“No se puede vivir del cine siendo ciego, salvo que te apellides Boyero”

JOSE SANZ GALLEGO Y MANUEL MORENO HERRANZ ACABAN DE PUBLICAR “DESDE LOS MÁRGENES”, UN LIBRO SOBRE 150 PELÍCULAS QUE SE SALEN DEL MAPA. LO EDITA LIBROS WALDEN Y LO PUEDES CONSULTAR EN EL BAÑO. POR DAVID BIZARRO


04 diciembre 2014

Portada

 

Empecemos por Libros Walden, una editorial nacida al amparo de un sello discográfico cuyo primer recopilatorio, Cenizas y diamantes, ocultaba un guiño cinéfilo a Andrej Wajda. ¿Cómo nace y se desarrolla el proyecto?

MANUEL: La editorial nació para reeditar Música Moderna de Fernando Márquez “El Zurdo” junto con La Fonoteca. Había visto que el original costaba un pastizal y, como le conocíamos personalmente, se me ocurrió preguntarle si estaría interesado en volver a publicarlo. Y me di cuenta de que sacar un libro era más fácil y agradecido que hacer un disco, así que la editorial ha tenido continuidad.

JOSE: Aquí yo debería callarme porque ni pincho ni corto, pero quiero a provechar para meter spam de la siguiente referencia: un libro sobre The KLF que sale en Navidad y que resulta imprescindible en todo hogar de bien.

 

La cinta que protagonizaron, The White Room (Bill Butt, 1989) es una de las que destacáis en el libro. También citáis de pasada el debut cinematográfico de Neil Young, Human Highway (Bernard Shakey y Dean Stockwell, 1982), donde salen los Devo versionando el Hey Hey My My(Into the Black). Y las dos son referencias directas de Daft Punk’s Electroma (2006), lo único bueno que han hecho desde Discovery. Claro que ayudaba lo suyo que cedieran el peso de la banda sonora a Brian Eno, Linda Perhacs y Sebastian Tellier…

 

 

Después de la antología del fanzine Stamp!, éste es vuestro primer material inédito. ¿Atiende a algún tipo de necesidad personal o a la típica apuesta en la barra de un bar?

M: Pues fue lo primero con la actitud de lo segundo. Un día Jose posteó una película en Facebook y nos pusimos a hablar de lo maravillosa que era y de cómo había cientos de películas que no eran muy conocidas y que se meaban en muchas otras mejor valoradas. Concluimos que se merecían un libro, pero como nadie iba a escribirlo decidimos hacerlo nosotros. La necesidad era general, no solo personal. Ese libro tenía que existir.

J: Manu me había hecho otro encargo con el que andaba atascado pero Desde los márgenes nos salió del tirón por ambas partes. Escribir de cosas que tienes en alta estima siempre resulta sencillo y fluido.

 

Lo que más me ha gustado del libro es su criterio iconoclasta y el tono cómplice de las reseñas. Habláis de tú a tú al lector, con erudición canalla y bastante coherencia. ¿Os ha resultado complicado mantener el equilibrio? Porque escribir a cuatro manos tiene mucho peligro…

J: Lo de escribir va muy por arreones. A veces lo único que te preocupa es terminar de una vez, y ahí sí que fue de gran ayuda que cada uno se encargase de revisar el texto del otro, recomendando añadir, suprimir o lo que fuera. Eso fue lo que le confirió un cierto equilibrio a todo. En cuanto al tono cómplice, es herencia del Mondo Brutto y del Le Bon Vivant, las dos mejores publicaciones españolas de la historia reciente.

M: Pero la verdad es que no nos hemos preocupado de mantener ningún tipo de equilibrio. La lista de películas era tan incoherente y ecléctica que tenía gracia que el tono del libro también lo fuese. Lo que sí teníamos claro era que queríamos ser cercanos al lector, porque donde más hemos escrito (y más nos ha gustado hacerlo) ha sido en fanzines y blogs, donde escribes de lo que te gusta y con la pasión del fan. Aunque luego hay reseñas más serias, más poéticas o más de humor puro, pero siempre intentando que al lector le den ganas de ver esa película. Digamos que cada película nos pedía un tono distinto.

