Mujeres en la casa-museo de Lope de Vega

Damos un paseo por la casa-museo de Lope de Vega en el Barrio de las Letras, centrándonos en las mujeres que formaron parte de la vida del escritor de una u otra manera. Por Javier Yohn Planells


19 agosto 2016

Retrato-Lope

 

Lope de Vega disfrutó de una vida larga y fructífera que no puede contarse sin nombrar a las mujeres que formaron parte de ella. Como si, de algún modo, sus fantasmas buscaran venganza por una época en la que las mujeres eran simplemente esposas e hijas de, siempre en la sombra, siempre musas y rara vez protagonistas, rara vez autoras. Por eso, pasear por la casa-museo de Lope de Vega es recorrer la vida de esas mujeres a través de la del escritor.

 

Belisa: el jardín y el naranjo

 

La casa-museo de Lope de Vega es uno de los pocos edificios del llamado Barrio de las Letras que ha sobrevivido al paso de los siglos. La mayoría son posteriores al siglo XVII. Por supuesto, no ha cruzado el tiempo intacta: la casa actual es una reconstrucción que realizó la RAE en los años 30, ampliada dos veces, en los años 70 y en los 90.

 

Lope escribía sobre casi todo lo que ocurría en su vida y escribió también sobre su casa. Por sus obras se sabe que tenía un jardín que el escritor cuidaba por las mañanas, con una huerta y un naranjo. Y ahí están, casi cuatrocientos años después, la huerta y el naranjo cuajado de frutos ya maduros, ofreciéndonos cobijo contra el calor que ahoga Madrid. No es el original, claro, pero es fácil imaginar a Lope dedicado a podar sus ramas. “Quizás Lope miraba el naranjo y recordaba a su primera mujer, Isabel de Urbina”, explica el guía cuando comenzamos la visita.

 

Isabel, la Belisa de los versos de Lope, había huído con Lope de Vega fingiendo un rapto. Nunca viviría en la casa de la calle Francos. Murió en 1894, poco después de dar a luz a Teodora, la segunda hija del matrimonio, que vivió sólo dos años. Antes, había muerto también Antonia, la primera hija, con tan solo cinco años. La muerte prematura de sus hijos iba a ser una constante en la vida de Lope.

 

huerto_jardin_01

 

Juana y Micaela: la casa

 

Lope de Vega escribió centenares de obras y usó muchos sobrenombres y anagramas para sus amantes, para ocultar sus nombres o para convertirlas definitivamente en personajes al servicio de su ficción. A pesar de eso, hay dos mujeres que no aparecen en la obra de Lope: su madre y Juana de Guardo (al menos de manera explícita).

 

Es difícil contar algo de Juana que no sea que fue la segunda esposa de Lope, que era hija de un comerciante adinerado, que tuvo cuatro hijos del escritor. Sabemos muy poco de ella y ese es el papel que le ha quedado: el de hija, madre y esposa castigada por las infidelidades públicas de su marido, especialmente con la actriz Micaela de Luján.

 

Ella sí aparece en la obra de Lope: es la Lucinda. Por su trabajo, recorre España representando obras de teatro y el escritor la sigue a Granada, a Toledo, a Sevilla. Micaela está casada pero su marido vive en Perú, donde acabaría muriendo, por lo que disfruta de su relación con Lope sin grandes problemas. De hecho, se instala en Toledo con sus hijos (al menos, cuatro son de Lope) muy cerca de donde vive el escritor con su familia hasta 1610. Ese año, Lope compra la casa en la que era por entonces la calle Francos de Madrid.

 

alcobalope

 

Marcela y Elena: el estudio de Lope

 

En 1613 muere Juana, unos días después del parto de Feliciana, la única descendiente legítima de Lope que llegaría a la edad adulta. Por la misma época debió de morir Micaela, aunque no se sabe con certeza.

 

El guía nos lleva al estudio donde Lope escribió sus obras más importantes, situado en la primera planta. Tres ventanales dan luz a la habitación. Hay un gran escritorio, plumas y tinteros para escribir, y muchos libros originales de la época prestados por la Bibilioteca Nacional, pero que no pertenecieron a Lope. También hay dos retratos en la pared. Uno, claro, del propio Lope. El otro, de Marcela.

