Porno a mano

Desde las películas codificadas del Canal Plus hasta los gifs animados de Tumblr, la pregunta sigue siendo la misma: ¿en qué pensamos cuando nos corremos? Por Elena Cabrera.


30 mayo 2014

codificado

 

Mi amigo Jorge colocaba una silla en el centro del salón y se sentaba en ella para ver Canal Plus el viernes de madrugada. Como no tenía descodificador, apagaba las luces y se ponía las gafas de sol. Fuertemente empalmado, aseguraba que con su tecnología podía distinguir “lo suficientemente bien” culos y pollas.

 

Aquellas sesiones de porno gratis me sirvieron para aprender que, desde determinada óptica, los planteamientos más convencionales en torno al sexo audiovisual podían ser recodificados. Jorge, aún siendo gay, podía excitarse con una película de coitos heterosexuales porque sólo veía lo que quería ver. Y construía a partir de eso. Es verdad que luego le dolían los ojos de tanto guiñarlos, pero no menos de lo que le ardía el sexo.

 

Dejemos a Jorge con su erección y las voces distorsionadas de su televisor para hacer un fast-forward un par de décadas hacia adelante. A día de hoy, estoy muy orgullosa de que podamos hablar y disfrutar de postporno (o porno feminista o porno queer) que es subversivo porque empodera a las mujeres, no se olvida de la diversidad inter/trans/género) y visibiliza sexualidades no normativas que no son las que tenemos a mano. Pero este abrazo político al porno alimenta la culpa de quien secretamente (como yo) disfruta aún del porno convencional y prefiere mantenerlo en secreto, por el qué dirán las amigas.

 

“En serio, me encanta esta mierda” dice Elisa Victoria en lo que supone una brutal salida del armario tan sólo semejante a la de un crítico del Dirigido Por que admita amar sinceramente la saga de “Arma Letal”. Ante Elisa Victoria y su libro “Porn & Pains” (de la nueva editorial madrileña Esto No Es Berlín Ediciones) yo me pongo de rodillas y, si ella me lo permite, le chupo los stilettos.

 

elisa victoria

 

Cuando leo a la autora escribir que “la pornografía convencional ha sido más amiga mía que casi todas las personas que he conocido, me ha brindado más satisfacciones y me ha mostrado mayor fidelidad” pienso en esas amigas a las que aludía dos párrafos atrás. ¿Entenderán las pornofeministas y pornoterroristas que, como Elisa, me entrego con fascinación y devoción a la espectacular construcción de las sex starlettes?

 

Son superheroínas que, como las de los cómics, tienen su nombre de guerra y su identidad secreta: Silvia Saint / Silvie Tomčalová, Belladonna / Michelle Anne Sinclaire, Traci Lords / Nora Louise Kuzma, Kimberly Kane / Jamielynn Cowart, Sasha Grey / Marina Ann Hantzis. Ser dos te multiplica y te hace más potente, por muy sola que estés.

 

Lo que hace Elisa Victoria es un ejercicio de excitación de la fantasía, regodeada en la automemoria confesional que, quiera o no, roza territorios de iniciación donde tienen lugar los ritos de paso, las confesiones y las autoafirmaciones. Es un manual, no sólo de sus actrices porno favoritas, sino de instrucciones para empoderarse a una misma partiendo de las ficciones eróticas.

 

“Porn & Pains” son un par de gafas para ver el porno y correrte por motivos legítimos. Se parecen mucho a las gafas de Jorge, en realidad. “Aprovecho para agradecer también a todas las perras embusteras con las que me he cruzado” escribe Elisa a propósito de Jayna Oso, “por engañarme, por reírse de mí, por aplastar mi inocencia. A vuestra costa he nacido de nuevo. Cada uno de mis pecados ha sido purgado. Se acabaron la vergüenza, el arrepentimiento, el rencor”.

 

Habrá que ver cómo es la futura pornofagia de nuestras hijas, educadas política y emancipadamente en tiempos de postporno, poliamor y golfxs con principios. Pero eso es ya porno-ficción del futuro. Mientras tanto, nosotras, mujeres sexualmente activas, ¿qué hacemos con nuestros orgasmos?, ¿en qué pensamos cuando nos corremos?

