Prácticas artísticas feministas y cuir (Parte uno)

Una reflexión y conversación con Raisa Maudit, nucbeade y Yaby. Por Marta Echaves


17 abril 2019

“¿En qué momento el feminismo se convirtió en una palabra, que, ademas de hablarte a ti, también hablaba de ti, de tu existencia, en una palabra que te hizo existir?, ¿cuándo se hizo tuyo el sonido de la palabra feminismo?” Sara Ahmed

Manifestacion 8M de 2019. Fotografias por Catarina Botelho.

El otro día una amiga fue a fotografiar la manifestación del 8 de marzo. Decidió acercarse a retratar a las jóvenes que formaban parte de la manifestación estudiantil, y me contaba, emocionada, como sentía la fuerza de esa chicas que se sabían construyendo un futuro para ellas. Las que están por venir abren un mundo que no podemos ni imaginar, decíamos, fíjate en como miran a cámara y con que seguridad muestran sus pancartas. Aunque yo también había sido joven y estudiante, no fui tan orgullosa y conscientemente feminista hasta que llegue a la universidad. En mi época la mayoría de las adolescentes que conocí aun no se llamaban a sí mismas feministas. Yo tampoco. María Salgado en una conversación junto a Fran Cabeza de Vaca en torno a cómo surgió el proyecto Jinete Ultimo Reino recordaban con vértigo el Lady Fest de 2013(1) como ese momento previo justo antes de que todo estallara, cuando en Madrid “el feminismo era algo más secreto”. Ambos eran conscientes de que ahí ya estaba conjurándose algo, pero también, igual que yo, éramos incapaces de imaginar que poco después este sería un movimiento masivo capaz de convocar a 350.000 personas (según los datos oficiales) en el espacio público. Si atendemos a las cifras de las convocatorias del 8 de marzo de los tres últimos años, la escalada es impresionante. Escribo este artículo en este preciso momento. Intento pensar escribiendo qué significa y hacia donde nos lleva este río y este mar que somos nosotras una vez el feminismo nos hizo existir. Morir de éxito sería posible solo si olvidamos otros cuerpos, deseos y luchas por el camino (recordemos, “feminism will be intersectional or it will be a bullshit”(2)) Sería posible, sólo, si no dejáramos de escupir sobre sus tumbas. Sería posible, sólo, si dejamos que la palabra feminismo signifique todo o no signifique nada. Porque “si feminismo puede significar cualquier cosa (…) entonces es probable que tengamos que abandonar el término, o, como mínimo, restringir su uso a aquellas situaciones en las que estamos completamente seguros de poder explicar lo que queremos decir con él (3)”. Por qué, me pregunto, ¿si el capitalismo acepta al feminismo, de que manera como feministas podemos articular la resistencia?

