Me pone Madriz

Resulta muy recurrente hablar del Madrid de Almodóvar, del Madrid literario y el barrio de las Letras o de la movida madrileña. Lo típico ya no es solo el bocata de calamares y las verbenas. Madrid es un poco tragedia, arte, destrucción y energía. Y es muy bonito también. Por Diana Aller


24 octubre 2013

 

Como tantos otros jovenzuelos urbanitas de clase media, me enviaron un verano a Estados Unidos. Tenía 17 años. Por supuesto me lo pasé fenomenal; pero cuando necesitaba añorar algo, recurría a Madrid. No me permitía echar de menos a novios o amigas ni mucho menos a la familia. Así que me ponía mis cascos (supongo todavía no tenía ni discman, sería un walkman) y escuchaba Pearl Jam o los Smiths y evocaba Madrid en mis pensamientos. No recordaba Cibeles, ni la Castellana. En mi cabeza se aglutinaban imágenes de las callejuelas grises cercanas al rastro, el olor de patios de vecinos de detergente y tortilla de patatas (lo más curioso es que mi casa no tenía patio), las voces mezcladas con tabaco y fritanga en los bares, los porteros afanándose en fregar el cuadradito de calle contiguo a su portal… el costumbrismo de un pueblecito gigante. Y les aseguro que me emocionaba como cuando pensaba en el chico que me gustaba, o más. Porque lo reivindicable no es lo exportable. En Madrid hay un trasfondo de tragedia urbana, una urgencia sentimental que nos ata, nos consume y nos subyuga.

 

Por eso Ana Botella está fuera de lugar aquí. Ignorante, rica, comedida, mentirosa… No tiene nada que ver con el arrojo humilde y el humor de esta ciudad. No pega, no se entera, no es Madrid, ni va a saber nunca en qué ciudad está.

 

Como vivo enamorada de Madrid, soy incapaz de desligar la pasión de la racionalidad a la hora de escribir sobre ella. Y eso mismo ocurrió cuando Madriz publicó un texto sobre la pasión desgarrada y pueblerina que despierta Madrid.

Hace unos días, recibí un mail que me conmovió. Lean ustedes mismos:

 

Hola, Diana:
Hace casi dos años que topé un artículo tuyo en Madriz.com, se llamaba Madrid me pone. Me gustó tanto tu forma de describir la ciudad en la que había vivido poco tiempo atrás que decidí usar el texto para una canción. Hace tiempo que dudo en hacértela escuchar… espero que te guste. La canción se llama Your place.
Para más señas, somos un grupo de música de Burdeos, una española y cuatro gabachos

 

 

Por cierto… Estoy echando un ojo a tu blog y hay muchas cosas que me resultan inspiradoras. Si me das tu permiso, igual cojo algunas ideas para nuevas canciones.Saludos.

Noelia

 

Noelia (que además es la propietaria de la cristalina voz de Garden), me ha conmovido. No por la adulación, que por supuesto me halaga y animo a cualquiera a que haga lo propio, porque lo disfruto mucho. No, es por esa añoranza de un Madrid descolorido y vital, por la encantadora cutrez, la chulería y el arte que se echa de menos cuando se está lejos. Y ahora, que por motivos económicos y no para perfeccionar un idioma, la gente se va fuera, echar de menos, así, en general, tiene que ser mucho más duro.

 

Noelia, Madrid, y todos sus adoptados: gracias por ser tan Madrid.

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Comentarios:

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Planetoide says:

Llevo desplazado unos años en Sevilla por una oportunidad laboral y aquí se vive muy bien. Todo está más cerca, los precios son más bajos, el tapeo es fantástico… ¡Mierda! pero no es Madrid y no se me quita la añoranza. Quizás mezcle ya el recuerdo de una época mejor, más libre, con más energía, pero el ambiente y el ritmo de Madrid no lo hay aquí; la mala uva y la resignación mezclada con ilusión y expectativas; las oportunidades; el clima (estoy enamorado del cielo azul soleado que hay en madrid en invierno, especialmente esos domingos despejados con el cielo limpio)… me ha puesto sentimental tu columna, Diana.

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