 

Pues yo sí que le veo cierta lógica interna al libro, aunque solo sea por el running gag a costa de Julia Roberts y Sarah Jessica Parker

M: Una vez metidos en faena acabó surgiendo una coherencia dentro de la incoherencia, es cierto.

J: El azar jugó a nuestro favor. Nos sentimos como The KLF cuando les salían las cuentas con el número 23 de puritita casualidad, sin forzarlo ellos.

 

El recurso visual de la crítica de Top Secret es para haceros un monumento.

J: Eso fue una chorrada que se me ocurrió para honrar a una película que considero esencial; no en lo que es la historia del cine, sino en el campo del humor en general. La escena backwards de la biblioteca se la saca cualquier vanguardia o movimiento artístico durante el siglo XX y estaría ahora al nivel del meadero de Duchamp, pero como esta película gozó de popularidad –y lo sigue haciendo– la gente menosprecia esa auténtica barbaridad del ingenio.

 

 

Aún así me niego a aceptar que la secuencia humorística entre El último caballo y Elegía sea casual…

M: ¡Pues lo es! Porque no escribimos por orden alfabético, pero luego al colocarlas, encajaban.

J: El azar de nuevo.

 

Creo que Jung lo llamaría “sincronicidad”. ¿Qué directrices habéis seguido para elaborar vuestra lista?

M: Cada uno se encargó de una mitad. Al principio barajamos una lista de 100 títulos pero, a la hora de ponernos a escribir, unas películas nos recordaban a otras y el resultado acabó siendo muy diferente al que planeábamos en un principio. En el proceso se nos quedaron muchas películas en el tintero. Por mi parte procuré elegir aquellas que pudiesen gustar a casi todo el mundo por el motivo que fuera: el guion, la fotografía, la interpretación, el final…

J: Yo quise meter cuantas más películas españolas mejor. Y me arrepiento un poco de haber incluido tan pocas. También jugó un papel muy importante en la selección Vicente del Bosque, tirando del tópico.

 

Providence (Alan Resnais, 1977) VS. Fascination (Jean Rollin, 1979).

Providence (Alan Resnais, 1977) VS. Fascination (Jean Rollin, 1979).

 

Era de esperar. Con esto de las listas todos llevamos un seleccionador dentro. A Manu le gustan Hal Ashby, Nicholas Roeg y Whil Stillman. A ti te chiflan Quentin Dupieux, Harmony Korine y Romain Gavras. ¿Cómo conseguisteis reconciliar dos perspectivas aparentemente tan opuestas?

M: En mi opinión es lo que lo hace tan especial. Si fuese un libro firmado solo por uno de nosotros, el resultado habría sido más convencional. Pero juntando todo tipo de películas cubrimos buena parte de ese cine “marginal”, el que se encuentra fuera de los circuitos habituales del cine de culto, el mainstream o los festivales.

 

Que conste que me parecen posturas complementarias. Esa convivencia, por ejemplo, del cine de Alain Resnais con el de Jean Rollin me parece justa y necesaria.

J: Es que al principio Manu quería que escribiese el libro yo solo, una tarea que consideraba abocada al fracaso por aquello de perjudicar la variedad en la selección y el tono. Mi querencia por la descalificación gratuita lo convertiría en algo ilegible. ¡Así que a medias mucho mejor! De hecho, todavía estoy viendo algunas de las películas que él recomienda en el libro y que ni conocía, lo que es genial. Así que más que convivencia, digamos que se trataba de yuxtaponer su lista con la mía y ya.

 

Como lector os agradezco el alarde de bipolaridad, porque la mayor parte de los libros sobre cine y música que se publican en este país tienden a sentar cátedra y apestan a autocomplacencia. ¿Pensáis que la élite cultural (y editorial) ha contribuido a dejar al espectador fuera del cortijo?

M: No creo que sea algo que solo ocurra en este país. Echa un vistazo a las listas de mejores películas de la historia que se hacen en Estados Unidos, Inglaterra, Francia o España y verás que, quitando las aportaciones de cada país, la mayoría siempre son las mismas. Y no venimos aquí a decir que Ciudadano Kane sea mala. Simplemente que hay muchas películas que la gente no conoce y no es que “estén bien”… ¡es que son putas obras maestras!

