NICOLÁS MULLER, FOTOGRAFÍA SOCIAL EN LA POSGUERRA

Nicolás Muller retrató la sociedad española durante la postguerra. La Sala Canal de Isabel II recopila las fotografías de esa época en una exposición que puede verse hasta el 28 de febrero.
Por Lara Alcz Miranda


15 enero 2014

 

Nicolas Muller nació en Hungría en 1913, y se vió obligado a exiliarse en 1938 huyendo de los nazis, primero a Francia, donde coincide con grandes figuras de la fotografía como Capa y Brassai, que entonces ya trabajaban para Magnum, allí comienza a colaborar como fotógrafo con medios como Paris Match y France Magazine. Después viaja a Portugal. Tuvo que huir a Tánger por problemas de extranjería, durante el paréntesis en el que vive en Marruecos ilustra dos libros sobre sus parajes, enamorado por la luz que se desprendía en aquel lugar del mundo. Finalmente llega a España en 1947, donde abre un estudio en la calle Serrano de Madrid.

 

Ya en España, Muller, se encontró con el panorama de la posguerra, en un país deprimido por la herencia de la guerra, y destruido por la represión y las pérdidas, un clima extraño donde convivían las tradiciones y la religión, las grandes ciudades y los pueblos del interior, los niños y las viudas de la guerra. En nuestro país, existían pocos referentes del nuevo documentalismo que se desarrollaba en el resto de Europa, por no decir que son casi inexistentes salvo por el caso de José Ortiz Echagüe. Se podría decir que junto a Catalá Roca, Muller, es uno de los fotógrafos más importantes de esta época en la que retrató la sociedad de España.

 

Para esta exposición se han descubierto hasta 40 fotografías nuevas gracias a la investigación de Chema Conesa, en colaboración con La Fábrica, para dar un total de 125 imágenes expuestas en blanco y negro. Acompañadas por objetos del fotógrafo y documentos que completan esta muestra de archivo con una pieza cuanto menos curiosa, la maleta de Muller, con la que realizó la gran parte de sus viajes por Europa y Marruecos. Además la exposición se completa con un vídeo donde se incluye una entrevista con el fotógrafo.

 

Su fotografía social se enmarca dentro de ese nuevo documentalismo, desde una perspectiva muy concreta, donde el fotógrafo ha de estar ausente en la imagen, debe mantenerse como un agente externo. Bajo esta premisa, Nicolás Muller, es un cazador de momentos que inmortaliza por medio de su cámara. Él observa desde fuera, no busca intervenir dentro del contexto, busca ser fiel a la situación, la pureza de la imagen y las emociones. El artista está ausente en escena y eso le permite crear una fotografía donde los máximos protagonistas son los habitantes que participan del instante.

 

La exposición que realiza en el 1947 para la Revista Occidente donde expresa los nuevos conceptos artísticos de los que se quería dotar a la fotografía en el contexto de la modernidad. Para esta muestra retrató a personajes ilustres de la sociedad española, en su gran mayoría, intelectuales y personalidades de la cultura como Azorín, Ortega y Gasset, Menéndez Pidal, Marañón o Pío Baroja…

 

Con este pistoletazo de salida, Nicolás Muller se lanza a descubrir la geografía española y da rienda suelta al socialismo fotográfico, viajando por pueblos y ciudades del país. En estas series, el fotógrafo acoge los ambientes, las costumbres y las influencias de los habitantes de los lugares donde pasaba días o meses. En su enfoque, tuvo un protagonismo importante los planteamientos de la Bauhaus y el constructivismo, trabajando a partir de cámaras de gran formato, y revelando en formato cuadrado, donde no usaba flash, que está totalmente ausente en sus creaciones.

 

Su compromiso por retratar la realidad encaja dentro del socialismo fotográfico donde los temas recurrentes son los niños, los trabajadores del campo, la calle, la pesca, las familias y las fiestas populares.

 

La mirada de un emigrante constante, que llegó hasta el Norte de España, fotografiando a los pescadores de Cudillero en Asturias, que pasó por el interior y retrató figuras inquietantes en el paisaje zamorano como la del cura que pasea entre los campos, o en Canarias, donde inmortalizó a los trabajadores en los barcos. No dejó un sólo rincón sin explorar, y en todos ellos, los trabajadores tienen un papel capital sobre sus imágenes, son los protagonistas absolutos de su narración.

 

 

Nicolas Muller recopiló sus trabajos en España a partir de 1966 editando libros de sus fotografías . El primero fue “España Clara” donde contó con Azorín para escribir los textos que acompañaban a las imágenes, para dos años después proseguir con los de Andalucía, Cantabria, Cataluña, Baleares, donde escribe Fernando Villalonga, o Euskadi, donde colaboró Julio Caro Baroja.

 

Como complemento de esta retrospectiva, se ha editado un catálogo también en colaboración con La Fábrica, donde se incluyen 300 páginas adicionales sobre la vida y la obra de Muller, y se amplían 170 fotografías más. E incluso se recupera un texto escrito por él mismo, donde apunta aspectos tan interesantes como que la fotografía cuenta con el privilegio de su credibilidad, pues reproduce directamente la realidad, y se posiciona en contra de la intervención dentro de la fotografía, defendiendo que no se ha de intervenir dentro de la imagen aunque sea con un afán creativo, pues ello sería mentir sobre la realidad. Tanto dentro como fuera del laboratorio, el fotógrafo tiene que ser fiel a lo que ve. Si un fotógrafo quiere ser el cronista del tiempo en el que vive tiene que transmitir la realidad y no una imagen que él mismo modifica o imagina.

 

En 1980, Nicolas Muller pone fin a su actividad como fotógrafo y en el 2000 fallece, dejando como legado cientos de imágenes que hablan por si mismas y más de 14.000 negativos de donde se han seleccionado las obras expuestas en la Sala Canal Isabel II.

 

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