Madriz Curator: Óscar Alonso

Óscar Alonso (Madrid, 1971) es uno de los comisarios con mayor actividad actualmente. Curator independiente, trabaja con varios museos e instituciones y ha comisariado artistas provenientes de diferentes disciplinas. Además, es docente, conferenciante, crítico de arte, escritor y artista. Por Irene Calvo


20 enero 2016

oscar

 

Profesor del grado en Bellas Artes en el Centro de Estudios Superiores Felipe II de Aranjuez de la Universidad Complutense, Óscar compagina su faceta como docente con la de escritor: su último libro, sobre el artista Santiago Talavera verá la luz antes de la próxima edición de ARCO. Óscar también es responsable del comisariado del programa “Conexiones”, colaboración de la Fundación Banco Santander y el Museo ABC para la difusión de jóvenes artistas, y gracias al cual este año podremos ver, entre otros artistas, el trabajo de Marina Vargas.

 

Ahora mismo en Madrid se pueden visitar tres exposiciones comisariadas por él: “Elena Alonso: El espacio alrededor” en el Museo ABC, enmarcada en el programa “Conexiones”; “Jaume Plensa: Matriz y múltiple” en el Museo Casa de la Moneda; y “Abdul Vas: We had the night”, exposición inaugural del espacio El cuarto de Invitados.

 

Los artistas con los que Óscar Alonso realizaría una exposición son: Jacobo Castellano, andaluz multidisciplinar residente en Madrid, que trabaja con los conceptos de identidad y memoria desde un punto de vista tan personal como su infancia y sus recuerdos; Mateo Maté, que también utiliza varias disciplinas para desarrollar una idea cotidiana y cercana, a la par que irónica, de la identidad; Miren Doiz, en cuya obra experimenta con la pintura y los límites de ésta, introduciendo otros materiales en soportes típicamente pictóricos y extrayendo la pintura hacia otros espacios; Philipp Fröhlich, pintor alemán afincado en Madrid, invita a reflexionar en su obra sobre lo que vemos, lo que imaginamos y lo que intuimos, a través de paisajes sin rastro de figuras humanas; y Miguel Ángel Tornero, fotógrafo jienense que vive y trabaja en Madrid desde hace años, reflexiona sobre la fotografía, sus posibilidades digitales y su comportamiento físico y social.

 

1. Jacobo Castellano. Sin título. Barro cocido y madera. 2015

Jacobo Castellano. Sin título. Barro cocido y madera. 2015.

 

¿Cómo definirías la labor de un/a comisario/a?

“¡Soy el terror que aletea en la noche…!, ¡soy la mosca en la sopa del mal…!, ¡soy el Pato… DARWING!”. Partiendo de ahí, nuestra labor es un ejercicio continuo de flexibilidad, a través del cual se ponen en contacto agentes y plataformas que por lo general permanecen a cierta distancia entre sí: artistas, crítica, públicos, coleccionistas, galeristas… Se trata en la mayoría de las ocasiones de construir una porción de un relato a partir de restos que haces tuyos, siquiera temporalmente. Por mi parte, suelo hacer muy pocas propuestas a los espacios expositivos, estoy más acostumbrado y me gusta más recibir encargos, porque, como decía Jabés, “nuestros límites nos salvan”. A mí me parece muy estimulante que los haya. Así que “dime quién soy”, podría ser la tercera cita para intentar contestar esta difícil pregunta: que la propia exposición vaya construyendo la labor de su comisario.

 

¿Qué crees que hace falta para ser comisario/a?

He visto hacer exposiciones magníficas desde la soberbia y desde la humildad. También hay ocasiones en que tienes la sensación de que el comisario sabía la respuesta desde el principio y otras en las que sospechas que la exposición resultante es una gran interrogación, quizá más grande incluso que cuando comenzó a trabajar en ella. Tengo colegas muy trabajadores y otros un tanto perezosos que sacan adelante exposiciones soberbias. Los hay informadísimos, al día de todo; yo soy más de concentrarme mucho en lo poco que me interesa de verdad. Con habilidades sociales y muchos contactos es más fácil hacer las cosas: comisariar también, por supuesto. Sin embargo yo conozco a muy pocos directores de museos, y no a tantos artistas… Me precio, no obstante, de contar entre mis mejores amigos a aquellos con los que he trabajado más. Como decía Ángel González, “sólo me hago amigo de los artistas que me interesan”, porque si no se sufre muchísimo… Hay comisarios caóticos e improvisadores que obtienen resultados brillantes. A otros nos funciona más el orden. Así que supongo que si eres listo sacarás de tus cualidades la herramienta adecuada para conseguir hacer algo que haga más grande, más interesante, más profundo este mundo nuestro… Siquiera más ameno; quizá incluso más bello. Y a pesar de todo, creo que la complacencia y la simplicidad son grandes riesgos que merecería la pena evitar en todo esto.

 

Mateo Maté. “Desubicado”. Videocreación. 2003.

¿Por qué has elegido a estos artistas?