 

LKTG

 

J: A mí es que directamente me hace gracia hablar de élite cultural en España visto el percal y el nivel que maneja esa presunta élite. Y opinar con conocimiento de causa, pues tampoco; porque los libros sobre listas de cine que has de ver sí o sí y demás historias ni con los ojos de Trueba los leo.

 

Echando la vista atrás, uno se encuentra con verdaderas rarezas que reivindicaron nuevas vías para el cine español y se quedaron en agua de borrajas. Tanto low cost, tanto post-humor y tanta hostia y seguimos en pañales. Pienso en Lejos de los árboles (Jacinto Esteva, 1972), Duerme, duerme, mi amor (Francisco Regueiro, 1974) o Gulliver (Alfonso Ungría, 1977) y me pregunto: ¿dónde están los creadores realmente discordantes, los verdaderos disidentes? El auténtico mojo.

J: ¡En la pregunta ya tienes la respuesta y me ciño a ella a pies juntillas y aplaudiendo! Si acaso expresar mi deseo de poder ver algún día una cinta española que provoque el mismo efecto en el espectador que la película ficticia del Cigarrette Burns de John Carpenter. Porque seguro que lo más parecido sería el típico paleto queriendo atizarle a José Val del Omar tras la proyección de su Tríptico Elemental de España.

 

Made in Britain (Alan Clarke, 1982) VS. This is England (Shane Meadow, 2006).

Made in Britain (Alan Clarke, 1982) VS. This is England (Shane Meadow, 2006). Culloden (Peter Watkins, 1964) VS. A field in England (Ben Weathley, 2013).

 

En el prólogo del libro, Marçal Forés cuenta una anécdota muy ilustrativa sobre cómo descubrió a Hal Ashby en un coloquio con Wes Anderson. Los fanáticos de cineastas británicos actuales, como Shane Meadows o Ben Weathley, harían bien en repasar la filmografía de Alan Clarke o Peter Watkins. ¿Es el tipo de reivindicación que pretendéis con el libro?

J: Entre otras. Un poco por trastorno obsesivo-compulsivo y un mucho por merecimiento, reivindicamos sin cesar El prisionero, Monthy Phyton’s Flying Circus, la pelis de instituto de John Hughes y cualquier cosa televisiva británica, que es el nivel a intentar mejorar siempre.

 

Por cierto, que la banda sonora de Animals, la ópera prima de Forés, también forma parte del catálogo de Discos Walden. ¿Su prólogo fue por invitación o por exigencia de alguna de las partes? ¿Qué opinión os merece su filmografía?

M: Pues fue una invitación de ambos que Marçal aceptó gustoso. Era una forma de hacer partícipe a un director que nos gustaba y que sabía que tenía una visión similar a nosotros. A mí me parece uno de los directores españoles que más alegrías nos puede dar.

J: Yo hasta ahora solo he visto sus cortos y me gustan cosa fina. Aunque también es cierto que alguien que mete referencias a Comet Gain, ya tiene asegurado un ocho en Filmaffinity y cama en mi casa. Las pelis he de verlas aún. Manu me pagó por el libro con una copia de Animals pero aún no la he podido ver: me la tienen secuestrada los Axolotes Mexicanos.

 

Algunas de mis películas favoritas de todos los tiempos están en este libro. Películas infravaloradísimas que han pasado sin pena ni gloria por nuestras carteleras. Y eso en el caso de que se hayan estrenado siquiera. Under the skin de Jonathan Glazer es un ejemplo especialmente sangrante: mi película favorita de 2014, que en realidad es de 2013 y a las puertas del 2015 todavía no ha llegado a las salas.

J: ¡Ojalá la pongan cuanto antes! Yo también la considero la mejor película de este año. Y es un tipo de cine con un componente sensorial que seguro que se apreciará mejor en un cine que en el BS.Player.

