PRÁCTICAS ARTÍSTICAS FEMINISTAS Y CUIR (PARTE DOS)

Audre Lorde, Ajuar, Vaciador, Sara Ahmed, Javier Marquerie Thomas y otras derivas, prácticas y cuestiones feministas.


15 mayo 2019

No soy alguien equivocado: Equivocada no es mi nombre
Mi nombre es mío mío mío
y no puedo decirte quién demonios organiza las cosas así
pero puedo decirte que desde ahora mi resistencia
mi sencilla y diaria y nocturna autodeterminación
puede perfectamente costarte la vida (1)

June Jordan

 Ajuar despues de una actuacion. Foto: Dani Cantó

Terminaba mi articulo anterior invitándonos a pensar y construir espacios seguros(2), que pongan en circulación otras prácticas y otros afectos; espacios que nos hagan un lugar, a nosotras, las aguafiestas y torcidas. Cuando en nuestras conversaciones pregunté que sitios dentro del circuito artístico de la ciudad nos hacían sentir seguras, la respuesta que se repitió en todas las artistas con las que hable fue unánime. Ninguno. Había solo una excepción: todas hablaron de Vaciador, y de cómo ese había sido de los pocos espacios de la ciudad donde se habían sentido como en casa (3). Que todas nombraran Vaciador reconozco que me emocionó, en parte porque yo también tenía la misma sensación y experiencia, y en parte porque sentí la nostalgia con la que hablábamos de un tiempo y un espacio que parecen deshacerse poco a poco. Vaciador como ellas mismas escribieron en su web, “es un espacio de creación, independiente de los circuitos convencionales del arte y del mercado actual. Disgustados por el poco poder de decisión que tenemos como personas, por las superficiales relaciones que se dan en el mundo del plástico y del capital en el que vivimos, proponemos funcionar entre todxs de otra forma” (4). El marcado acento autogestionado y anticapitalista de este lugar dice de nosotras, que hemos necesitado de un espacio así definido para poder bailar, desear, crear, que nuestro (trans)feminismo no se conforma con la igualdad sino que es una combate, aunque parezca de baja intensidad, por cambiar radicalmente nuestras formas de habitar, compartir en este mundo. Resistir e inventar también implica encontrar la forma de acomodarnos en las trincheras. Escribo este texto días antes de unas elecciones generales que amenazan con poner en peligro nuestra vida, justo cuando empezábamos a poder, de verdad, instaurar otra mirada, otra sensibilidad y otro estar junto a las otras. Cuando empezábamos a poder acabar con este mundo haciendo de su estertor nuestra digna rabia, que anunciaba sin concesiones el fin de su tiempo y sus cosmogonías. No tengamos miedo.

Cuando hablamos de espacios seguros estamos hablando de la potencia del cuidado y del encuentro, de familias escogidas, de la importancia de un nosotras que nos acoja con los brazos bien abiertos. Las familias sanguíneas pueden hacernos infelices, Sara Ahmed ha insistido bastante en esta cuestión de la mesa familiar como el lugar donde somos constantemente señaladas por ser las que arruinan la cena, y el rechazo se cristaliza (5). Esta imagen de la familia escogida también pone en cuestión la centralidad de la familia heterosexual y monógama haciendo descarrilar la maquinaria que reproduce un mundo donde muchas no tenemos un lugar, y un mundo que parece desesperado por destruirse a si mismo. Cuestiones como la xenosoliraridad o la xenohospitalidad, que invitan a hacer parientes y no hijos, a inventar otras formas de alianzas y formas de reproducción contrasocial, al poner el acento en ese prefijo, xeno, tambien nos devuelve una advertencia. Ese encuentro no puede darse solo con la mismidad. “Se trata de construir una solidaridad orientada hacia afuera con lxs extrañxs, lxs desconocidxs y la figura de lxs extranjerxs” (6). No permitamos que mujer signifique una única cosa, y no asumamos que las opresiones que sufrimos en tanto “mujeres” son las mimas o se dan con la misma violencia e intensidad en nuestros cuerpos. El feminismo blanco ha significado en demasiadas ocasiones ser una amenaza ante la cual han tenido que crearse espacios seguros para protegerse de nuestra hostilidad: “Y no os engañéis, necesitamos curarnos. Desde el sufragismo, en el que se nos pedía marchar en la parte trasera, hasta hoy, cuando se nos calla y se nos acusa de dividir la lucha, las feministas blancas nos habéis abierto heridas que se suman a las heridas que el cisheteropatriarcado blanco burgués y capacitista ha generado en nuestras cuerpas” (7). Y aquí he de detenerme para reconocer que todas las personas con las que he conversado para escribir este artículo eran blancas, y por eso este texto es excluyente. Deberíamos quizás mejor titularlo “Practicas artísticas blancas, feministas y cuir”. Y no es que no existan artistas racializadas en una ciudad como Madrid, todo lo contrario, considero que estamos en un momento muy importante a este respecto y que quizás yo como feminista blanca lo que tenga que hacer ahora es dejar de escribir, y escuchar. Podría haber dado voz a estas artistas, pero sinceramente me parecía una impostura. Un gesto hueco que no hacia más que reproducir mis privilegios, y que para nada estaba tejiendo alianzas para un feminismo radicalmente interseccional. Después de esta reflexión no sé como continuar este texto, llevo una rato incómoda sin poder seguir tecleando. Una forma podría ser animando desde aquí al equipo de editores de esta revista a que inviten a autoras y artistas racializadas a que puedan escribir sobre su propia experiencia de las practicas artísticas y cuir en esta ciudad. Otra seria, como ya he señalado simplemente dejar de escribir, y concluir abruptamente este texto. 

