Pequeña guía de coworkings en Madrid

Cinco coworkings de Madrid nos hablan sobre sus espacios, sobre el tipo de personas que trabajan allí y sobre los aspectos positivos y negativos que ven en esta nueva forma de compartir horas de trabajo. Por María Arranz


04 noviembre 2015

Trabajar en un coworking se ha convertido, desde hace unos años, en la rutina habitual de muchos autónomos de Madrid. La proliferación de estos espacios ha ido creciendo a medida que aumentaba el número de personas que, bien por emprendimiento o bien por que nos les quedaba otro remedio, se veían abocadas a alquilar un lugar de trabajo compartido con otras personas del mismo o de diferentes ámbitos profesionales.

 

En Madrid hay espacios de coworking de todo tipo. Desde los gigantes del emprendimiento hasta los espacios más modestos, pasando por aquellos que tienen un enfoque más social, todos ellos contribuyen a crear una red de micro-empresas (a veces, literalmente mínimas, formadas por una única persona) que conforman el ecosistema del coworking en la capital. Más allá de las esperanzas que los políticos depositan en el emprendimiento –viendo en él una forma de trasladar la responsabilidad de la falta de empleo al propio trabajador, que parece que si no emprende, es porque no quiere– y de la fantasía que han creado alrededor del término, lo cierto es que los espacios de coworking están contribuyendo de forma decisiva a redefinir el concepto mismo de trabajo.

 

¿Ha cambiado la forma en que nos relacionamos con el trabajo? ¿Han cambiado nuestros horarios? ¿Son estos nuevos horarios más flexibles o más esclavos que los anteriores? ¿Los coworkers se conocen y se relacionan entre sí? ¿Favorecen estos espacios relaciones más distendidas que las de un entorno de oficina o, por el contrario, se vuelven relaciones más frías por la desconexión de base que existe entre los trabajadores? ¿Cómo afectan estos espacios a las relaciones que establecen las empresas entre sí? ¿Es oro todo lo que reluce?

 

Lejos de poder responder categóricamente a todas estas cuestiones, hemos hablado con cinco de los coworkings más conocidos y solicitados de Madrid que están contribuyendo a redefinir una buena parte del panorama laboral madrileño, para que nos cuenten cómo son sus espacios, qué tipo de personas trabajan allí y qué aspectos positivos y negativos ven en esta nueva forma de compartir horas de trabajo

 

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Llevan abiertos cinco años y medio, lo que explica en buena medida que sean uno de los coworkings más grandes de Madrid, con dos amplios espacios: uno en la calle Duque de Rivas, 5 y otro en Colegiata, 9 (y en breve anunciarán su tercera apertura). Cuentan que nadie imaginó que esto sería un espacio de coworking en sus inicios cuando Rafa de Ramón y un grupo de amigos empezaron a hacer lo que ellos llamaban aquí el “free working”, pensado para freelances. Luego alguien llegó de Estados Unidos, que tiene más historia en esto, y les dijo “¿sabéis que lo que estáis haciendo se llama coworking?”. Y todos preguntaron “¿qué es eso?”.
Entre los dos espacios suman unos 2.000 metros cuadrados. Colegiata es una antigua galería comercial transformada en 16 oficinas privadas que puede acoger hasta 80 trabajadores. En Duque de Rivas, entre la planta principal y la baja, cuentan con espacio suficiente para unas 150 personas. Por lo que en utopic_US, en total, caben aproximadamente 250 puestos de trabajo. Además, cuentan con zonas de descanso con sofás y butacas, office-cocina, gastrobar y 4 salas de reuniones en total.

 

A la hora de alquilar espacios, ofrecen tres opciones diferentes: un bono de 10 días, USer FLEX, con el que tienes un puesto de trabajo flexible, de 9 a 20 horas de lunes a viernes, o USer FIX, con tu puesto fijo 24 horas todos los días de la semana. Además, en función del tipo de coworker, el precio incluye horas gratis para las salas de reuniones, además de acceder a servicios de asesoría gratuitos.