M: Esto pasa aquí todo el rato. Películas que no se estrenan, otras que lo hacen cuando ya se las ha bajado todo el mundo, las que se editan en DVD y en un año ya están descatalogadas… La piratería será todo lo mala que queráis, pero no es que los afectados hagan gran cosa por evitarla, la verdad.

 

 

Vamos a por las distribuidoras. Los estrenos fugaces y tardíos de películas con vocación popular como The cabin in the Woods (Drew Goddard, 2012), The Lords of Salem (Rob Zombie, 2012) o John dies at the end (Don Coscarelli, 2012) demuestran que se niegan a asumir los nuevos cauces de exhibición. ¿Qué opinión os merecen plataformas como Netflix y Filmin? ¿Suponen una alternativa viable a emule o torrent?

M: Netflix, Filmin, Hulu y cualquier otra plataforma que ofrezca variedad me parece necesaria. Si llegase un día en el que el acceso a todo lo que puedes encontrar por torrent fuese legal y sencillo, sería mejor para todos. Pero todavía hay muchas grandes películas que ni siquiera están disponibles en DVD. Así que las opciones son no verlas… o hacerlo ilegalmente.

J: A priori, todo lo que sirva para distribuir cine, pues muy bien; aunque no conozco las condiciones exactas de cada plataforma. Pero estoy de acuerdo con Manu. Y a título personal (y por más que Enrique Cerezo sea un pedazo de mierda) recomiendo a todo aquel que pille 8 Madrid TV en su TDT que ande atento a la programación, porque es un festivalazo diario de cine difícil de encontrar. Fácilmente habrá como diez películas en la lista que descubrí en esa cadena. ¡Muchas de ellas con solo una copia existente!

 

Es cierto: hace unos meses emitieron Parsifal (Daniel Mangrané y Carlos Serrano de Osma, 1951) y La corona negra (Luis Saslavsky, 1951) y se me saltaron las lágrimas. ¿Y la Fiesta del cine? ¿De verdad os parece que la reducción del precio de la entrada es la solución para llenar los cines?

M: Creo que todo aquel que en el siglo pasado ya estuviese trabajando en la industria del cine, sabe que aquellas golondrinas ya no volverán. Partiendo de ese punto, son necesarias todas las fórmulas posibles. Lo de la Fiesta del Cine y las sesiones de los miércoles a 3 euros están muy bien… si encuentras en la cartelera algo que merezca la pena ver. Pero a menos que la película en cuestión haya funcionado en taquilla en Estados Unidos, ni se estrena o llega a los cines con más de un año de retraso, así que es absurdo. Como lo de estrenar la nueva de Godard en 2D, cuando es una peli que si no se ve en 3D no tiene sentido.

J: Lo primero que deberían de hacer con la Fiesta del Cine es cambiarle ese nombre de mierda, porque así sólo es el facepalm del cine. Y de ahí en adelante pues que sean los propios gestores de salas y distribuidoras los que echen las cuentas; que para algo es su trabajo y yo no me llevo un duro como para andar buscándoles algo que les reporte todavía más beneficios a los cuatro de siempre, que nunca es malo recordar que la estructura que mantienen es la propia de un oligopolio.

 

 

Nuestra educación cinéfila se forjó entre el videoclub y las emisiones televisivas. Basta con revisar la parrilla de mediados de los ochenta y principios de los noventa para constatar el nivel de analfabetismo audiovisual de los programadores actuales. ¿Creéis que el barómetro de El taquillazo refleja los verdaderos gustos de la audiencia? ¿Qué papel desempeña la piratería en la educación y disfrute de esta nueva generación de espectadores 2.0.?

M: Es mucho más difícil encontrar a alguien que te diga que no le gusta el cine, que encontrar a alguien que te diga que no le gusta leer o que no le gusta la música. El problema con la tele va mucho más allá de la calidad de la película de El taquillazo o El peliculón. Cada vez hay menos cine en la tele porque les resulta más barato poner tertulias, o si acaso telefilmes. La opinión de las cadenas de que la gente se traga lo que sea funciona con muchos, pero los verdaderos cinéfilos van a querer ver cine. Y si no lo encuentras en la televisión, en tu ciudad apenas quedan salas donde lo proyecten y la edición en DVD continúa siendo así de ridícula, la única forma de verlo es recurrir a la piratería.

J: ¡Ostras, pues eso sí que estaría bien! Una especie de cuantificador de share de torrents, volumen de descargas o lo que sea. Lo cierto es que el verdadero gusto no existe como tal, depende del muestreo que elijas para determinarlo. Las audiencias televisivas sólo reflejan un margen poblacional de gente anciana que para nada se ciñe a la tendencia del consumo. En cuanto a las cadenas privadas, más que analfabetismo es barrer para casa. Antena 3 emitirá –por lo general– cualquier película en la que haya participado en su producción antes que cualquier otra cosa y lo mismo pasa con las demás cadenas. Aunque, claro, luego ves a los programadores repitiendo todo un día tras otro y sí que te planteas la existencia de ese analfabetismo o ausencia de sentido común. La verdad es que la piratería es esencial para las nuevas generaciones. Pero en un par de generaciones -a lo sumo- surgirá otra nueva que ni siquiera sabrá lo que es un cine. Y me parece algo maravilloso. Es a lo que me refería con los modelos de gestión de las salas españolas. Si no ven la cuenta regresiva que tienen sobre su negocio, ¡que se jodan y a tomar por culo! No se puede vivir del cine siendo ciego, salvo que te apellides Boyero.

 

Jose resume Boyhood (Richard Linklater, 2014).

Jose resume Boyhood (Richard Linklater, 2014).

 

Pero en la actualidad casi todo está al alcance de un click y no paramos de acumular gigas de películas que nunca tendremos tiempo de visionar. ¿Podemos hablar de “cine invisible” en el contexto actual?

J: Quizá incluso más que antaño. La hipérbole de esto es todo el “porno invisible” que no llegamos a ver debido a su ritmo de producción. Lo mismo pasa con el resto del cine, solo que a una escala menor.

M: “Cine invisible”, en cuanto a que es invisible para muchos, sigue habiendo muchísimo. Otra cosa es que ahora mismo leas sobre una película desconocidísima y rebuscando bien la puedas ver ese mismo día.

 

Lo que yo me pregunto es si se debe a la ignorancia sobre la existencia de otro tipo de cine o más bien por la falta de interés de los propios espectadores…

M: Interés no hay ninguno, eso desde luego. Probablemente el mismo que existía antes de la llegada de internet; solo que ahora un tipo de Arkansas y otro de Estocolmo, que son las dos únicas personas a las que les interesa una determinada película, se conectan a internet y se la intercambian por archivos, en lugar de dar por hecho que son los únicos del mundo que la quieren ver pero no pueden conseguirlo.

J: No me puedo mojar por lo que piense cada espectador o cómo se le condiciona desde otros medios para que vea esto y no lo otro; o determinado tipo de cine en vez de aquel.

 

Por último, me gustaría que seleccionaseis un puñado de títulos del libro para motivar a compradores potenciales para subvencionaros el caballo.

M: Contratiempo (Nicholas Roeg, 1980). No se me ocurre una película mejor sobre relaciones atormentadas; pero es eso y mucho más. Tiene un montón de lecturas y capas, desde el espionaje hasta la filosofía y resulta muy jodida de ver, a pesar de contar con una fotografía y un montaje bellísimos, como toda la primera filmografía de Roeg. Y Theresa Russell está en el punto álgido de preciosura.

 

 

J: The Birthday (Eugenio Mira, 2004). A veces la considero la mejor película española de la historia. Es increíble el grado de inmersión del director con lo que nos está contando y la afinidad que logra con Corey Feldman. Por no hablar del tramo final: apocalipsis puro.

M: Desaparecida (George Sluizer, 1988). Debería existir otro género aplicable a las películas de terror que no pretenden asustar durante todo el metraje. Esta es una de ellas, si no la mejor. Tampoco es intriga, porque sabemos quién es el malo casi desde el principio. Su principal acierto reside en concienciarnos de que el mal está dentro de todos nosotros y, sobre todo, en un final que hará que el miedo que no has pasado hasta ese momento te persiga durante días al terminar de verla.

