Peatones: la opresión silenciosa

Odio los coches. Odio el transporte privado. Odio ir en un autobús atestado y ver al otro lado de la ventanilla a un señor conductor él solito en un 4×4 (tope gama París-Dakar que jamás ha salido del perímetro de la M-30) escuchando Sultans of Swing. Por Filósofa Frívola


12 marzo 2015

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En efecto: sueño con un mundo sin coches. Al principio de empezar a romantizar con la idea me conformaba revisionistamente con un mundo de coches eléctricos feos y ecofriendly, pero ahora lo quiero todo. Quiero que desaparezcan de mi vista. Que como mucho se conserve un ejemplar de cada modelo en el Museo del Coche i avant. Que los niños de los 2050 lo visiten en sus bicicletas y se mueran de vergüenza con las barbaridades que cometieron sus antepasados (que es básicamente para lo que sirven los museos: para no olvidar y repetir la historia y para cuando estás por ahí de viaje y te duelen los riñones y por ello te quieres sentar y aprovechas además para ir al baño, que suelen estar muy limpios).

 

Sueño con un mundo en el que no sentir la obligación de hacer una reverencia al conductor que, en pleno uso de su señorial magnanimidad, se para en el paso de cebra prácticamente a ras de la punta de tus converse que no son converse sino andy-z, y tú le haces un gesto con la mano en plan “hey, gracias por cumplir con tu deber, colega”. Hay que atesorar a estos venerables conductores. ¿Acaso no hacemos esa cosa tan elegante de aplaudir cuando aterriza un avión? Pues el buen conductor habría de ser agasajado con todo tipo de prebendas. Cubrirlo de confeti. Y al malo también, pero añadiendo brea y plumas. Y quitando el confeti.

 

Sueño con un mundo de amplias aceras. Sueño con un mundo sin Bravo Murillos, sin Malasañas en las que las aceras miden 10 cm de ancho de los que 5 son ocupados por bolardos que más de una rodilla se han llevado. Minuto de silencio por los caídos en acto de bolardo en San Vicente Ferrer.

 

Sueño con un mundo en el que no verme obligada a realizar un promedio de seis peinetas al día a causa de esos conductores que no respetan el ámbar, conductores maniqueos de verde y rojo, más siempre de verde que de rojo, conductores que no ven la escala de grises, conductores torpes, chungos, absurdos, con prisa por llegar a algún sitio deprimente o a ningún sitio at all. Con prisa por vivir, atrapados en un cubículo que con suerte huele a pino. Y si no a pota. O a gasolina. O a calor. Ese repugnante olor a calor de los coches en verano. El hedor de mis peores pesadillas.

 

Sueño con un mundo en el que nunca, por el simple hecho de haber nacido, nadie se crea con derecho a poseer un coche. Oh, los ansiados 18 años. Soy un taruguillo privilegiado que va a gastarse 2000 euros en obtener un recuadro plasticoso que garantiza que puedo saltarme semáforos en ámbar y hurgarme la nariz cuando estén en rojo. También puedo permitirme pagar seguro, gasolina y plaza de garaje. Y los que no se lo pueden permitir… ¿al metro? 60 euros de abono mensual zona A (Nota: no incluye pedicura). Así que muchas personas cuentan únicamente con la fuerza de trabajo de sus pies para trasladarse del punto A al punto B. Una pena… ¿qué hacemos?

 

¿Reforma o revolución? Si abolir los coches de propiedad privada no figura en el programa de Podemos, ¿por qué no por lo menos despenalizar el acto de quemar el vehículo del malnacido que no frena en un paso de peatones? ¿o destrozar las lunas del que se come media acera para estacionar? Pero si llegara la revolución… Sueño con un Ministerio de Transportes que proporcionara vehículos públicos de uso privado cada vez que necesitaras llevar a la abuela al ambulatorio, o recoger la cesta del mes del grupo de consumo agroecológico, o irte de vacaciones a tu dacha en multipropiedad, sita en Colmenar Viejo.

 

Sueño con un mundo en el que no haya transporte privado, en el que los asientos del metro estén chapados en oro, en el que los trenes pasen cada dos minutos. Un mundo sin revisores y metrobuses con precio libre. Un mundo en el que lo que antes fueron tornos de metro ahora son elementos reciclados que conforman un parque para infantes de mejillas sonrosadas y brillante porvenir.

 

Sueño con un mundo en el que la aristocracia obrera egoísta y mezquina, con su Seat Ibiza y sus gafas de espejo de colores, deje de atufarnos con su huella ecológica. Compartimos planeta, hermanos. Hay peña que se la juega cada día por y para ese planeta en el que te cagas cada vez que arrancas. Peña carente de esa área del cerebro donde se localiza el peligro, peña que se aventura a ir en bici por las calzadas de esta ciudad, hostil a todo aquello que no tenga cuatro ruedas y un motor. Tenemos mucho que aprender de estos héroes kamikazes anónimos. Con sus cascos aerodinámicos y su pernera del pantalón metida por dentro del calcetín.