 

En utopic_US puedes encontrar gente de todas partes del mundo, desde Australia hasta Brasil. Les gusta decir que son una fauna de emprendimiento y colaboración, porque allí se puede encontrar a todo tipo de profesionales. Hay profesiones más clásicas que se han venido al coworking, como consultores, asesores fiscales o agentes inmobiliarios, gente a la que hace años no se le hubiera pasado por la cabeza trabajar en un espacio de coworking. Junto a ellos, codo con codo, trabajan diseñadores gráficos, programadores, managers, periodistas, brókers de bolsa, asesores, expertos en comunicación, diseñadores, joyeros, músicos… En su vertiente más empresarial, utopic_US también aloja agencias de publicidad y diseño y hasta una reprografía,

 

Los eventos son uno de los puntos fuertes de utopic_US. Organizan eventos privados en sus salas de reuniones y en la zona central de Colegiata. Allí han tenido lugar todo tipo de presentaciones, conferencias y hackatons para empresas. Además, desde hace tres años, también organizan en Matadero Zinc Shower, un Meeting Show basado en la industria cultural y la economía creativa y colaborativa. También hacen actividades con el fin de potenciar el networking entre coworkers, como es el caso del Coworking Coffee, que organizan todos los martes y que consiste en un desayuno gratuito para la comunidad, o una comida colaborativa que celebran los últimos viernes de mes en Duque de Rivas y donde presentan a las nuevas incorporaciones. A esto hay que sumar dos o tres fiestas temátcas anuales que suelen hacer en algún local de Madrid.

 

En cuanto a los aspectos positivos y negativos de trabajar en un coworking, nos cuentan que en utopic_US se vive en una constante atmósfera de optimismo y eso ayuda mucho a sacar adelante el trabajo y los proyectos. Quitarte el pijama y salir de casa para trabajar con otros profesionales de diferentes sectores –o no– resulta muy enriquecedor a todos los niveles. Lo ven como una salida necesaria del bucle de aislamiento para crecer tanto personal como profesionalmente. utopic_US no es sólo un lugar de trabajo que ofrece los servicios básicos que necesitas para trabajar, sino que cuenta con muchos otros servicios adicionales como son el servicio de mensajería, la recepción de llamadas y oficina virtual, además de actividades y talleres de formación al gusto. Incluso al mediodía hay clases de inglés y a última hora de la tarde yoga. En cuanto a los aspectos negativos, sólo se les ocurre uno: que no quede un hueco para ti.

 

Impact Hub

 

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Impact HUB no es un coworking como tal; ellos se definen como un “espacio internacional de emprendimiento y aprendizaje continuo”, pero uno de los pilares de su forma de trabajar implica tener espacios de trabajo abiertos y compartidos, así que en este sentido, también funcionan como un coworking.

 

Como red de emprendimiento internacional están presentes en más de 70 países y cuentan con 11.000 miembros en todo el mundo. Como espacio de emprendizaje y aceleradora de empresas, desarrollan programas específicos para ayudar a los emprendedores a llevar a cabo su objetivo. Como laboratorio de innovación son un referente en el prototipado de iniciativas y muchas empresas de larga trayectoria –entre ellas Blablacar o el Mercado de La Buena Vida– han nacido allí.

 

Llevan abiertos desde 2010. La red Impact Hub se creó en 2005 y ellos fueron el quinto Impact Hub del mundo en abrir sus puertas. Cuentan con tres espacios en el Barrio de las Letras (un garaje y una primera planta en la calle Gobernador, 26, y un edificio en la calle Alameda, 22) en los que pueden trabajar alrededor de 200 personas. Los espacios se alquilan en función del número de horas que cada trabajador utiliza al mes y, dependiendo de la tarifa que haya elegido, tiene derecho a más o menos horas de sala se reunión. Las salas también se alquilan a empresas y organizaciones que no son miembros de Impact Hub y con quienes, en ocasiones, co-crean eventos y formaciones. Cuentan también con varios espacios comunes, como un atrio de 100 m2, una biblioteca, un hall de entrada en cada espacio y cocinas u offices.

 

En Impact Hub conviven proyectos de todo tipo, que tienen como fin último generar impacto social, ya sean de base tecnológica, social, medioambiental o de economía colaborativa. Organizan eventos continuamente, como formaciones, talleres, charlas y programas de aceleración con organizaciones públicas y privadas. Para fomentar que los que allí trabajan se conozcan entre sí, hacen encuentros semanales a los que llaman Sexy Salads, en los que comen juntos todos los miembros del coworking. Aseguran que lo importante no es cocinar juntos, sino sentarse en la mesa, presentarse y abrir sus contactos. Cuentan con un host (o anfitrión) del día, cuyo papel es poner en contacto a los miembros por afinidades y crear “matches” de intereses.