 

He visto la hermosa película “Paradiso” en Filmin. Es un documental rodado en el último cine X de Madrid, el particular Duque de Alba. No es de extrañar que este haya sido el último de su especie. No es una película sobre el cine porno, sino sobre el amor por el cine. Los protagonistas son Rafael, el proyeccionista en un sentido general, pues proyectar, proyecta de todo, y Luisa, la taquillera, a punto de jubilarse. Son ambos el alma del negocio, rodeados de algunos de sus acólitos habituales. En el hall del Duque de Alba, en cuya pantalla grande se pasan pelis como “Ejecutivas agresivas”, “La mujer de mis sueños”, “Locuras en el campus” o “Compartiendo sexo entre amigos”, se habla de cine con más pasión que en los pasillos de los Renoir. “Me hizo llorar ‘El gran dictador’ porque dice verdades como templos” admite Juanito, uno de los protagonistas, que viste pantalones de camuflaje, chaleco de safari y deja alto el pabellón con expresiones castizas como “chúpate de esta breva, Manuela”. Luisa le mira con asombro: “con lo duro que tú pareces”.

 

En el Duque de Alba, el cine es vida y la vida es política. Luisa comenta que cuando hay películas de Rocco Siffredi, se nota. De ahí la conversación salta a Cicciolina y su doble carrera de actriz y parlamentaria italiana. Luisa responde que “hoy cualquiera puede ser diputado, te ponen en la lista y sales”. Quitando a Luisa y a su reemplazo, en “Paradiso” no salen más mujeres que las que gimen desde la pantalla. “Para mí no existe lo normal y corriente” le dice un hombre a otro, ligando, antes de adentrarse juntos en el patio de butacas. El Duque de Alba parece más un lugar en el que quererse y cuidarse que en el que consumir porno, para lo cual tenemos otros lugares inesperados, como Tumblr, por ejemplo.

 

 

Me gusta Tumblr porque puedes construir un timeline graduado según tus gafas de ver el mundo. No es como YouPorn o cualquier otra web dedicada a la guarrada. Tumblr es la calle Duque de Alba, donde está el cine del mismo nombre y que conecta Tirso de Molina con la Plaza de la Cebada. Es una calle fascinante en la que pasan mil cosas, pero todo depende de en qué esquina te pares a observarlas. Tumblr no es una web de porno, y en cambio, es el lugar donde la inflamación más se desborda, de todo cuanto tengo a mano. Mi dashboard allí me hace pensar en un lugar donde las drogas son legales y se compran en las farmacias. Mujeres atadas, bofetadas, mamadas, clítoris enfebrecidos, instrumentos de tortura, látex, cuero y encaje negro se revuelven con páginas de cómic, noticias de música, películas resumidas en diez fotogramas y el mayor semillero de gifs animados del mundo.

 

Un amigo cuya identidad mantendré en secreto me escribe que le gusta Tumblr porque “hay porno pero sin anuncios de tetas feas, esféricas, marrones, grandes de plástico”. El porno es un lugar donde hay tetas que te gustan por feas o por bonitas. Pero el porno no debería ser un lugar en el que hubiera anuncios, jamás. El straight porn es un lugar donde hay discursos dominantes y estereotipos que no nos gustan y que sustentan una industria que tampoco nos mola. Pero también es una habitación oscura con una silla en el medio, es un timeline, un dashboard, un imaginario privado en el que suceden cosas que no nos avergüenzan, aunque queramos someternos, aunque queramos dominaros. El porno es un lugar que, como en el cine, es un hall de entrada a un cuarto oscuro, donde no entran las cámaras.

11 diciembre 2015 by SABINA URRACA

De Madriz al campo (II)


Las criaturas urbanas tenemos un grave problema con respecto a la vida en la campiña, y es que nuestras mentes son tarros rebosantes de clichés cinematográficos.


10 noviembre 2015 by SABINA URRACA

De Madriz al campo (I)


La huida de Madrid, para que sea efectiva, debe hacerse al campo. Esta es la única posibilidad de desanudar temporalmente el vínculo con la capital.


21 octubre 2015 by REDACCIÓN

El futuro ya está aquí


Hoy, 21 de octubre de 2015, Marty McFly habría llegado al futuro. ¿Cómo se celebrará en Madrid este día de homenaje a “Regreso al futuro”?



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *