Nacho Vigalondo: “Nadie sabe definir lo que es ser director de culto”

El director estrena este viernes su última película, Open Windows, un thriller en el que cuenta con Elijah Wood y Sasha Grey como protagonistas insertos en una trama dentro de la red. Por María Aller


03 julio 2014

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Experimental, disfrutable, intrépida, original e incluso comercial. Todos esos calificativos definen la primera incursión de Nacho Vigalondo en Hollywood. Una producción sobre hackers, fans y persecuciones. Y todo contado desde la pantalla de un portátil. Así habla de su película, de su aventura, y del cine en general.

 

La pregunta de arranque es muy poco original pero sí necesaria, ¿la postproducción ha sido tan dura como parece?

Todas las películas te muerden años de vida, es la razón por la que yo creo que es tan difícil negociar emocionalmente con las críticas. Me gustaría que las negativas no me hundiesen y que las positivas no me elevasen, pero como las películas comen tanta vida, a veces se es muy sensible por eso. Si hiciese pelis en tres meses estaría un poco al margen, pero es imposible. Aquí la postproducción ha empezado ya en el guion: en el literario tú narras la historia, y no te preocupas por la cámara ni por el ángulo, mientras que ya en este guion tenía que justificar y explicar, secuencia a secuencia, cada uno de los puntos de vista, con lo cual el guion literario ya era técnico. Y esa complejidad se iba arrastrando en todos los procesos posteriores.

 

La pareja protagonista tiene carreras muy diferentes, y emanan una química espectacular…

¡Y estando cada uno en su ventana, porque no comparten espacio! Me alegra escuchar que ellos funcionen porque es lo más complicado de la película, que la química fluya cuando todo está tan tiranizado por la forma.

 

¿Cómo te gusta dirigir a los actores?

Me gusta tener con ellos una relación muy de igual a igual respecto al material que estamos tratando. Quiero que tengan la mayor información posible de lo que hacen. Por eso intento ser generoso. También quizá por haber sido actor en un momento dado, tengo esa pulsión de intentar que no se sientan perdidos dentro de la película; es muy fácil en una obra como ésta que el actor no té de tanta información como quisieras, y creo que se trata de tener cercanía con él. Este rodaje ha sido casi como Vietnam, tampoco tienes mucho margen de maniobra en los preparativos, es casi como llegar y besar el santo. Hacer películas delante de la cámara no ayuda a la hora de dirigir, es un obstáculo para ellos; si la cámara los persiguiera, sería más sencillo. Algún día lo pondré todo más fácil, estoy seguro.

 

¿Te cansa que te llamen director de culto?

¡Qué va!, lo veo un halago en cierta manera. Aunque realmente es una expresión que usamos y compartimos, y parece que todos sabemos lo que es pero en el fondo nadie sabe definirlo. ¿Qué es un director de culto? No tenemos ni idea del término.

 

Eres muy fan de los cómics, ¿Hay algún superhéroe que te gustaría llevar a la gran pantalla?

Uf… Me gustan mucho los superhéroes pero creo que me daría mucha pereza llevarlo a película. Hay un tebeo de Marvel muy raro, publicado en España hace muchos años, que se llama Control de daños, iba sobre una empresa de seguros y demoliciones, que son los encargados de gestionar las obras para reconstruir todo después de las batallas de superhéroes. Y eso me encantaría hacerlo, hablar sobre la gente que gestiona y que barre los escombros… Los superhéroes me divierten porque son una fórmula llena de objetos de la cultura pop para que todo sea más rápido, para que no necesitemos media hora para llegar a los disfraces, las explosiones y los tacos. Con un superhéroe ya puedes comenzar así, es para lo que sirven. Tampoco siento simpatía por esta corriente de películas súper heroicas, ni es casual que mi superhéroe favorito del cine sea Robocop, que no está basado en un cómic. Esas películas diseñadas por un comité en un despacho no son el cine que más me apasiona.

 

Aunque has hecho más cosas entre medias, tu anterior película, Extraterrestre, es muy diferente a Open Windows.

No sé, desde mi punto de vista lo que veo son las constantes, como defiendo que cada película sea íntima, en un sentido u otro, lo que veo son los parecidos, pero sí que es verdad que desde fuera ves que son muy diferentes; incluso Los cronocrímenes difiere de ellas también. Te sorprende pero no puedes hacer nada al respecto, tiras hacia adelante. Pasado el tiempo se valorarán lo que tiene en común esas películas, más que en lo que se diferencian. Me divierte mucho que sean distintas. Tengo muchas ganas de hacer otra cosa a lo Extraterrestre, totalmente tranquila. Necesito un poco de paz.