 

Como aspectos positivos de trabajar en un coworking destacan el poder conocer muchos perfiles, empresas y proyectos interesantes para el desarrollo personal y profesional de una manera automática al compartir el mismo espacio físico. También, convivir con proyectos que pueden inspirar tu trabajo, crear nuevas ideas con empresas diferentes a la tuya, abrir la mente e intercambiar conocimientos. Están convencidos de que espacios como estos favorecen la cooperación, la flexibilidad, la apertura y la innovación que necesita tener una empresa para evolucionar y ser sostenible social y económicamente. En cuanto a los negativos, mencionan los que pueden surgir en cualquier convivencia que implique a muchas personas, es decir, los relativos al respeto en espacios comunes, el ruido, el posible desorden o la falta de cooperación en la recogida de utensilios utilizados (material de papelería, vajilla, etc).

 

La Industrial

 

La Industrial

 

El coworking de La Industrial, situado en la calle San Andrés, 8 –y con un segundo espacio para eventos ubicado en la cercana San Vicente Ferrer– lleva abierto desde noviembre 2012 y tiene capacidad para unas 50 personas.

 

Su modelo de alquiler de espacios es uno de los más flexibles: los espacios de trabajo se pueden alquilar por día o por mes, y también se pueden alquilar sus aulas y salas de reuniones. Como espacios comunes, cuentan con el office –con un par de mesas grandes, nevera y microondas– y las salas de reunión.

 

En la Industrial podemos encontrar trabajando a todo tipo de freelances con perfiles de lo más variado: diseño gráfico, comunicación, periodismo, programación, marketing digital, turismo, traducción, formación…

 

En el apartado de eventos organizan los Monday Tools, en los que proporcionan herramientas para mejorar la productividad, y los Meetups, relacionados con el emprendimiento. Además, cuentan con una persona que se encarga de conectar a los coworkers de diferentes maneras, aunque la más exitosa es la de las cocervezas de los viernes.

 

Desde La Industrial ven muchos aspectos positivos en el hecho de trabajar en un coworking, principalmente la posibilidad de hacer networking en un lugar donde se comparten, no sólo recursos tecnológicos, sino también intelectuales. En cuanto a los negativos, mencionan el hecho de que trabajar en un coworking representa una pequeña inversión, pero que a la larga sirve para crecer en un ambiente donde todos tienen objetivos en común: emprender, aprender y crear nuevas sinergias.

 

Espíritu23

 

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Espíritu23 abrió sus puertas en julio de 2012 en la calle a la que rinden homenaje con su nombre, Espíritu Santo. Su idea era la de crear un espacio abierto al barrio, en el que la gente pudiese venir a trabajar, pero también a proponer talleres y actividades. Afirman que desde el principio fueron muy bien acogidos por los vecinos. Se definen como emprendedores sociales que entienden su emprendimiento como un ejercicio en el que la rentabilidad no sólo se define en términos económicos, sino que también debe repercutir en la sociedad.

 

Su espacio cuenta con algo más de 400 m2 entre las dos plantas. En el espacio de coworking, en la planta calle, hay 35 puestos de trabajo. La planta baja, la de las actividades, tiene un aforo variable según el tipo de actividad. Está dividida en varias salas, dos de ellas de algo más de 40 m2 y otro par de unos 20, más un distribuidor, un baño y otras estancias. También cuentan con espacios comunes, como su llamativo porche abierto a la calle, luminoso y con una estética muy atractiva, gracias al mural que pintó allí su amigo Ricardo Cavolo. Ahí es donde se celebran desde eventos de diferente temática hasta pop ups, y es el lugar predilecto de desconexión y descanso para los coworkers que allí trabajan. Su sala de reuniones está disponible para los coworkers de forma gratuita y es un extra en el desarrollo de sus negocios. La cocina también es un lugar de reunión y socialización y un lugar de encuentro importante para los trabajadores y, además, puede alquilarse en la organización de eventos para caterings o brunchs.

 

En Espíritu23 siguen un modelo de alquileres flexibles, puesto que lo que buscan es que la gente se sienta cómoda trabajando allí. Los puestos de coworking se alquilan principalmente por meses o semanas, aunque también hay quien va por días. Las salas, por horas o por jornadas, y también por cursos o temporadas. La sala de reuniones, cuando no es utilizada por los propios coworkers, se alquila regularmente para reuniones de otros emprendedores o empresas que operan fuera de Espíritu23.