He propuesto cinco artistas sobre o con los que he trabajado ya en alguna ocasión anterior, pero de los que me he quedado con ganas de continuar profundizando en su trabajo a través de una labor común, compartida. Gente a la que saludo con cariño cuando me la encuentro, pero con quienes me gustaría quedarme a solas en ocasiones a lo largo de unos meses de trabajo, donde hubiera algunas cenas, visitas a sus lugares de trabajo, ojalá algún viaje al Paraíso, charlas profundas o irrelevantes, risas, alguna pequeña intriga, que culminen en la complicidad que me lleve a entender con mayor acuidad su trabajo. La vida del comisario en este sentido es un verdadero privilegio.

 

¿Cuáles son tus referentes a la hora de comisariar?

Estando vivo y presente el artista hay que empezar por ahí: es la mejor manera para llegar a las obras, que en el fondo es lo verdaderamente importante. Si falta ya o es inaccesible, hay que sabérselas buscar. En las exposiciones de tesis, antes que del ensayo, mis fuentes llegan por lo general de la literatura o el teatro. De la poesía o el cine no tanto. Y luego están los sueños privados y esas “erratas aposta” que casi con placer culpable uno no puede dejar de introducir en algo que va a mirar mucha gente… Pero vamos, el comienzo de un comisariado siempre tiene algo de detectivesco y en el final hay que controlar la proliferación de historias que se desencadenan.

 

Miren Doiz. De la serie Fragile. 2013.

Miren Doiz. De la serie Fragile. 2013.

 

¿Influye tu faceta como artista a la hora de comisariar? ¿Crea cierta sensibilidad añadida a la labor?

Mi formación de Bellas Artes me ha facilitado mucho la “lectura” de los estudios de los artistas: cuando llegas a uno, toda la parte material, procesual, técnica, me resulta fácil de interpretar, lo que agradezco, porque hay partes decisivas del arte que se juegan ahí mismo. Cómo son las manchas del suelo, de las paredes o del caballete de un pintor, por poner un ejemplo muy claro, o cómo tiene organizados los colores, el tipo y estado de sus pinceles, los médiums que usa, la densidad de la pasta, si la desgrasa o no en un cartón antes de emplearla, la limpieza de su trapo, de su aguarrás, la luz que incide, el espacio que deja para echarse atrás, cuántas obras lleva adelante a la vez… Hay un montón de información ahí que va abriendo desde dentro la imagen de una pintura. Pero, ya te digo, es sólo un ejemplo de los más obvios. El tener una formación común a muchos de los artistas con los que trabajo también me facilita la comunicación a otros niveles, sobre todo cuando hay que contar con cuestiones de producción, tratar con sus galerías, ser sensibles a sus curricula, el momento en el que están con respecto a su representación en colecciones públicas o privadas, su recepción crítica…

 

Has comisariado multitud de exposiciones y artistas, ¿tienes una fórmula universal a la hora de comisariar o cada muestra es un proceso aislado de los demás?

Antes que nada, estoy convencido de que no existe una idea fija, preestablecida ni única de lo que sea un comisariado: sólo existen comisariados concretos, que se moldean a cada situación, contexto, circunstancias… Cada caso es diferente, una colectiva, una individual, una retrospectiva, una exposición de tesis, un espacio alternativo, un museo con muchos medios, una galería, una gran ciudad, un pueblo, un edificio histórico, una sala absolutamente neutra, una muestra efímera, una que dura tres meses, un público experimentado, un contexto donde el arte es casi un producto exótico… Frente a este panorama de variables , que además se combinan entre sí de manera endemoniada, la respuesta que ofreces es particular, adaptándote a cada caso.

 

Philipp Fröhlich. “(186L)”. Témpera sobre lienzo. 2014.

Philipp Fröhlich. “(186L)”. Témpera sobre lienzo. 2014.

 

¿Cómo percibes el panorama artístico madrileño actual? ¿Crees que es un buen momento para iniciarse como curator?

Una de las consecuencias más notables que ha tenido esta larga crisis ha sido el movimiento de centralización que ha tenido lugar con el debilitamiento de las escenas periféricas. Ni siquiera para Madrid es bueno su actual crecimiento en el sector artístico a costa de que Barcelona, el País Vasco, Valencia, y otros centros que hasta hace unos años mostraban un mayor dinamismo, se encuentren ahora con tan grandes dificultades. El asunto es llamativo, sobre todo, a nivel de galerías: una concentración cada vez mayor en la capital y constantes cierres en el resto. La riqueza de modelos, las oportunidades a las escenas locales, la creación de redes más amplias a nivel nacional e internacional, la diversidad de los diálogos misma, parecen ahora lamentablemente mermadas, aunque desde aquí disfrutemos de una oferta aparentemente más rica. Pero precisamente por ello, ¿cuándo mejor para hacerse uno comisario que ahora? ¡Venga, chaval, deja lo que estés haciendo y ponte a comisariar algo, el mundo te necesita!

 

Miguel Ángel Tornero. Sin título. Papel velado, fotografía, impresión sobre papel y cinta adhesiva. 2012.

Miguel Ángel Tornero. Sin título. Papel velado, fotografía, impresión sobre papel y cinta adhesiva. 2012.

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