 

Sueño con que cada cochista convencido sea duramente castigado por su flagrante irresponsabilidad, siendo forzado a hacer uso de la línea 1 cada maldito día de su existencia, de Pinar de Chamartín a La Gavia. De pie. Y en medio del vagón. Compitiendo con otras cuatro manos sudorosas por un resquicio de barra a la que agarrarse cada vez que vienen curvas.

 

Sueño con un mundo sin coches aparcados en las aceras. Las aceras, el único espacio que nos queda a las que sólo contamos con el cuerpo para llevarnos, y aún así tenemos que comprobar cómo día tras día nuestros ya minúsculos espacios son groseramente ocupados por aquellos a los que, a pesar de que el urbanismo les ha puesto la ciudad en bandeja, siempre quieren más. Los cochistas nunca tienen suficiente. Necesitan tu acera. “¿Estaré impidiendo el paso a alguien? ¿Molesto?” se preguntó una vez un conductor NUNCA. Un ser humano capaz de cometer el supremo acto de egoísmo que es agenciarse un vehículo puede tener luces, pero solo de posición. Así que sueño con un mundo en el que no tener que defenderme de estos abusos de la única forma que sé: enganchando las bolsas de mierda de mi perro a los limpiaparabrisas, pegando chicles en las ventanillas o dejando decenas de post-its aterradores en los que puede leerse “Esto es una ACERA. Sé dónde vives.”

 

Sueño con un mundo, mi mundo, mi yo, un yo sin ataques de ansiedad cada vez que voy a cruzar una calle porque a saber, A SABER por dónde te van a salir. Y es que para mayor tormento de paseantes una nueva generación de vehículos silenciosos (ideados por el mismísimo diablo ingeniero que estuvo en la tuna de Industriales) siembra el pánico en las urbes. No los oyes. Vas por en medio de la calle de LA PALMA y sabes que puedes morir en cualquier momento. En algunos sitios los han prohibido. Lo leí en Internet.

 

Sueño con un mundo en el que todo lo expuesto con anterioridad no quedara en el imaginario del lector como simples delirios de una flâneuse tarada, luddita y muy harta, sino como lo que debiera ser. El infierno son los otros, aquellos que van por la vida en su burbuja con tapicería y cargador usb-mechero. Los peatones no somos otra cosa que los proletarios de la circulación. Oprimidos y vejados cada día. Exijamos lo que es nuestro. Coches nunca, nunca más.

11 diciembre 2015 by SABINA URRACA

De Madriz al campo (II)


Las criaturas urbanas tenemos un grave problema con respecto a la vida en la campiña, y es que nuestras mentes son tarros rebosantes de clichés cinematográficos.


10 noviembre 2015 by SABINA URRACA

De Madriz al campo (I)


La huida de Madrid, para que sea efectiva, debe hacerse al campo. Esta es la única posibilidad de desanudar temporalmente el vínculo con la capital.


21 octubre 2015 by REDACCIÓN

El futuro ya está aquí


Hoy, 21 de octubre de 2015, Marty McFly habría llegado al futuro. ¿Cómo se celebrará en Madrid este día de homenaje a “Regreso al futuro”?



Comentarios:

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mombius says:

¡¡SÍ!! Me ha llegado al alma, hasta las pelotas me tienen los coches. No era muy contrario a ellos pero cada vez los veo más como una agresión en toda regla. Máquinas hipertróficas expulsando veneno en tu cara para poder mantener su sedentarismo catatónico. A la mierda.

El Vigilante de los pretenciosos says:

Deduzco por la localización de tus desventuras que tu problema se arreglaría con que la prohibición a la circulación se hiciese efectiva en tu Arcadia Malasañera. Y quizá fuese mejor así, terminando con tanto plañido.

Por cierto, Mark Knopfler tiene más talento escribiendo el crucigrama mientras caga que tú haciendo pseudo-periodismo.

Larry says:

Creo que los coches no son el problema más importante que tenemos los peatones y ciclistas en Madrid. En problema concreto es el robo del “espacio público” por parte de vehículos a motor (parados y en movimiento), motos aparcadas en aceras, mercadillos callejeros, megaterrazas con varias decenas de mesas y sillas, eventos de marcas comerciales, instalaciones “artísticas” de dudosa procedencia y autoría y mobiliario público dedicado a publicidad privada y ubicado sin ninguna lógica a lo largo de calles, aceras, plazas, fachadas, etc. Por cierto, a menos que se use la bicicleta de BiciMad, la bicicleta sigue siendo y será un medio de transporte privado, lo digo por lo de “odio el transporte privado”. Ah! y por experiencia propia, los vehículos que más contaminación producen son los de transporte público: taxis, autobuses de corta, media y larga distancia, camiones y furgonetas de los servicios de basuras y limpieza, vehículos policiales, Samur, y demás vehículos públicos que no paran de moverse sin descanso durante todo el día por la ciudad, incluso por la noche, polución gratuita 24/7.

galanot says:

Te has pasado de frenada

ESTAN says:

JAJAJAJAJAJA,

Mira que sueles decir tonterías pero hoy te has superado xDDDDD

Ains, si no fuese por estos momentitos.

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