 

Marcela del Carpio es hija de Micaela y Lope, y es la única que siguió la vocación escritora de su padre. Eso sí, antes ingresó en el convento de las Trinitarias del que llegó a ser madre superiora. Escribía poesía y obras de teatro que ella misma interpretaba. Por desgracia, gran parte de su obra ha desaparecido porque su confesor le ordenó quemarla, al parecer para evitar la tentación. Quizás le parecía peligroso que una mujer escribiera, que pudiera servir de ejemplo. En el estudio hay también un ejemplar de “La Dorotea”, probablemente la obra maestra de Lope de Vega, que fue escrita en esa estancia. En ella cuenta su amor de juventud con Elena Osorio, hija de un empresario teatral que lanzará la carrera de Lope, casada con un actor que estaba en América.

 

Durante cuatro años mantuvieron una apasionada relación. Parece que fue así más por parte de Lope que por Elena, porque en cuanto ella enviudó decidió casarse, con un empujón de su madre, con un hombre que era mejor partido que Lope, a pesar de que éste empezaba a ser considerado uno de los mejores escritores de la ciudad. Lope, despechado, escribió varios poemas y libelos que le costaron la cárcel por difamación y, después, el destierro.

 

estudio

 

El estrado

 

La alcoba de Lope está casi escondida en un rincón de la casa. Es un cuarto pequeño, con poca luz natural en la que es fácil sentir cierto agobio, reforzado por la austeridad de la decoración. La cama parece minúscula comparada con las camas de hoy en día y está levantada sobre una tarima, “para evitar el frío”, explica el guía.

 

Entre esta habitación y el estudio se encontraba, al parecer, el estrado. Tampoco es una estancia muy grande. Está decorada con secreteres y un brasero sobre la tarima forrada que ocupa el centro de la estancia. En ella se sentaban las mujeres de la casa para hacer las actividades que se supone que hacían las mujeres en aquella época: charlar, bordar, recibir visitas.

 

El guía explica que este espacio privado, destinado a las mujeres de la casa, tiene un paralelismo claro con la cazuela de los teatros, el espacio público desde el que las mujeres asistían al teatro separadas de los hombres. El guía se aventura a explicar que quizás Lope usaba el estrado para enseñar a leer y escribir a las mujeres de su familia, igual que se sabe que hizo Cervantes con las mujeres de la suya. Lo explica porque era poco habitual que las mujeres supieran leer y escribir.

 

estrado

 

Amarilis: el oratorio

 

A la muerte de Juana y de Micaela, Lope se encuentra solo, ya mayor, y decide ordenarse sacerdote. De hecho, en su casa, junto al estudio, hay un oratorio que también estaba conectado con su alcoba a través de una ventana para seguir misa los días en que se encontraba enfermo. Sin embargo, los votos eclesiásticos no impidieron que Lope volviera a enamorarse.

 

Marta de Nevares tenía trece años cuando la obligaron a casarse con un comerciante. Sabemos de ella que era de buena familia y que era culta. De hecho, Marta y Lope se conocieron en una fiesta poética en 1616. Ella tenía veinticinco años y él tenía casi sesenta.

 

Un año después, Marta da a luz a una hija de Lope, Antonia Clara, aunque en el bautizo atribuyen la paternidad al marido. A los tres años, Marta queda viuda y se va a vivir con Lope. Refugiados en la casa, aguantan los chismes de los mentideros, los dardos de otros escritores.

 

Marta tiene talento para la poesía, para cantar y bailar. Lope escribe obras de teatro que representan en la casa. Ella es la actriz principal. Sin embargo, Marta se va quedando paulatinamente ciega y poco a poco también va perdiendo la cabeza. Lope de Vega cuidará de ella hasta su muerte en 1632, con cuarenta y un años. Tres años después, muere el gran escritor del Siglo de Oro, el “monstruo”, como lo llamaba su íntimo enemigo Cervantes. Su hija Feliciana heredaría la casa.

 

oratorio

 

 

* Las visitas a la casa-museo son gratuitas con reserva. Horario: de martes a domingo de 10h a 18h (la última visita guiada es a las 17h). Todas las imágenes son de la web de la casa-museo de Lope de Vega.

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