Mediando a Miró

La Fundación Mapfre presenta su primera exposición permanente: el Espacio Miró, en su sede de Recoletos,  exhibe más de 60 obras que, junto al programa de mediación, permiten descubrir la cara más oculta del artista. Por Jara Blanco.


11 julio 2017

Desde hace unos meses, la Fundación Mapfre, caracterizada por sus muestras temporales, ha abierto sus puertas a una exposición permanente, que se puede visitar en su sede del Paseo de Recoletos, 23, titulada Espacio Miró. El invitado de honor es, evidentemente, Joan Miró.

 

Provenientes de colecciones particulares en calidad de depósito, se presentan 65 obras del artista catalán y 5 de su amigo escultor Alexander Calder, marcadas por una perspectiva temática, no cronológica. La exposición muestra obras poco conocidas del autor, realizadas durante la última etapa de su vida,  donde se manifiesta plenamente la esencia de los paisajes mentales que le inspiraron siempre y durante la mayoría del intenso siglo XX, del que fue testigo. El objetivo es acercar este legado al mayor número de personas.

 

 

El propio nombre de “espacio” ya evoca un lugar íntimo donde aproximarse al universo de un artista con poca obra expuesta en la ciudad. Y además, en esta ocasión, el visitante tiene una forma más activa de conocerlo: cada martes, de 11:30 a 13:30 y de 16:30 a 18:30 horas, el equipo de mediación espera la llegada de visitantes que quieran comentar la exposición  a través de un formato dinámico y transversal. Asimismo, si se acude en familia o con el colegio durante el curso escolar, se pueden hacer visitas-taller dinamizadas donde se comentan y se trabajan obras seleccionadas, llevando a cabo las actividades directamente en la sala. Los talleres se realizan entre semana para los escolares y los fines de semana para las familias y para apuntarse, es necesario hacer una reserva previa.

 

 

En nuestro caso, y junto a Ana, la mediadora que nos acogió ese día, partimos de una visita tradicional pero rápidamente fuimos generando un diálogo entre todas, a través de preguntas, e incluso participando activamente de las obras, articulando algunas esculturas de Calder con nuestros soplos o buscando los pájaros que “vuelan” en los lienzos del artista: ¿a qué te recuerdan las manchas de color? ¿Cómo son las líneas? ¿Qué te sugiere la abstracción de Miró? La participación activa se convirtió en una metodología útil y sencilla para conectar con la simbología del artista, y comprenderla y relacionarla con nuestros referentes través de reflexiones personales, que al ser entremezcladas nos permitieron elaborar otras lecturas. Poco a poco íbamos descubriendo cómo en la pintura de Miró se pueden observar referencias figurativas que gracias a la mediación descifrábamos de forma más natural. Y es que “una vez que ves un pájaro, el resto aparece fácilmente”. Así, en una visita dinamizada, la acción es parte del  método frente a una visita guiada, que está más centrada en la explicación. El Espacio Miró ofrece visitas con ambas opciones (las visitas guiadas se realizan de lunes a jueves a las 18:30 horas, también con reserva previa)

 

La exposición, dividida en dos salas, plantea repetidamente su imaginario e influencias: las famosas constelaciones dibujadas en forma de mujer, de pájaros y de estrellas a través de líneas, esferas y manchas de dripping pero también, la nostalgia hacia su país natal en guerra, a través del color negro o del ojo que siempre nos observa. El influjo del arte urbano y el trazo de la grafía japonesa también se manifiestan.

 

 

La abstracción de Miró no se aleja de la realidad y la percibimos en lienzos, láminas de zinc, trozos de madera o en pinturas  intervenidas, antiguos cuadros estilo kitsch encontrados en mercadillos, que el artista reinventaba experimentando con ellos y creando una obra nueva, de la misma forma que hacen los visitantes a través de esta experiencia.  Miró es ideal para ser mediado ya que durante la visita se logra desmontar la imagen más tradicional de Miró y se produce un redescubrimiento, un acercamiento a la persona que hay detrás del personaje. Duchamp dijo en 1957 que “el espectador lleva la obra al contacto con el mundo exterior por medio del desciframiento y la interpretación de sus cualidades internas y así agrega su contribución al acto creativo”; en el Espacio Miró de la Fundación Mapfre el visitante conecta esos dos mundos y le atribuye significados muy diversos.

 

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