Pedro Mansilla: “En los ochenta la moda española fue un sueño no tan improbable”

El libro “Cazadores de tendencias” repasa de manera exhaustiva quiénes fueron y son las figuras clave de la moda española. Hablamos con su autor, Pedro Mansilla, de las luces y sombras del diseño nacional, un fenómeno tan necesario como polémico. Por Leticia García


09 abril 2013

Pedro Mansilla. Foto: Markus Rico

 

Hubo un tiempo en que los aficionados a la moda nos acostumbramos a escuchar su voz comentando los desfiles de la pasarela anteriormente conocida como Cibeles. Artículos, conferencias y apariciones en radio y televisión han hecho que el nombre de Pedro Mansilla se asocie de forma inmediata a la moda española. También el comisariado de un buen puñado de exposiciones. Como aquélla, “Tras el espejo”, celebrada en el Reina Sofía en 2003 y que, si bien no fue la primera, inauguró oficialmente la unión entre la moda nacional y los museos. O como “Cazadores de tendencias”, la exposición que acaba de clausurarse en la sala CentroCentro; un repaso a través de fotografías de los protagonistas de eso que se ha dado en llamar “Moda de España”, de Balenciaga a Roberto Etxeberría, de Manuel Piña a Carlos Díez.

 

Pero, como él mismo asegura, “antes de la exposición estaba el libro, que estaba prácticamente terminado cuando surgió la posibilidad de hacer la exposición. De hecho, en principio la exposición iba  a ser diferente, pero teníamos tan poco tiempo y tan poco dinero que la única posibilidad de llevarla a cabo era aprovechando el trabajo del libro”

 

Hablamos de una compilación de los nombres esenciales de la moda nacional, un volumen que recoge fotografías clave, biografías y testimonios de los diseñadores que han contribuido a gestarla, un libro “que aún no existía después de treinta años dándole vueltas al tema de la moda española”.

 

Hemos conversado con Pedro Mansilla sobre él y sobre las luces y las sombras que se esconden detrás del fenómeno. Entre el florecimiento de la etiqueta “Moda de España” en los primeros ’80 y la actual crisis de fe en el diseño patrio existen varios hechos a tener en cuenta, ciertos nombres a reivindicar y un buen puñado de anécdotas que merecen ser recordadas. Nadie mejor que Mansilla para clarificar el asunto.

 

¿Cómo surgió el proyecto de hacer este libro?

 

Me llamó Javier Ortega, jefe de la colección de Lunwerg, y utilizó un libro publicado en esa misma colección para ‘picarme’: “Los objetos esenciales del diseño español”, de Juli Capella. Conozco, reconozco y admiro profundamente a Juli, así que pensé que era un honor que quisieran que hiciera lo mismo dentro del ámbito la moda. Al ser un libro para una colección muy determinada me olvidé de ciertas fantasías. Hubiese hecho otro libro diferente si hubiésemos partido de cero, pero aquí lo que se intentaba era hacer un recuento muy esencial, un libro en el que un chino o un japonés pudiera ver de forma fácil y sencilla quién existe y quién no o quién es ese nombre que ha visto en un escaparate. Queríamos hacer un libro para los que saben y los que no saben qué es eso que llaman moda española.

 

 ¿Qué criterio seguiste para elegir a los diseñadores presentes en el libro y la exposición?

 

Salieron muchos nombres y yo suelo ser muy generoso, los que tengan que caerse que se caigan ellos solos. Ojalá me hubieran dejado 99 nombres. Al final decidimos que estuvieran los imprescindibles, fijamos que estuviera Balenciaga porque es el padre de todos y que el cierre fuera lo más reciente posible. Por días no entraron Moisés Nieto y Rabaneda. Quince días más para hacer el libro y entran, por eso quise deja dejar constancia de ello en el prólogo.

 

Pensé que un buen criterio sería haber realizado un par de desfiles en una pasarela oficial, entendiendo por oficial Cibeles, Ego y Gaudí. Aunque hay gente muy valiosa que nunca ha pasado por ese circuito, es un criterio que me parece bastante objetivo, porque hasta hace bien poco en España no había habido opciones alternativas. Quien termina desfilando allí es porque se lo ha currado. Reconocía que me dejaba fuera a los costureros, pero hay una cosa fundamental y más en estos tiempos: hay que examinar tu trabajo, y que te aplaudan o te corran a gorrazos.

 

Hay excepciones notables, por supuesto: Joaquín Trias, que llega y se va de forma fantasmagórica y no respeta demasiado la moda española pero posee un patronaje interesantísimo y tuvo la valentía de hacer cuatro desfiles consecutivos en Nueva York. O María Lafuente, que después de haber hecho Cibeles y asentarse ahora está fuera pero se sigue peleando en el Off cada temporada e intenta seguir yendo a la feria de París.