Escena de Extraoceanic de Javier Marquerie Thomas. Foto: Arturo Laso, La casa Encendida

*

Confío plenamente en la capacidad que tienen determinas prácticas artísticas para ofrecernos un horizonte de imaginación política radical que permita inventar y crear herramientas, que no sean las del amo, para desmontar la casa del amo. Siguiendo con Audre Lorde ella ya advirtió “La supervivencia es aprender a mantenerse firme en la soledad, contra la impopularidad y quizá los insultos, y aprender a hacer causa común con otras que también están fuera del sistema y, entre todas, definir y luchar por un mundo en el que todas podamos florecer. La supervivencia es aprender a asimilar nuestras diferencias y a convertirlas en potencialidades” (8). Si la escena feminista de Madrid no es un espacio seguro para todas, al menos de momento, especulemos con esa referencia a la dimensión temporal (ese de momento) para encontrar un vía cronopolítica que augure otro presente. Cuando las chicas de Ajuar, quienes se reapropian de un género como la jota para reescribirlo en clave antiheteropatriarcal, me hablaron del filandón, no pude evitar sentir cierta esperanza. El filandón era una reunión que se hacía en el norte de León, en el sur de Asturias y algunas partes de Galicia, en la que se reunían las mujeres a tejer y a hilar en una casa y así compartían el fuego y contaban historias Al revisitar este formato Ajuar se abre a la posibilidad de encontrarse con mujeres de otras edades y contextos sociales, donde es desde las diferencias que rearticulan una posible alianza, al menos durante ese tiempo que dura el filandón. Al reivindicar de alguna manera una filiación con esta práctica de un pasado rural, ellas también escogen una familia aunque no sea coetánea. Esta posibilidad de entender que en el presente del nosotras hay  un pasado y un futuro, que nuestras historias y genealogías son disruptivas y por lo tanto es necesario que las rehagamos constantemente, permitiendo que el deseo emerja en nuestra forma de historiografiar, aliándonos y alineándonos con aquellas otras que nos precedieron. Somos todas ellas: sus resistencias, sus encierros, sus secretos, sus estrategias de supervivencia, sus condenas, sus deseos… todo esos gestos viven en nosotras cada vez que devoramos el miedo. Tenemos que elegir a nuestras muertas, es más, tenemos que escuchar cómo esas voces anidan en nuestras gargantas, tenemos que ser con las que ya no están y también con las que estarán. 

La ciencia ficción siempre ha sido un terreno fértil para aquellos a quienes la Tierra les parece más bien el infierno de otro planeta. La especulación permite abrir mundos donde nuestros cuerpos podrían encontrarse, utopías que en autofeedback performarían espacios y tiempos seguros para nosotras. Tiempos y espacios donde quepan todas las hermanas y no solo las blancas. Me interese por el proyecto Extraoceanic de Javier Marquerie Thomas cuando vi unas piezas suyas en una exposición en Yaby (9) y sentí fuertemente esa pulsión especulativa de quien sabe que es fundamental la utopía para poder crear un espacio (y tiempo diría yo) seguro e inclusivo donde quepa toda la diversidad racial y de género de la comunidad queer. En la pieza que estrenó en La Casa Encendida hubo una escena que me fascinó especialmente, el momento en el que aparece un entrenamiento. Vemos el cuerpo del performer ensayando con nuevas posibilidades de movimiento, como si estuviera preparándose para tener que adaptarse a otro ecosistema, con otra gravedad, con otras propiedades físicas. El cuerpo repite y fracasa, una y otra vez, sus extremidades tiemblan agotadas, resisten y vuelven a intentarlo, insisten y poco a poco empiezan a balbucear otra gestualidad y formas de desplazarse en el espacio, inventando una otra gramática de movimientos para poder adaptarse a las condiciones de vida que están por venir. 

Audre Lorde

Entrenemos pues, desaprendamos y aprendamos, revisemos nuestros privilegios e interseccionalicemos nuestra lucha, no descansemos hasta que esta guerra acabe, si es que algún día termina por acabar. Y recordemos que el nosotras no puede ser secuestrado, que el feminismo sera con “las racializadas, las trans, les no binaries, las neurodivergentes, las psquiatrizadas, las discapacitadas, las putas o no será” (10).

1.Para leer el poema entero consultar aquí
2. Reconozco que el uso de la palabra seguridad a la hora de hablar de espacios donde el heteropatriarcado, el racismo, la homofobia y transfobia, etc. se quedan en la puerta, me genera una fuerte tensión debido al matiz securitario e higienista que evoca.
3.Este artículo es un relato personal y por lo tanto parcial, no todas se sentirán idintificadas con el panorama que describo, pero prefiero hablar de un Madrid situado que pretender cierta objetividad.
4. http://vaciador34.blogspot.com/
5. Ahmed, Sarah, La promesa de la felicidad, Caja Negra Editorial, Buenos Aires, 2019, p 55.
6. Hester, Helen, Xenofeminismo. Tecnologías de género y políticas de reproducción, Caja Negra Editorial, Buenos Aires, 2018,  p 71
7. https://kaosenlared.net/todas-hermanas-o-solo-las-blancas-reflexiones-sobre-el-8m/ . Para entender el marco del comunicado leer también
8. Audre Lorde, La hermana, la extranjera. Artículos y conferencias. Ed. Horas y horas, Madrid, 2003, pp. 115
9. http://yaby.org/
10. https://www.pikaramagazine.com/2019/03/comunicado-companeras-racializadas/



17 abril 2019 by MARTA ECHAVES

Prácticas artísticas feministas y cuir (Parte uno)



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