Medidas contra la contaminación: Madrid vs. Europa

Un ranking europeo establece comparaciones entre la contaminación urbana de diferentes ciudades. Y Madrid no sale muy bien parada. Por Dani García


21 abril 2015

Foto: Sergio Cambelo.

Foto: Sergio Cambelo.

 

La contaminación del aire en Madrid tiene una nueva unidad de medición, esta vez fiable y lejos de las cifras oficiales del Ayuntamiento que pueden invitar al escepticismo, tanto por la negación de los hechos visibles y respirables como por aquel famoso movimiento de estaciones de medición a puntos menos contaminantes en 2011.

 

La nueva medición es la cruda comparación con otras ciudades europeas. El Ranking “Soot Free Cities” (ciudades libre de hollín) publicado hace dos semanas deja a la capital de España en el puesto 18 (de 23) y un suspenso en casi todas las áreas de medidas tomadas contra la contaminación del aire.

 

Detrás de este informe están asociaciones, organizaciones y campañas no gubernamentales, especialmente alemanas, pero cuenta con un apoyo oficial que eleva la importancia de las conclusiones, la Agencia Europea de Medio Ambiente, organismo de la Unión Europea. Además, todas las evaluaciones concernientes a la calidad del aire se hacen bajo las directivas europeas, aunque los límites contaminantes de Bruselas son “más laxos que los de la OMS, por ejemplo”, reconoce Mariano González, coordinador del área de transporte de Ecologistas en Acción.

 

Ello deja a Madrid con un tirón de orejas de nuevo desde Bruselas aunque, siendo justos, las características demográficas y económicas de una ciudad como Zurich (número 1 del ranking) no son comparables con las de nuestra capital. Por eso, hemos establecido una comparativa más ecuánime con las cuatro capitales de las cuatro economías más potentes de la Unión Europea: Berlín (puesto 5), Londres (puesto 6), París (puesto 6) y Roma (también en el puesto 18, como Madrid).

 

Éxito en la reducción de emisiones

 

Madrid, Roma y París tienen unos índices de dióxido de nitrógeno (NO2) muy por encima de lo permitido por la UE. De hecho, nuestra capital incumplió en 2014 la directiva europea de NO2 por quinto año consecutivo y en lo que va de 2015 ya ha vulnerado los límites para todo este año con aquella boina a mediados de enero. El origen de estos niveles en las tres capitales europeas está en la cultura automovilística del motor diesel, el cual produce 25 veces más NO2 que uno de gasolina. Mientras, Berlín tiene un límite superior al permitido y Londres baja sus emisiones a un ritmo del 2% anual los últimos seis años.

 

Tras los anticiclones y las nubes de polvo sahariano, la alcaldesa Ana Botella esta vez tiene un nuevo culpable de la contaminación de la ciudad, la industria del automóvil diesel. “Es pura demagogia. El Ayuntamiento habla mal de los coches diesel y su partido hace un lobby en Bruselas a favor de la industria del automóvil diesel”, afirma Mariano González.

 

Zonas de bajas emisiones

 

Berlín y Londres han sido muy estrictos al respecto desde 2008, con zonas de baja emisión que afectaron principalmente a los vehículos pesados (furgonetas, camiones), especialmente la capital alemana con un área de bajas emisiones de 88 km2 que afecta a un tercio de la población de la ciudad. Madrid, París y Roma suspenden también en esta categoría. Mientras en la capital francesa el nuevo alcalde ha anunciado una batería de medidas radicales, en la Ciudad Eterna existe una zona de 5,5 km2 en el centro escasamente protegida por barreras electrónicas que, en muchos casos, o no funcionan o han sido vandalizadas. En nuestra ciudad, no hay una zona real de bajas emisiones, de hecho los intentos que se han hecho se han congelado porque empresarios, transportistas y comerciantes han puesto el grito en el cielo. Sí que hay algunas partes del centro donde el acceso está restringido a residentes.

 

Movilidad del tráfico

 

En Madrid, el 29,9% de la movilidad corresponde a vehículos privados, el 38,4% al transporte público, el 29,4% a pie y el 0,3% a la bicicleta. Son datos de 2011 donde el porcentaje de vehículos a motor privados respecto a 2009 se incrementaba, no se reducía. La crisis económica ha retrasado el Plan de Calidad del Aire 2011-2015 ampliamente incumplido por el gobierno local: tanto los planes de zonas peatonales como de bicicleta pública han sido implementados de forma muy lenta, de hecho para 2016 se pretendía que el 3% del tráfico fuera en bici.

 

En comparación con las otras otras cuatro grandes capitales europeas, la repartición de la movilidad del tráfico es la siguiente:

 

– Berlín: 32% vehículos privados, 27% transporte público, 29% a pie y 13% bicicleta.

– Londres: 37% vehículos privados, 36% transporte público, 24% a pie y 2% bicicleta.

– París: 13% vehículos privados, 36% transporte público, 48% a pie y 2% bicicleta.

– Roma: 66% vehículos privados, 28,4% transporte público y 5,6% andando o bicicleta.

 

Promoción del transporte público, la bicicleta y las zonas peatonales

 

Es de dominio público que el buen sistema de transporte del que antaño presumía el ciudadano madrileño ha quedado devaluado con la crisis. Menos pasajeros, menos vehículos y más tiempo de espera, y por consiguiente, la promoción se ha visto afectada. Para mejores tiempos quedan los anuncios de televisión de “Metro de Madrid, vuela”. En comparación con otras capitales europeas, Roma presenta un nivel peor debido a la falta de capacidad y el deterioro de los vehículos, aunque las tarifas son más asequibles. Como verdadero paradigma está el transporte público londinense.

 

También se ha achacado a la crisis la falta de incentivos en Madrid para la promoción de la bicicleta y zonas peatonales. Aunque es probablemente una cuestión de mentalidad política, económica y social como señala el Programa Electoral Ciudadano de Movilidad para Madrid (2015-2019) elaborado por varios ciudadanos y promovido por En Bici Por Madrid: “Restaurar el orden de prioridades en este orden, peatón, transporte público, bici, taxi, moto y automóvil particular.” Son 316 kilómetros de carriles bici (la mayoría periféricos) de los que disfrutan los ciclistas madrileños, frente a los 730 de París o las calles para bicicletas de un solo sentido que disfrutan en Berlín.

 

Transparencia informativa

 

El informe utiliza como indicador si los organismos públicos ofrecen información al ciudadano a través de las webs oficiales, por eso Madrid aprueba en esta faceta. Pero como señalan desde Ecologistas en Acción, “una cosa es que tengas una app donde des los datos y otra cosa es informar a la población de forma insuficiente. Lo que no puede ser es que cuando haya episodios graves de calidad del aire se diga que la situación no es tan mala. No se interpreta la contaminación de forma adecuada porque se minimiza”, apunta González.

 

Roma y Londres presentan deficiencias públicas a la altura del consistorio madrileño, al contrario de París donde una organización sin ánimo de lucro, AIRPARIF, es la encargada de estas gestiones con el beneplácito del Ministerio de Medio Ambiente francés. Todo un ejemplo de transparencia informativa y calidad democrática.

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