 

En cuando a las personas y proyectos que acogen en su coworking, afirman no hacer casting porque, insisten, lo que quieren es que la gente se sienta como en casa. Les gusta la diversidad, que es la clave del surgimiento de nuevos proyectos innovadores e interdisciplinares. Ahora, que están prácticamente llenos, tienen mucha gente que trabaja en comunicación, también otras personas en temas sociales, diseñadores, traductores, arquitectos. Hay un poco de todo y así todos se enriquecen unos con otros. En Espíritu23 han promovido encuentros con emprendedores, cursos de desarrollo empresarial y de conocimiento de herramientas de comunicación, talleres de robótica para niños, outlets de primeras marcas y mercadillos de segunda mano, obras de teatro interactivo y conciertos gratuitos. En la actualidad organizan además un proyecto llamado “DIY que sí”, que es un encuentro centrado en la filosofía del Do It Yourself, gestionado dentro de Espíritu23 en colaboración con Baldosas amarillas, un exitoso proyecto de esta popular temática tan de actualidad.

 

Para fomentar que los coworkers se conozcan entre sí, una vez al mes tienen un “aperitivo” para que los nuevos cuenten sus proyectos y se integren. Entre los espacios de trabajo compartido de Malasaña se organiza también el D.O Malasaña, un encuentro para los coworkings de la zona, donde se dan a conocer los proyectos de sus integrantes y cuyo objetivo es elegir uno y difundirlo a través de diferentes medios. En las actividades, talleres y cursos que se organizan en Espíritu23, los coworkers son parte importante e intentan que participen y se integren en la idea común del espacio, logrando una mayor cohesión que beneficie a todos.

 

Entre los aspectos positivos de trabajar en un coworking –y en él que coinciden todos los coworkers– destacan la idea de diferenciar el lugar de trabajo del lugar donde se reside, puesto que la mayoría de los coworkers son freelances que necesitan un espacio donde ser más productivos y separar trabajo y vida. Para ellos, el más atractivo es la idea de crear un networking o una red de contactos que les ayuden a diseñar su idea de negocio y seguir creciendo, así como crear nuevas asociaciones, al poder nutrirse de la interdisciplinariedad. Entre los negativos, en realidad más que por trabajar en un coworking, los ven por el entorno y las dificultades a las que se enfrentan los autónomos y pequeñas empresas en estos tiempos.

 

Lanau

 

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Lanau se ubica en el barrio de Lavapiés y cuenta con espacio para 40 coworkers y 10 cotrueques (pensado para los trabajadores con menos recursos económicos, a los que se les ceden espacios de coworking a cambio de colaborar en tareas y funciones del centro). En lo que a alquiler de espacios se refiere, en Lanau apuestan por un sistema de cuotas mensual, con el fin de propiciar una relación laboral más larga y duradera, aunque también tienen bonos por horas, que no son muy demandados.

 

En su espacio de la calle Mallorca, 4 disponen de dos salas, una para las reuniones de los propios coworkers y cotrueques –que pueden hacer uso de ellas sin abonar suplementos– que también se alquila por horas a profesionales externos al coworking, y otra sala para eventos y formación, cuyo alquiler no entra en la cuota mensual. Además, cuentan con casi 500 m2 comunes (vestíbulo, office, patio, sala de reuniones…).

 

En Lanau trabajan principalmente profesionales de la cultura y todas las disciplinas que esta conlleva, tanto en formato PYME como autónomos. Su finalidad es la de compartir para crecer. Lanau tiene un programa de actividades, donde los eventos son indispensables, principalmente cursos, talleres, mesas redondas y conferencias, aunque también hacen eventos para marcas y firmas de nuevos emprendedores y empresas consolidadas, que propician la creación de un tejido empresarial sólido y sostenible.

 

En cuanto a los aspectos positivos del trabajo en un coworking ponen el énfasis en la pluralidad y las sinergias que se crean entre los mismos profesionales que comparten el espacio. Afirman que el suyo es un lugar vivo, joven y dinámico, donde las ideas y proyectos surgen para hacerse realidad, y para ellos, ser coworker es un estilo de vida, es una necesidad. Por eso no encuentran ningún aspecto negativo en esta forma de trabajo.

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