Noche en la acera de enfrente

PACO CLAVEL Y JUAN SÁNCHEZ INAUGURARON ESTA SEMANA “CINEMA OH! CULTO”, EL CINE-CLUB QUE PROMETE RECUPERAR ALGUNAS DE LAS JOYAS MÁS DESCONOCIDAS DE NUESTRO CINE.
Por Diego Parrado


17 enero 2014

 

El pasado martes se inauguraba en Siroco “Cinema Oh! Culto”, la mazmorra en la que Juan Sánchez (Sanchezstein, se bautizó él mismo) y Paco Clavel (ayer otra vez Paquito) se han propuesto resucitar algunas películas olvidadas y, por tanto, muertas.

 

Llegué al prodigio con Stephanie Peregrín, que venía en representación de Hollywood con un elegante vestido apropiadamente verde (el color de la resurrección), y nos acomodamos en el último sillón libre de la sala: la mayoría de los asistentes tuvo que permanecer de pie. Ojalá la mazmorra fuese en un cine, pero en fin, ya no hay cines y resucitar uno sería entrometerse demasiadas veces con la muerte en una sola noche. Por allí andaban, entre otros: Alaska, Jorge Calvo, José Manuel Parada, Paco Tomás, Pedro Munster, Eduardo Gion y los protagonistas Juanito el Golosina y Ana Valdi. También nuestro amigo Octavio Terol, que había hecho el nuevo cartel de la película.

 

Stephanie se quitó el abrigó y me dijo que iba un momento al lavabo. Cuando volví a verla estaba encima del pequeño escenario, obrando de sacerdotisa junto al doctor Sánchezstein y Paquito Clavel. Al parecer, este, rendido a sus maneras, la había interceptado en su camino al espejo y le había pedido que subiera con ellos para presentar “La Tercera Luna”, la primera de las cintas moribundas con que iba a probarse el milagro de la curación.

 

 

 

Después habló el Golosina, que había sido príncipe de Siroco cuando la sala se llamaba todavía Dimas, habló Ana Valdi, que nos pidió clemencia hacia su criatura, y no dejó de hablar José Manuel Parada, que interrumpía de cuando en cuando para pedir que se mencionara aquello o lo otro. “¡Pero mencionad a Pierrot, hombre!”, se revolvía. La electricidad que iba a emplearse para resucitar a la criatura empezaba a notarse en la sala y por lo visto había devuelto también a la vida otros tiempos de la carrera de Parada. “Deja ya de dirigir y calla”, le riñó alguien con mucha pluma.

 

También la película tenía mucha pluma: con la excusa de la historia de un chico de pueblo que se va a Barcelona para convertirse en mujer, “La Tercera Luna” es un bonito retrato del barrio chino de la ciudad durante la década de los setenta; el barrio de las prostitutas, los delincuentes y los maricones, cuando todas estas almas entraban en la misma categoría. Con los suspiros que arrancaba la bonita canción de la cinta cada vez que sonaba (“Cuáles de los tres, es hombre o mujer, o es tercera luna…/Deja que el amor del amanecer llegue y lo descubra”) y las risas que provocaba el encantador guión, la película fue reviviendo y se nos reveló una Barcelona maravillosa, la de El Molino y de los mariquitas; de los mariquitas cuando todavía caminaban en una acera distinta, vivía Lola Flores y no había Zara. 

 

La película acabó y, no obstante, acababa de nacer. Ana Valdi subió llorando al escenario y dio las gracias: acababa de encontrarse con amigos que estaban muertos. Se encendieron las luces y nos despedimos hasta la próxima resurrección, el mes que viene.

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Comentarios:

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Jorge Calvo says:

Maravilllosa crónica del evento más genuino y auténtico que ha habido en Madrid desde hace muchisimo tiempo. Bravo!!

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