J: Elegía (Zoltán Huszárik, 1965) es un corto de menos de veinte minutos que no necesita para nada de diálogos, voces en off ni mierdas de esas facilonas. Concentra su denuncia al maltrato animal a base de mostrarlo y nos deja mal cuerpo por el montaje que usa.

 

 

M: Return of the Secaucus 7 (John Sayles, 1979). No existe mayor muestra de amor hacia el cine que hipotecar todos tus bienes para hacer una película. Eso hizo Sayles para su debut, protagonizada, escrita, producida y dirigida por él y rodada gracias a sus ahorros y los de sus amigos. Es low cost sin parecerlo, sobre todo por un guion impecable y grandes interpretaciones para la que es la primera película sobre reuniones de viejos amigos, adelantándose a Reencuentro (Lawrence Kasdan, 1983) o Los amigos de Peter (Kenneth Branagh, 1992). Divertida, encantadora y con carga política. En España no se ha visto ni en cine, ni en video, ni en DVD.

J: Incident at Loch Ness (Zak Penn, 2004). Un falso documental sobre un mito, Werner Herzog, en busca de otro mito, el Monstruo del Lago Ness. Una cosa divertidísima que reflexiona sobre la mentira tan enorme que es el cine y la gran trola que son los documentales.

M: El nadador (Frank Perry, 1968). No conozco a nadie que la haya visto y no le haya gustado. Empieza siendo lo contrario de lo que es al final. Visualmente es preciosa, mezclando la estética sesentera con escenas hipnóticas. Cuenta la historia de un tipo que se da cuenta de que puede atravesar su urbanización nadando de piscina de vecinos en piscina de vecinos, pero a medida que avanza se va volviendo cada vez más extraña, misteriosa y oscura.

 

 

J: La verdadera historia de Barman y Droguin (Gilberto de Anda, 1991). Un disparate etílico donde dos beodos mejicanos impersonan a Batman y Robin y del que salen ideas metafílmicas enormes una detrás de otra. En YouTube anda.

M: Investigación de un ciudadano libre de toda sospecha (Elio Petri, 1970). Petri hizo una trilogía de “cine político” en los años setenta que no tiene nada que ver con el de Costa Gavras y otros cineastas comprometidos de la época. Lo suyo es muy italiano, con mucho humor, y no trata de la política visible sino de la invisible. No aborda la política pública sino la privada, a través de historias grotescas y exageradas -pero no por ello menos factibles- en las que nadie se libra de sus críticas. La de esta cinta, en la que un policía comete un crimen para comprobar si el sistema funciona, es probablemente la mejor.

 

 

J: Ensalada Baudelaire (Leopoldo Pomés, 1978). Funny Games de Haneke sale entera de esta maravilla. Román Gubern se cascó tal guionazo que los españoles tardamos en hacerle la ola como profesional del medio, además de por ser un analista y teórico del cine excepcional.

 

Yo también soy un poco Del Bosque, así que os propongo un par de títulos en blanco y negro: la primera se titula Singapore Sling (Nikos Nikolaidis, 1990) y es una excentricidad de origen griego que homenajea a el cine negro de los años cuarenta y las turbiedades psicosexuales de Tennesse Williams, Curtis Harrington y Robert Aldrich. Los diálogos están en inglés, francés y griego. La protagonista se masturba con un kiwi, baila con la momia de un padre abusador en el desván y seduce a un detective con nombre de cóctel a base de ginebra y granadina.

 

 

La segunda es Happy End (Oldřich Lipský, 1966) una genialidad del autor de joyas del dislate como Yo maté a Einstein, caballeros (1970) y Lemonade Joe (1964). Un crimen pasional narrado marcha atrás que resuelve visualmente lo apuntado por Harold Pinter en El riesgo de la traición (David Hugh Jones, 1983). ¡Cuando terminas de verla tienes la sensación de que es el mundo real el que gira en sentido contrario!

J: Ni idea tenía. Millones de gracias.

M: ¡Gracias por las recomendaciones! Ya he encargado los DVDs a la Fnac.

 

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