados para trabajar juntas, por lo que también es importante reconocer los problemas que todas tenemos (egos, relaciones de poder, gestión de tiempos diferentes, etc) a la hora de crear con otras, asumiendo que esto sigue siendo un reto y proceso de constante aprendizaje y desaprendizaje.

 

Teniendo en cuenta tu participación en los grupos Somateca del museo Reina Sofía, o Cuerpo, Archivo y Memoria en ARTEA/Matadero, ¿puede -o debe- crear la curaduría una nueva historiografía desde la actividad en contextos queer, trans, feministas, postcolonialistas, postdictatoriales…?

 

La curaduría que más me interesa hoy en día tiene que ver con esta reescritura de la historia que comentas. Quizás esto viene por mi formación, y de que una de mis grandes fascinaciones siempre fue la filosofía de la historia. Esto hoy en día ya es muy cliché, pero el trabajo de Foucault, y de gente que sigue la estela de su metodología de trabajo, es una de mis grandes inspiraciones. Hay una corriente que es la historia de conceptos, que trabaja entendiendo cómo se retroalimentan los cambios sociales y los cambios en nuestros lenguajes, que me sirve como dinámica para pensar mi trabajo. La dimensión expositiva nos permite no trabajar solo con palabras, sino también con imágenes y artefactos. El trabajo crítico hecho desde los feminismos y las tradiciones antirracistas y decoloniales es otro de estos pilares. La necesidad de reescribir la historia de la comunidad a la que pertenecemos (que obviamente no es la comunidad que protagoniza la Historia con mayúsculas), de restituir y hacer justicia, de tomarnos enserio la dimensión somática y colectiva de la memoria, es una urgencia política. De hecho, me parece muy interesante que haya proyectos en esta línea que he planteado o presentado a convocatorias que al final no han salido adelante. Esto demuestra que aún existe tensión y resistencia a que contaminemos o pongamos en cuestión los relatos hegemónicos, porque saben que este tipo de gestos sí tienen un efecto político desestabilizador.

 

“Chavales de San Blas, 1978”.El archivo de Emilio. Fundación Genypas. Alejandro Simón.


 

En “The Futch”, Neme Arranz y tú habláis del futuro mercantilizado como tendencia. ¿Cómo se refleja esto en el arte contemporáneo y en la curaduría?

 

Cuando hablamos del futuro como tendencia, Neme y yo nos referimos a dos cosas. Por un lado, la sensación de que el futuro antes era inventado desde lugares más undergrounds y politizados, cuando el futuro podía ser aún un espacio de imaginación política (la ciencia ficción, los primeros ciberfeminismos, etc.) y que ahora es el mercado y los gurús tecnológicos los que están ocupando el lugar de esos inventores de futuro. Por eso el guiño a Kanye West en el título, con esta anécodta de que, en vez de decir “futuro” dijo “futch”, empezamos a imaginarnos qué futuro quiere inventarse este Andy Warhol contemporáneo. Sentimos, por otro lado, que estamos rodeadas de llamamientos al futuro, cuando voy por la ciudad me divierto viendo todos los anuncios que nombran al futuro como reclamo publicitario. En el ámbito del arte esta claro que este año es el año del futuro, que ARCO también lo tomase como tema es el síntoma de que algo pasa con nuestro presente. Nos interesa esa pregunta, que sucede en nuestro tiempo para que el futuro esté tan de moda. El ámbito de las artes no es más permeable a eso que otros, creo, pero sí hay una tensión interesante porque, si algo caracterizaba las prácticas artísticas era su potencia especulativa, y consideramos que algo se ha perdido ahí, que hoy por hoy desde el arte tampoco estamos siendo capaces de inventarnos realmente un futuro posible donde vivir juntas, sino que el futuro ya solo puede ser pensado como un pastiche de otras temporalidades. Como señala Mark Fisher, el futuro ya no es lo que era.

 

Nucbeade. Frame del proyecto “ШАГ”.

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