Protégete

(O por qué estoy de acuerdo con una campaña sobre los peligros de las redes sociales). Por Filósofa Frívola


15 septiembre 2015

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“Nunca abrirías tu hogar a un desconocido. ¿Por qué permites que cualquiera entre en tu vida digital?

 

Esto reza un cartel muy bonito que me he quedado mirando en un andén durante la cotidianísima espera de un tren metrodemadridense. “PROTÉGETE”, en mayúsculas (yo le habría puesto exclamaciones, pero para gustos la puntuación). En el cartel podemos ver un salón plantado en medio de una plaza típica de PAU de Fuencarral-El Pardo. Los muebles del salón mid-century-ikea, muy lejos de lo que a la mayoría se nos viene a la cabeza cuando pensamos en hogar, ya que éste suele parecerse más bien a la ya mítica cocina de Pablo Iglesias. En el cartel hay peña perturbando la paz de unas personas que están en su salón super open-concept. La reina de la casa está compartiendo un selfie de “peli y mantita”, mientras que él está mandando a fregar a una feminazi en twitter. Hasta aquí todo normal. Pero hay intrusos. Intrusos malos y cotillas.

 

El mensaje del cartel tiene razón. Tenemos que protegernos. Sobre todo del señor que está sentado en su sofá con cara de no haber roto un plato, cuando en realidad está comentando la jugada en forocoches. Desde luego que de la que más me fío es de la señora que pasaba por allí. Pero basta ya, vamos a la parte de concienciación, que es lo que importa. Y es que el mensaje de esta campaña da en el clavo. Nosotras las feministas lo sabemos bien: cuando nos atacan cada día y nadie hace nada, únicamente nos queda recurrir a la autodefensa. En efecto: a la vida digital también tenemos que salir con las llaves de casa entre los dedos o con un bote de laca Nelly travel size.

 

…Que esté yo diciendo esto… Yo, firme defensora del internet y su provechosidad… ¿Cómo pasé de defender la transparencia y la libertad absoluta a la hora de compartir la vida de una en las redes sociales a prácticamente culpar a la víctima, como hace este paternalista mensaje gubernamental? Pues básicamente, hablando en plata, en pocas palabras, y yendo al grano: a base de hostias, que, no nos engañemos, es como se aprenden las lecciones más importantes de la vida.

 

Cuando, hace ya algunos años, me adentré en este mundo “virtual”, perfecto para quien quiere compartir inquietudes, difundir, y conocer gente afín sin el engorro de salir a la luz del sol, estaba convencida de que con apertura, sin secretos y siendo plenamente yo misma, carecería de puntos flacos para  potenciales enemigos, que en internet, como en la calle, puede ser cualquiera. Soy bastante imbécil muchas veces, pero con esta inocencia desde luego que me coroné como reina de la imbecilidad. ¿Por qué me fustigo?

 

Porque las redes sociales (o la “vida digital”) son una arena de combate llena de a) gente dispuesta a liberar adrenalina a base de machacar al prójimo y b) gente a la que le encanta ver el espectáculo desde las gradas, ya sea jaleando o en silencio. Ahí es donde yace el problema y el motivo por el que le estoy dando la razón a una campaña a la que hace un año habría puesto a parir. Siempre me he referido a mis redes sociales como “mi casa, mis normas”. Quien entra en mi casa y no se comporta de la forma que espero, va fuera, sin ambages. A mi casa no invito a racistas, ni a machistas, ni a groseros en general, ni a listillos, ni a trolls de cualquier jaez. En mi casa se habla de lo que yo quiero, cuando yo quiero, y si no contesto a algo porque no me da la gana, estoy en mi derecho. No le debo nada a nadie, y menos a un desconocido al que invito por primera vez. Es mi casa.

 

Lo que me lleva a preguntarme: ¿Es realmente mi vida digital como mi casa? Esta “metáfora” no está mal, pero tiendo más a pensar que la vida digital es una prolongación de ti, de tu persona, no un espacio que ocupas. Tus redes sociales son tú, y tú eres tu cuerpo, y tu cuerpo es tuyo, tuyo tuyo, sólo tuyo.

 

Sin embargo y desgraciadamente, la concepción de las redes sociales que impera es que éstas son un “lugar” “público”, donde “público” suele querer decir “territorio sin ley”. Veamos algunos ejemplos: “Como es una red social PÚBLICA te llamo malfollada“, “Como es PÚBLICO me meto a joder una conversación entre dos personas que no conozco de nada”. Exacto, lo típico que haces cuando hay dos personas hablando en un banco, y vas y te sientas en medio para dar una opinión que nadie te ha pedido. O como cuando pasa una desconocida por la acera y la mandas a fregar. Lo típico que todos hacemos en lugares públicos.

 

“¡Bloqueas mucho!” es uno de los más cansinos y repetidos quejidos del abusón llorica de redes sociales. Como si en mi casa o en un bar tuviera que quedarme a escuchar impertinencias, o estar en conversaciones que no me interesan, o viendo a gente que me cae rematadamente mal. Hay una especie de derecho romano tuitero, plasmado en un manual que estos cafres que dominan la red se han inventado, que dice que no te puedes marchar en medio de lo que ellos tienen los huevos de llamar “conversación”. Si lo haces, eres una intolerante. No te interesan otras opiniones. Eres una déspota tuitstar que se mira el ombligo. Así que te tienes que dejar vapulear como un muñeco de trapo si quieres seguir su absurda etiqueta ¡Dejas de ser dueña de ti misma para no ser maleducada y pasas a convertirte en el objeto de las frustraciones de un otro que no sabes ni quién es! ¿Pero cómo hemos llegado a este punto? ¡Hasta se hacen chistes con personas que “bloquean mucho”! Hay internautas aplaudidísimos que se jactan de haber sido bloqueados por millardos de usuarios, como si ser un brasas malnacido fuera una proeza, como si que te echen de un bar (oliendo a pota fresca) porque te estabas restregando contra una chica fuera digno de un número de Hazañas Bélicas.

 

El caso es que el comodín de “¡¡¡Público!!!” a mí dejó de valerme hace tiempo. Ahora estoy con el cartel, a tope con la autoridad. Os digo lo mismo que nuestros cargos electos democráticamente: Protegeos, porque ni la honestidad, ni la didáctica, ni intentar ser majos con todo el mundo os salvará. En internet no hay leyes como en el espacio público o como en casa de una. Es otra categoría, es un mundo aparte, sin control, sin castigo, donde el más fuerte, aunque sea el más idiota, siempre gana. Así que por favor, haced caso a las autoridades sanitarias, pero sobre todo a esta perra vieja. Protegeos, porque los agresores, stalkers, trolls, y joyitas varias no van a parar.

 

Si creéis que tenéis la fuerza suficiente para permitir entrar en vuestra casa a unos chavales que conocisteis una noche y que se apalancarán en vuestro sofá y no habrá quien los eche; si créeis que podéis lidiar con fuerzas desatadas, con el abismo y el horror de la humanidad perversa amparada en el anonimato, adelante, lanzaos a la arena. Yo no. Yo ya me cansé de salir a la calle en minifalda. Es cobarde y ¿es una derrota? Quizás sí, pero también es mi venganza. Os aseguro que en mi casa no van a entrar más porque he cogido las maletas y me he ido. Y es que colarse en una casa a tocar los cataplines al personal y que nadie te reciba llorando y suplicando clemencia es muy aburrido.

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