Quieto todo el mundo

Del 18 de Enero al 22 de Febrero, el Centro de Arte Dos de Mayo de la Comunidad de Madrid ofrece un ciclo que recorre la década de los ochenta que enseña otra cara del cine español. Por María Aller


15 enero 2015

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Los ochenta no fueron tan nuestros. Por mucha movida madrileña que se importase al exterior. Tocaba modernizarse, al menos eso era lo que prometían los nuevos gobiernos, preocupados en eso de “consolidar la democracia”. Una puerta esperanzadora se abría para dejar entrar aires de renovación, de reformulación, de luz. Pero no era tarea fácil.

 

El cine también se hizo eco de esta contrariedad, y mientras las comedias ligeras de Colomo enseñaban a unos ciudadanos hilarantes y progres, había otros directores que recogían la desmaña de estos años.

 

Ahora el CA2M Centro de Arte Dos de Mayo de la Comunidad de Madrid presenta una selección de estos cantos desgarradores; dentro de la programación de “Cine los domingos”, disponible durante todo el año, comienza el ciclo Quieto todo el mundo, del 18 de Enero al 22 de Febrero. El proyecto está comisariado por el colectivo de cine Los Hijos, como siempre inclinado a ofrecer otras narrativas fuera de los márgenes y proponer un canon diferente. Ellos han seleccionado seis películas que hablan sobre la inmadurez española en esos primeros años de democracia.

 

Los Hijos llevan ya unos cuantos años vinculados al Centro de Arte Dos de Mayo, bien con talleres de cine experimental o programando cine español. Fueron ellos los encargados de un ciclo anterior, La ciudad es nuestra, dedicado a la filmografía de los setenta. En cada decenio hay un trabajo de campo muy diferente, pero es que diferente era lo que se respiraba: mientras que los setenta representa una época de ilusión por el nuevo cambio y lucha -al menos eso es lo que se saca del cine de esos años-, el consiguiente periodo exhalaba estatismo, ignorancia y desencanto, mucho desencanto.

 

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Dos décadas, dos visiones

 

“Esta muestra es una prolongación del anterior, donde se hilaban formas diferentes de hacer películas y enseñar cine español”, explica Luis López Carrasco, cineasta e integrante de Los Hijos. Con este ciclo, el colectivo deseaba sensibilizar con otra visión del cine español, y también construir un relato de un modo más plural la realidad social de España.

 

En los setenta las películas hablaban de la heterogeneidad, de las formas de convivencia de cara a la ilusión que había por cómo sería el país que vendría después de la dictadura, mientras que en los ochenta vemos un paradigma social y cultural muy distinto al que se prometía en la década precedente”, explica. Por tanto, estos ciclos son radiografías de cada una de las etapas, diferentes de los clichés que tenemos los españoles del pasado más cercano.

 

“Nuestro objetivo es que, de alguna manera, el ciclo sea un muestrario de una década en concreto” comenta López. “Nos llama mucho la atención que el cine setentero español es más diverso: hay mucho más documental, más cine de serie B, tienes género, tienes cine de autor, etc. Después, a medida que la transición se estabiliza, se hace todo más homogéneo. Sin embargo dentro de la misma encontramos que hay motivos recurrentes que describían un panorama bastante distinto al anterior: antes había películas que hablaban de la colectividad, se veía una sociedad más entrelazada, después en los ochenta hemos visto, para nuestra sorpresa, que hay mucha película que hablan de lo contrario: gente sola, que no tiene objetivos, que está completamente desconectada de la realidad en ciudades parcialmente vacías,… En este ciclo hemos querido reflejar ese desaliento que condiciona la forma de entender la cultura y las relaciones sociales”.

 

Hay muchas situaciones de ensimismamiento, con universos muy autorreferenciales, un tema común que va acorde con el título del ciclo, muy relacionado con esa sociedad paralizada que nace tras el golpe de estado. “Uno tiende a pensar en dos clases de cine de esos años: la comedia urbana que nace de Colomo y Trueba, y que enmarca el cine comercial de los ochenta y luego el cine promovido por la Ley Miró, películas hechas a base de prestigios, de adaptaciones literarias, con buen reparto, etc. Y sin embargo hay películas que se quedan fuera de esto; esas son las que proponemos”.

 

Aunque no lo parezca, los títulos, como en la anterior ocasión, recorren una linealidad. Si el anterior era una senda dirigida hacia al deterioro que empezaba en La ciudad es nuestra (Tino Calabuig, 1975) yconcluía paradójicamente en la democracia con Navajeros (Eloy de la Iglesia, 1980) y Después de… primera parte: No se os puede dejar solos (Cecilia y José Juan Bartolomé, 1981), ahora el testigo continua donde se dejó para reflejar a clases medias que supuestamente iban a alcanzar su esplendor, premisa muy equívoca.

 

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LAS VERDES PRADERAS, José Luis Garci, 1979

Alfredo Landa dejaba de lado las suecas y el Seat 600 para triunfar en la gran ciudad. Él personifica en la historia de Garci esa decepción latente de un hombre inmerso en la persecución de un sueño no tan americano y más ibérico. “Es una película disfrazada de comedia pero que encierra un mensaje de crítica hacia la felicidad que prometía el desarrollismo franquista”, explica Luis.

 

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VIDA / PERRA, Javier Aguirre, 1982

Cine experimental. Es una adaptación literaria, que muestra una vivencia fantasmal en una mujer soltera de provincias, “que parece recordar el pasado de la dictadura que no se puede nombrar”.

 

CUERPO A CUERPO, Paulino Viota, 1984

“Es una de las piezas clave de la muestra. Viota – un cineasta muy desconocido pero que ha sido recuperado- plantea un paisaje y personajes muy similares a los de Opera prima (Clase media, gente joven, etc.) pero que es menos estabilizadora y muestra una sociedad en el limbo”

 

gritos a ritmo fuerte

 

GRITOS… A RITMO FUERTE, José María Nunes, 1984

Un documental sobre bandas de rock. Nunes retrata en la Barcelona de 1983, mediante una recopilación de testimonios, la incapacidad de unos personajes a insertarse en el nuevo mundo en el que se encuentran.

  

EPÍLOGO, Gonzalo Suarez, 1984

Suárez pone frente a frente a José Sacristán y Paco Rabal en este drama. Es una muestra intelectual donde el cine y literatura se unen para hacer una reflexión del acto creativo.

 

el encargo del cazador

 

EL ENCARGO DEL CAZADOR, Joaquín Jordá, 1990

Es un documental donde se ve cómo la elite económica y franquista de los sesenta se viene abajo. Un repaso de la vida de Jacinto Esteva, recordado por sus familiares y amigos. Un icono del franquismo decayendo mediante desgarradores testimonios.

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