Maruja, Warhol, Vijande, miren un momento a cámara

En 1983, el galerista Fernando Vijande revolucionó la sociedad madrileña inaugurando una exposición de Andy Warhol, que contó con la presencia del artista, y que atrajo personajes de todo tipo. Por Marta Sesé.


24 enero 2018

Andy Warhol y Maruja Mallo. Madrid, 1983.


 

Termina enero de 2018 y febrero se acerca con todo lo que ello conlleva para los que, de una u otra manera, nos dedicamos al arte: ferias, grandes y pequeñas, y eventos de todo tipo ante a los que a veces la obligación gana al entusiasmo. ARCO cumple 36 años lo que quiere decir que su primera edición tuvo lugar en 1982, el mismo año en que, en diciembre, se inauguraba la exposición de Andy Warhol “Pistolas, Cuchillos, Cruces” en la Galería Fernando Vijande, excusa que dio lugar a que en enero del año siguiente, en 1983, se tomara la fotografía que encabeza este texto con Andy Warhol y Maruja Mallo más pendientes de otras cosas que de la cámara.

 

¿En qué momento sucedió este encuentro? ¿Quién era Fernando Vijande y por qué Maruja Mallo se acercó a esa inauguración donde, como dice la canción de Espejos y Diamantes, coincidieron diversas celebridades como Pitita Ridurejo y Ana Obregón?

 

 

Fernando Vijande Brees (Barcelona, 1929 – Madrid, 1986) se introdujo en el mundo del arte contemporáneo –y de manera decisiva para el transcurso del mismo en España– a principios del años 70, cuando tomó las riendas de la galería Vandrés, lugar donde organizó la exposición colectiva “Eros y arte actual en España”. Una muestra que dio el pistoletazo de salida a cantidad de situaciones extravagantes con las que se encontró el galerista a lo largo de su carrera puesto que, una denuncia anónima, consiguió que la policía franquista se acercase a la galería para juzgar si lo expuesto era moralmente aceptable o no. La policía decidió requisar diversos cuadros y la reacción de Vijande fue rellenar los huecos vacíos con un cartel que decía: “Este cuadro ha sido retirado por orden de la autoridad gubernativa”.

 

Pero sería una década después, en 1981, cuando Fernando Vijande, convencido de su aportación al arte contemporáneo y con la seguridad, además, de haber conseguido profesionalizar una actividad en decadencia tras la dictadura, decidió inaugurar una nueva galería que llevaría su propio nombre y que situó en un garaje de la calle Núñez de Balboa. El local, inspirado en la arquitectura del East Village de Nueva York, ocupaba diversas plantas subterráneas del garaje y no escondía sus materiales: cemento y ladrillo. La galería Fernando Vijande fue clave para potenciar la carrera de artistas nacionales como Carmen Calvo o Joan Hernández Pijuan entre otros, pero también mostró en Madrid aquel arte que se estaba haciendo fuera de España y que demostraba importantes cambios en las tendencias estéticas. Robert Mapplethorpe, Karl Horst Hödicke o Ian Breakwell entre muchos otros fueron algunos de los artistas que expusieron en el espacio. Pero fue en diciembre de 1982 cuando Fernando Vijande consiguió generar un mayor impacto –por lo menos a nivel mediático– en su espacio gracias a la exposición que organizó de Andy Warhol.

 

El trato que Vijande había hecho con Warhol para que este accediese a exponer en España fue que, aquellos cuadros que no se vendiesen, se los quedaría la galería. Y el boom mediático no fue precisamente sinónimo de ventas puesto que, de hecho, no se vendió ningún cuadro y Fernando Vijande tuvo que asumir todos los gastos. El día de la inauguración oficial, eso sí, se organizó una gran fiesta en la Galería Vijande –aunque según ha quedado documentado y gracias a los testimonios de la época sabemos hoy que Warhol no habló demasiado y que estaba más interesado en captar a las marquesas con dinero que en conocer a los artistas del momento– a la que asistieron, más allá de los protagonistas de la movida madrileña, personalidades como Isabel Preysler, Agatha Ruiz de la Prada, Javier Solana, Pitita Ridruejo y, como no podía ser de otra manera, Maruja Mallo.

 

Andy Warhol y Fernando Vijande en la Galería Vijande. Fotografía de Luis Pérez Mínguez. Madrid, 1983.

 

Y es que cualquier excusa es buena para hablar de Maruja Mallo (Viveiro, Lugo, 1902 – Madrid, 1995). En 1982 se sumaban ya dos décadas de la vuelta a Madrid de la artista tras un largo exilio a América que encontró, significativamente, su año de comienzo en 1937. Mucho antes de su exilio, en 1922, la familia de Mallo se trasladó a Madrid y ella comenzó a estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando entablando amistad con artistas como Salvador Dalí o la poeta Concha Méndez con quien, junto a otras, inició el movimiento de las “sin sombrero”. También reivindicaba su espacio en un entorno cultural protagonizado exclusivamente por hombres junto a otras amigas como María Zambrano, con quien asistía a conferencias académicas para interrumpir con preguntas comprometidas.

 

A nivel artístico, Maruja Mallo se integraba en un primer momento en la Escuela de Vallecas pero, en 1932, viajó a París, ciudad donde residió durante dos años integrándose en el movimiento surrealista y ganándose la admiración y el respeto de figuras clave del movimiento como André Bretón, quien compró su cuadro “Espantapájaros”. En 1937, al inicio de la Guerra Civil, Mallo se exilió a Argentina donde, desde el primer momento, obtuvo reconocimiento y tuvo la posibilidad de desarrollar su carrera artística alejada del horror de la guerra. Su exilio se alargó hasta 1962 y, durante ese tiempo, sus visitas a Nueva York fueron recurrentes, pudiendo involucrarse en la vida cultural y social de la ciudad y conociendo, entre muchos otros, a Andy Warhol.

 

Y llegó 1982, también para Maruja Mallo. Según escribía Estrella de Diego, historiadora del arte, teórica y docente a quien hay que agradecer –entre muchas otras cosas– la reivindicación de Maruja Mallo ya en la década de los 80: “Entrar en ARCO en 1982 del brazo de Maruja Mallo debiera haber sido un gran acontecimiento, pero todo el mundo en Madrid era entonces tan abrumadoramente joven que nadie se paraba a pensar, ni por un instante, en lo excepcional de acudir a la primera edición de una feria de arte contemporáneo al lado de la última vanguardista. […] ‘Querida, ¿es esto afición o ganado?’ preguntaba mientras las largas colas a la entrada de ARCO se abrían a su paso”.

 

Andy Warhol, Pitita Ridruejo, Maruja Mallo, Ana Obregón… Las colas para entrar en “Pistolas, Cuchillos, Cruces”, la exposición de Andy Warhol en la Galería Fernando Vijande, también debieron ser considerables y susceptibles de inspirar la misma pregunta que Mallo se hizo mientras entraba en ARCO. Ni Warhol, ni Mallo, ni Vijande miran a la cámara, pero eso no quita que sus vidas y sus aportaciones al arte fueran decisivas y ejemplo de una época que, en 1982, ya prácticamente había terminado.

 

ARCO 1982.

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