Cuando me invitaron a escribir un texto acerca de las prácticas artísticas feministas y cuir en la ciudad de Madrid decidí que necesitaba antes poder conversar con otras, que no quería pretenderme una voz autorizada que desde una atalaya observa que está ocurriendo en la ciudad como si no formara parte del propio entramado. ¿De qué manera el feminismo nos enseña a estar y hacer con las demás, nos da el coraje para levantarnos las unas a las otras?¿Son mis propias prácticas artísticas feministas y cuir?, ¿acaso hacen de este mundo un lugar otro: más justo, menos sexista, menos racista, menos capacitista?, ¿de qué manera asumo y lidio con mis privilegios?, ¿soy feminista mientras pretenda seguir alimentándome del sistema artístico o justo estar ahí implica asumir y aceptar el rol de la aguafiestas y agujerearlo todo pero desde dentro del vientre de la bestia? No tengo respuestas, pero al conversar junto a otras sentimos afinidad en como, y que es lo que nos preguntamos y tenemos en cuenta cuando nos ponemos a trabajar en nuestros proyectos. Raisa Maudit me recibe en la nueva sede de S.A.D. Tenía muchas ganas de que nos juntáramos porque a ella fue a la primera artista que entrevisté cuando desde el equipo editor de Desiderata (4) nos emparejaron para que escribiera un texto sobre su performance Lectura y adoctrinamiento. Yo hacía no tanto que había vuelto de Barcelona de cursar el PEI (5) y empezaba una nueva etapa de mi vida aquí en Madrid. Al hablar con ella me sentí arropada, había cierta ética y provocación en su trabajo con el que podía identificarme. Cuando retomamos la conversación con la excusa de esta entrevista sus respuestas me ayudaron a comprender cosas que a mí misma, en mi trabajo, me habían pasado. Los cuidados y los afectos se han vuelto un mantra que todas repetimos en nuestras presentaciones y discursos, pero si pones los cuidados por encima de los autocuidados podemos acabar en situaciones complejamente violentas. Ambas hablábamos como comisarias, gestoras, organizadoras… porque es desde cierta posición de poder y de anfitriona, es decir cuando tu invitas a otros a colaborar contigo y pretendes una horizontalidad, que la situación puede revertir en lo que yo he llamado relación vampirica. Se suman dos complejidades, por un lado la problemática de como un cuerpo leído como mujer que ostenta el poder, asume y expresa ese poder, queriendo evitar el autoritarismo y su manifestación como privilegio de la masculinidad. Y por otro lado, el choque con una realidad que sigue siendo patriarcal, donde aunque tu voluntad sea feminista no necesariamente los que trabajan contigo tienen la misma sensibilidad o, donde desde la también vulnerable posición del artista respecto al comisario la relación termina asumiéndose en términos agonistas. Al respecto, comentamos como el arquetipo del comisario autor o estrella (casi siempre hombre) característico de una época ha dado paso a una figura comisarial femenizada. La comisaria entendida como una figura de los cuidados es la única que me interesa, pero reconozco que tomarla como un punto de partida y no como un proceso de desaprendizaje y aprendizaje me ha situado en posiciones muy vulnerables. El contexto laboral donde se enmarcan nuestras prácticas se caracteriza, en general, por un alto grado de competitividad e individualismo, en la mayoría de las ocasiones fomentado por las inestabilidad y precariedad. Acumulamos malestares cuyos efectos se encadenan rebotando en diferentes contextos. Llegamos quemadas a los siguientes proyectos y en muchas ocasiones esto genera una ola expansiva que reproducen hacia fuera las violencias que en nosotras se han volcado anteriormente. Me ha pasado que después de una llamada hostil con algún trabajador de alguna institución que me a tratado abusando de su posición de poder, el mail que he tenido que mandar después a otra persona que nada tenía que ver con mi conflicto anterior ha sido tecleado con furia, o que el mail que he recibido después ha sido leído con sospecha y contestado sin los cuidados requeridos. La sensación de querer tirar la toalla se repite al menos una vez al mes, al sentir que el contexto donde quiero trabajar y del que pretendo vivir es invivible.

Raisa habló de la asunción de cierto fracaso. Un fracaso personal al asumir que el objetivo de poder gestionar de otras formas su espacio, los proyectos y las artistas que por ahí pasaron, se había vuelto en numerosas ocasiones en su contra. Un fracaso, diría yo también que colectivo, al no haber posibilitado que esas otras formas fueran asumidas de forma generalizada por todas en su radicalidad y en el gozo del lugar de quien siempre está aprendiendo de nuevo como tratarnos y cuidarnos. Este fracaso ha de ser entendido en su doble sentido, como un autocuestionamiento y una  necesidad de dar visibilidad a lo que no funciona, pero también como un reconocimiento de que quizás nuestras prácticas fracasan dentro del orden  heteropatriarcal colonial y capitalista. Fracasar quizás nos posibilite seguir trabajando con la alerta de que nuestras formas de hacer se ven constantemente amenazadas por un mundo que sigue siendo anti feminista a pesar de todo. Fracasar quizás signifique hacer las cosas de verdad de otra manera y en base a otros objetivos, dejando de lado el éxito tal y como es entendido dentro del sistema artístico y construyendo otras alternativas.

Nebraska Club en SAD. Club de reunión e investigación en torno al fracaso .Fotografia cortesia de SAD.