 

¿Son entonces todos los que están?

 

Creo que es un libro objetivo, nada de incluir a mis amigos o a quien a mí me cae bien. No se ha quedado fuera nadie que no debiera estar dentro, y los que se han quedado fuera es porque no quieren estar.

 

Una cosa que destaco tanto de la exposición como del libro es que son íntimos, no una idea de un comisario que elige y ordena. Yo llamé a todos los diseñadores uno por uno y les dije lo que quería de ellos: una foto, una frase y una biografía que reescribí para que todos tuviesen el mismo estilo literario. He respetado algunos casos, como el de Antonio Miró y Ailanto porque están muy orgullosos de vender fuera y quisieron resaltarlo.

 

¿Qué criterio has seguido para seleccionar las fotos?

 

Con todos negocié cuáles serían las fotos, convencí a la editorial de que debíamos incluir una foto por cada década porque no es lo mismo llevar tres años desfilando que cuarenta. Hay una diferencia de estilos y era importante que se viera la evolución.

 

Aquello fue terrible, porque las últimas muy bien, pero si hay una foto de los ochenta o los noventa….o no existe, o no la encuentran, o la foto está sin datar o no se sabe quién es el fotógrafo. Para mí la estrella también es el fotógrafo, y es tremendo que en colecciones importantes te den un photobook y no venga  firmado por el fotógrafo. Al final, excepto la de Pertegaz que no se sabe de quién es, las demás van firmadas.

 

Era importante que los protagonistas fueran tres: el diseñador, ver el diseño en la figura de una modelo reconocida y la firma de un fotógrafo importante para la moda española.

 

Les pedí también una frase, y aunque la mayor parte me han mandado la foto de la década concreta en algunos casos sí intervino mi memoria. Como en  la de Manuel Piña: la tarde que Javier Vallhonrat apareció en el taller con ese carrete yo estaba allí. Manuel la ve y no puede llevarle la contraria a Vallhonrat pero en realidad ha retratado a un tipo en mujer en la que él no cree. Es una obra de la que ahora Vallhonrat se arrepiente…

 

Andrés Sardá. Colección: Colección O/I 2012-13. 50 ANIVERSARIO. Fotógrafa: Esmeralda Martín

 

En los ochenta se vivió el auge de la moda española bajo la creación de la etiqueta “Moda de España” ¿Cómo recuerdas aquellos años?

 

Aquello fue un sueño entonces no tan improbable. El gobierno de UCD creó un plan de intangibles para salvar la industria de la confección, muy importante en España, con trescientas mil personas trabajando en ella. Vivíamos protegidos por aranceles para salvaguardar el sector y la Comunidad Europea nos pedía para entrar que los desarmáramos. Se pensó que teníamos que dejar de hacer confección y empezar a hacer moda, que era lo  que más valor añadido aportaba. Y para eso había que hacer hincapié en las ideas: no podíamos seguir imitando a Armani, teníamos que ser originales, por lo que la mejor manera de hacerlo era creando una pasarela propia.

 

Con la ayuda del Ministerio de Industria se gestaron cuatro cosas nuevas: la idea de diseñador, la pasarela, la revista de moda y la escuela de moda. La aventura arranca y todo el mundo cree que hay un proyecto llamado no Moda “en” España sino Moda “de” España, que es muy distinto.

 

Hasta la crisis del 92 se puede decir que existe moda española. Sybilla, Manuel Piña y Jesús del Pozo demostrarían que aquello fue cierto. Porque los que mas sabían de moda por aquel entonces, los japoneses, vinieron, hicieron preguntas, en el caso de Sybilla incluso la invitaron a que produjera allí. Los que no fueron tan afortunados porque no eran tan originales como en el caso de Verino igualmente fueron a París y vendieron su producto en el mundo. En aquel momento empezaba el fenómeno Zara y nadie daba un duro por ella…

 

¿Y cómo se produjo la desvalorización de esa “Moda de España”?

 

Esa crisis del concepto “Moda de España” quiebra a finales  de los noventa cuando se impone una idea: no basta con ser original. Y eso en el caso de que lo fueras, porque en muchos la originalidad se desinfló. Antes había pequeños circuitos de especialistas muy informados, pero cuando la gente de la calle empezó a saber quién era y qué había hecho Ghésquiere…

 

Y no bastaba ser tan brillante y original como Gaultier, la chaqueta de Gaultier además estaba hecha increíblemente bien. Hubo un momento en que los italianos vinieron interesados por el producto Sybilla y el producto Antonio Alvarado para ver si esa genialidad era real y si tenían cuota de mercado. Ahí aprendimos que la prenda tenía que estar muy bien hecha. Se cuenta que los japoneses encargaron a un diseñador español cien chaquetas, las colgaron y diez de ellas caían con una inclinación, diez caían con otra…para ellos la chaqueta tenía que ser exactamente la misma, estar hecha en el mismo taller.