 

Open Windows mezcla mucha postproducción y una trama muy interesante…

Yo no quería caer en el recurso formal como en las películas de Found Footage, que todas tienen unas tramas muy lineales y transparentes. Aquí no tocaba hacer eso. Era una relación directa con las materias primas de internet, las mentiras. Quería que la historia estuviera plagada de mentiras, de traiciones, como en las novelas de Arsenio Lupin o Gaston Leroux… Iba en busca de ese abracadabra.

 

 

¿Por cuál de estas dos cosas crees que irá la gente a verla? ¿Efectos especiales o la trama?

¡Por Elijah y Sasha, jajajajaja! Creo que la trama tan rocambolesca es una cosa que la gente descubre dentro de la peli para bien o para mal. El argumento es una especie de bomba escondida en la película, la hace más loca y más atrevida al margen de la cuestión formal. Imagino que es un regalo o una trampa. Yo quiero que la película esté muy viva, y una manera de que esté viva es que no descanse.

 

Últimamente Internet y la tecnología son temáticas muy recurrentes en el cine. ¿Está apareciendo un nuevo género?

No, creo que son largometrajes que responden al choque histórico que estamos viviendo con las nuevas formas de comunicación. Pero ese choque ya ha sucedido. Las pelis se estrenan unos años después del fenómeno. Lo interesante es que a partir de estos fenómenos y lenguajes estén ya integrados en las pelis sin que sean el tema principal de la película. Por ejemplo, yo ahora tengo un guion donde hay mucho Skype, mucho wifi y mucho Whatsapp, pero ya no son historias que hablan de eso, sino que se ha colado. Forma parte de nuestras vidas. Es más significativo que se cuele a que no sea el elemento central.

 

Has hablado en entrevistas sobre el cine español, y comentas que la pegatina de “cine español” se ha quitado.  

Existe todavía, y de modo colectivo no ayuda. Yo quiero que mis películas se encasillen dentro de thriller o comedia, y no dentro del cine español, y así con todas las cintas españolas, que no componen un género con unas constantes determinadas. Como igual sí lo podía ser en los setenta o en los ochenta donde toda la industria parecía abocada a la españolada, y lo superó. En los noventa ya desapareció del consciente colectivo. Ya dejamos de usar la palabra casi de un día para otro. Y gracias a muchos directores como pueden ser Urbizu, Alex de la Iglesia o Amenábar. Sin embargo, existen otras sombras y otras maldiciones.

 

De las nuevas generaciones de directores, ¿con cuál te quedas?

Sigo muy de cerca y casi con veneración de hermano a Carlos Vermut, ni españoles ni jóvenes, sino a él. Tiene una identidad de director tan definida que muchos ya quisiéramos. Me gusta mucho Ilusión de Daniel Castro, Cabas de Pablo Hernando, Stockholm de Sorogoyen… Estoy bastante deslumbrado por este cine, que ha sabido cómo sacar algo de las piedras, y tengo la sensación de que el salto que suponen estos nuevos directores es mucho más grande que el que hayan dado respecto de su generación anterior. Lo cual es muy excitante.

 

¿Hay algún actor con el que te gustaría trabajar?

Es muy divertido sacar actores de su registro habitual. A mí me encantaría hacer eso con Carlos Areces, que todos hemos confiado en su capacidad genial a la hora de representar personajes miserables, y de repente para mí sería un reto interesante darle un papel central de héroe en un drama de abogados, en plan Paul Newman, jajaja. Pero sí, hay muchos actores con los que me gustaría currar… Javier Cámara en un momento dado, Juan Diego Botto, Ángela Molina… Empiezo a decir nombres y no acabo, salen tantos. ¡Qué película tan buena tendríamos con los tres que acabo de decir! Soy bastante envidioso con el tema de los actores. He visto hace poco Magical girl de Vermut y me he quedado con ganas de trabajar con Sacristán.

 

Hay mucha gente pez con la tecnología, y puede que con esta trama se pierdan. ¿Estás de acuerdo?

Yo creo que la película es un non stop de situaciones y realmente se ve la tecnología como algo que se pueda entender si no controlas internet, usa recursos muy básicos. Las ideas son “Se han infiltrado en mi ordenador” y “puedes ver lo que veo yo”, y es que he intentado ser muy elemental, los que se pueden enfadar son los que saben de informática realmente. Tiene un lenguaje elemental para que tampoco deje de ser visual, pero sí que es verdad, al igual que Los cronocrímenes, hay que verla más de una vez para pillarlo todo, pero que contenga una lectura muy básica. La idea es “hay que salvar a Sasha y hay que acabar con el malo”. Tiene un lado muy básico y muy tonto. He intentado hacer una película muy accesible. Lo que más me aterra es que sea aburrida. El espectador que no se haya enterado de nada, bienvenido sea, pero el que se aburra es que me quita el sueño.

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