Junto a nucbeade tuvimos una conversación muy interesante respecto a la productividad y los tiempos de investigación y trabajo que nos llevan nuestros proyectos, y si estos podían verse siempre sometidos a los tiempos de las convocatorias. La dependencia a este tipo de concursos, que de nuevo nos colocan en un lugar de competitividad entre todas nosotras, cuyos criterios no atienden a marcos de sostenibilidad ni cuidado, y en ocasiones hasta fomentan la mala praxis en cuanto a remuneraciones y condiciones laborales se refiere, produce ansiedad. nucbeade prefieren no ser tan visibles, ni cosechar un listado abundante de premios y becas a pesar de que saben que ese es el capital simbólico necesario para poder tener alguna oportunidad en este nuestro entramado. Marcan sus propios ritmos de producción, sujetos a las temporalidades que cada pieza y proyecto las requiere, poniendo entre paréntesis esta versión de F.O.M.O (6) al que nos sometemos cuando nuestra práctica es codependiente del calendario que imponen las convocatorias. En este sentido ellas asumen una renuncia, pero también una libertad y una defensa clara de una ética del trabajo propia, con la esperanza política de que la suya es una posición estratégica dentro de una lucha que ya está teniendo lugar. Es en su actitud que puedo aprender con admiración pequeños gestos que nos ayuden a imaginar otras formas de hacer y resistir. Hablando con Bea Botas y Alberto Vallejo, al frente del espacio non profit Yaby, puedo sacar en claro otro aprendizaje, sobre todo en lo que respecta al trabajo curatorial. Me cuentan lo importante que fue para ellas y sus formas de operar con el espacio, los artistas y proyectos que por ahí pasan, la experiencia que tuvieron montando Cave in Grotesque. Decir que Yaby es un espacio humilde y pequeño, y que las proyectos que ahí se muestran están muy condicionadas por el propio espacio. Durante los días previos al montaje se convierte en el lugar de trabajo de los artistas que exponen, quienes entran y salen y prueban y ensucian con la libertad que necesitan para poder llevar a cabo sus piezas. Cuando le abres tu “casa” a una persona que conoces poco o con la que antes no has trabajado, hay una generosidad y confianza que condiciona todo el desarrollo del proyecto. Un día antes de la inauguración cuando Bea y Alberto llegaron al espacio se dieron cuenta de que lo que ahí encontraron nada tenía que ver con el proyecto curatorial que habían imaginado y conversado con los artistas. Y esto no fue un problema sino que fue mágico. Ceder y escuchar, dejar que las otras también te parasiten, perder el control de la exposición, es algo que la lógica de la autoría y la propiedad no posibilitan. Por el contrario Yaby decidió que eso que ahí había sucedido tenía que volverse su forma de hacer.

Vistas de la exposicion Cave in Grotesque en Yaby. Fotografia cortesia de Yaby.
Vistas de la exposicion Cave in Grotesque en Yaby. Fotografia cortesía de Yaby.

Construir espacios seguros para nosotras que posibiliten otras prácticas y afectos es fundamental porque esos espacios se vuelven máquinas que reproducen otras lógicas, convirtiéndose en referentes que nos enseñan que otros mundos son posibles. Madrid puede ser un contexto atravesado por el (trans)feminismo si cuidamos y nos cuidan, si nuestras prácticas activan la sororidad, si estamos dispuestas a desaprender y si somos beligerantes cuando las situaciones lo requieran, asumiendo las consecuencias que esto podría implicar para nosotras, y aceptando que necesitamos abrazar el fracaso si eso significa poder defender otras expectativas y experiencias del éxito. “Frente al mundo recto, blanco, heterosexual, el mundo zurdo está habitado por todos los marginados del mundo white-right: los grupos raros, los que no pertenecen a ningún sitio, las ilegales, los espaldas mojadas, los gay y las queer, las trabajadoras itinerantes, todos aquellos que desafían el orden establecido y constituyen una amenaza para el mismo. Desde el mundo zurdo, nos dice Anzaldúa, podemos proponer formas diferentes de habitar, de convivir. Porque solo desde ese mundo torcido se pueden pensar y reconfigurar otros mundos posibles, en los cuales construir, con nuestras propias maderas, argamasas y ladrillos feministas universos distintos, comunidades, relaciones y afectos diversos”(7).


  1. Contra el ímpetu desarrollista, Ladyfest habla de la colectividad de aquello que no se gasta sino que se comparte, se resiste y se practica desde el rechazo a la lectura unívoca impuesta sobre los cuerpos. Esta manera propone nuestra fuerza y el control de nuestra historia.
  2. Visto en http://tigerbeatdown.com/2011/10/10/my-feminism-will-be-intersectional-or-it-will-be-bullshit/
  3. Visto en https://www.pagina12.com.ar/33414-mujeres-interesantes
  4. Desiderata es un resultado del proyecto “Encabezamientos de Materia” coordinado desde la Biblioteca de La Facultad de Bellas Artes UCM que reflexiona sobre la comunidad LGTBIQ+ , las cuestiones de género y el mundo bibliotecario
  5. Programa de Estudios Independientes, un proyecto de pedagogia radical del Museo de Arte Contempoaneo de Barcelona, que en mi edicion fue dirigido por Paul B. Preciado.
  6. Fear of missing out, en su traducción al español como miedo a perderse algo.
  7. En https://www.elsaltodiario.com/el-rumor-de-las-multitudes/barbara-y-mestiza-el-feminismo-de-gloria-anzaldua

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