 

También aprendimos que la verdadera clave a partir de la globalización era que el que tenía el poder no era el que fabricaba sino el que vendía en el punto de venta adecuado.  O tenías el dinero para abrir la tienda o venía un italiano que confiara en ti y te la abriera, no había otra. Se da el caso entonces de que dos hermanos de Adolfo Domínguez tras la marcas C.H. y Purificación García abren en menos de un año 80 puntos de venta en las 80 ciudades clave. La clave es el punto de venta, fabricando en seguida se agota el margen, nadie puede competir con los márgenes de China.

 

Así vimos que esto era una operación fallida. Hay gente que con esa lectura se quiere cortar las venas pero yo siempre digo que hacer Medicina es sacar buenas notas ocho años seguidos. España lleva en el prêt à porter 30 años. Eso no es nada, nada. Hay que equivocarse y darse hostias. Los nuevos diseñadores ya nacen programados en otro estado de la cuestión: no discuten que hay que ser original porque hoy sólo hay que comprar cinco revistas de moda para darte cuenta de que si no lo eres te van a pillar.

 

 

¿A quién rescatas como verdaderos revolucionarios del prêt à porter?

 

La primera legión la formaron Antonio Miró, Adolfo Domínguez y Jesús del Pozo, que lideraron además las tres grandes movidas (Barcelona, Vigo y Madrid) y se convirtieron en los jefes de la manada en las tres provincias.

 

A ellos hay que asociar el nombre de Francis Montesinos porque fue el visionario que entendió que el prêt à proter iba a sustituir a la Costura. Otro de los nombres clave,  Manuel Piña,  toma a Montesinos como su gran maestro. Él había visto un desfile suyo en Barcelona y confesó que se le saltaron las lagrimas y se dio cuenta de que quería diseñar.

 

Manuel Piña, aparte de por su reconocida genialidad, tenía el carisma necesario para incendiar a sus alumnos.

 

E incluiría a Sybilla y a Agatha, dos personajes muy geniales. Es verdad que Agatha sin la ayuda de Pedro J. probablemente no habría llegado tan lejos. Y Sybilla no es especialmente original, sino una buena relectura de las revistas americanas de los ‘50; se parece un poco a Yves, a Madame Grès, a Schiaparelli… pero es tan poco excesiva, tan medida, tan buena alumna de Yves que lo suyo fue memorable, lo único que internacionalmente nos compraron desde el principio. Tenía la capacidad de atraer a todos los talentos que pululaban a su alrededor, todos los grandes de la época querían trabajar con ella.

 

Antonio Alvarado, a pesar de ser tan disparatado, era un tipo muy genial, tenía mucho empuje. Y los dos primeros alumnos de Sybilla, Josep Font y Devota&Lomba (Luis y Modesto), que estéticamente estaban muy próximos a ella, serían ya los eslabones de la siguiente generación.

 

¿Qué camino debería tomar la moda española para tener futuro?

 

Hay que insistir en la formación del diseñador. Ahora la moda española está compitiendo internacionalmente, no hay nada que la pueda proteger. Nadie debería conformarse con estudiar moda, hay que irse como mínimo un año con alguna beca a Milán, a París o a Londres, hay que tener en el móvil el número de alguien en firmas como Alexander Mcqueen. Hay sacudirse el miedo ante lo que pasa ahí fuera, como hicieron María Barros o Leyre Valiente, que han estado un tiempo trabajando con los grandes.

 

La otra clave es saber que si te quieres dedicar a esto tienes que hacerlo fuera de España. Aquí no hay mercado porque ya lo hace todo Zara. Aquí la necesidad siempre pasa por comprar algo mono y asequible. Y si no es Zara, la opción es pasar a la Costura y al traje hecho a medida. Así que si no quieres eso tu única posibilidad es perderle el miedo a diseñar para vender en ferias internacionales y saber en cuáles tienes que estar. El español tiene que meterse en la cabeza que puede si quiere diseñar y desfilar aquí porque sale barato pero que no puede presentar la colección aquí, tiene que contar con alguien que se dedique a colocar su producto en las ferias. Que ese japonés que te ha mirado pero no te ha comprado vea que llevas cuatro ediciones yendo, que sepa dónde has comprado la tela, que se dé cuenta de que tu producto no ha cambiado y al final te lo acabe comprando. Lo demás es enterrar la cabeza en la tierra y pensar que volverán los buenos tiempos.

 

¿Crees entonces que Inditex ha acabado con la moda española?

 

Lo que hace Inditex en el mundo es comparable a lo que hizo el prêt-à-porter con la Costura: matarla para siempre. Estamos ante un cambio de paradigma. La clase media occidental se viste de Zara, y solo los que tienen una actitud comparable a la de los coleccionistas de Arte lo van a dar todo por un vestido de Marni o Ghèsquiere. Esa gente representa al 0’05 por ciento.

 

Además, como todos saben que el gran enemigo es Zara,  la competencia entre las grandes firmas ya es de por sí feroz. Luchamos contra eso, porque coges el bolso y vas a Serrano y tienes un Zara, tienes a los que siguen el modelo de Zara, tienes los outlets de las afueras….el paradigma de la moda como terreno de tranquilidad, “veo un traje, ahorro y ya volveré mañana” se ha acabado.

 

A diferencia de otros países, en España no existe una verdadera cultura de moda ¿a qué crees que se debe? ¿cómo podría fomentarse?

 

Tenemos dos pequeños problemas: no somos lo suficientemente ricos como para fabricar esa cultura de moda. Hemos fabricado un poquito la cultura de Arte Contemporáneo, pero nada más.

 

Hubo un momento en el que pudimos soñar con tenerla y fue en el periodo de las vacas gordas, como ha ocurrido en países como Rusia, donde tu cultura de nuevo rico hace que acabes presumiendo de moda.

 

Los italianos son los que mejor han sabido hacerlo: el boom de la moda italiana habría sido impensable si sólo hubieran creído en él las italianas, si las alemanas no hubieran querido una chaqueta de Armani. Porque la cultura de moda, aparte de en los libros, se hace con las revistas de moda. Supone hojear el Vogue americano, japonés, francés y alemán, a ser posible todos sus números desde el año 85. Y muy pocos pueden tener ese arsenal de revistas de moda. Hay personas que creen que conocen la moda porque se compran todos los meses el Vogue, ni siquiera se ha llegado a la necesidad de consultar las ocho revistas españolas.

 

Necesitamos dinero y sobre todo “pique social”, envidia sana como creadora de riqueza y de cultura. En Italia es brutal el nivel de información sobre moda y el nivel de información y cualificación del Vogue italiano y de las tiendas. El pedido de una tienda de Barcelona es mucho más pequeño que el de una pequeña tienda en un pueblo de Italia. El español, cuando tiene un éxito, lo celebra comiendo, pero el italiano se compra un traje. Italia sólo nos lleva quince años de adelanto, pero la mentalidad italiana tiene un pundonor, un orgullo y una lucidez para vender que España no tiene.

 

Ese amor a la moda por lo que tiene de trabajo artesanal, como ocurre en el Norte de Italia, es el acicate para que te guste mucho la moda. En Milán no se ha roto la cadena de la artesanía como ocurrió, por ejemplo, con la industria de la lana en Cataluña.

 

La rivalidad por la marca tampoco se ha imitado. Dejamos de comprar el bolso de Loewe para comprarnos el de Prada porque era más moderno, sí,  pero las tiendas de Prada, Dior o Chanel en Madrid están abiertas para el turismo chino. Si entre las tiendas de Hermés y Chanel hay un producto muy interesante que se llama Josep Font pero ellos no lo reconocen, salen de Hermes y entran en Chanel

 

¿Qué diseñadores nacionales crees que deberíamos reivindicar?

 

Me da pena que Miriam Ocáriz no pueda desfilar y me parece justo que prefiera gastárselo en París. Que José Castro no pueda permitirse el lujo de hacer desfiles… Lidia Delgado es una buena alumna post Sybilla con una sensibilidad y con una cultura tan elegante que me da mucha pena que ahora esté perdida.

 

El trabajo de Roberto Etxeberría es maravilloso. Necesito que Rabaneda y Moisés Nieto tengan en el mercado ocho o nueve colecciones diferentes para ver su evolución y me gustaría que tuvieran los medios para llevarlas a cabo. Ulises Mérida trabajó con Jesús del Pozo y su colección en el Madrid Fashion Show era tan Jesús que me hace pensar que las últimas colecciones del diseñador eran en gran parte suyas, por eso me gustaría ver cómo evoluciona.

 

Y Elisa Palomino es ese modelo de futuro. Ha hecho todo lo que un diseñador tiene que hacer: formación académica importante, viajes, ocho o nueve años con Galliano (incluso un vestido suyo salió un desfile de Galliano) una estética muy trabajada, muy enmarcada en una época, ajena a las tendencias… El que no tenga medios para desfilar me da mucha pena.

 

“Cazadores de Tendencias: los nombres esenciales de Moda Española” está editado por editorial Lunwerg

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