R de resistencia o la vergüenza de ser hombre

Ramón Mateos traduce datos estadísticos en expresiones artísticas en “R de resistencia o la vergüenza de ser hombre”, hasta el 17 de junio en Tabacalera Promoción del Arte. Por Nerea Ubieto.


22 mayo 2018

Ramón Mateos viene a hablarnos de un tema duro, difícil de tratar sin caer en convencionalismos, miradas superficiales o vacías de una implicación real. La problemática de la inmigración es de máxima actualidad y, sin embargo, se nos escapa de las manos. Cómo comprender un fenómeno que se torna cambiante cada día y cuyas consecuencias conllevan una traducción constante a nivel micro y macro político. Tenemos conocimiento de ciertos datos e información que nos filtran estratégicamente, pero estos omiten el volumen de la realidad operante, ofreciendo una verdad sesgada con la que es más fácil convivir. La magnitud del problema sobrepasa cualquier idea que podamos tener de él y los números son mucho más apabullantes de lo que imaginamos.

 

Fotografía: Jesús Ubera.


 

En “R de resistencia o la vergüenza de ser hombre”, Ramón Mateos pone sobre la mesa cifras que impactan de forma directa al espectador nada más entrar en la sala y constituyen una de las guías de la exposición. La clave de estas cifras no está en el volumen, sino en su distribución: el altísimo porcentaje de refugiados que provienen de Oriente Medio y África, la enorme proporción de los mismos que acaban en países vecinos en vías de desarrollo, la cantidad de migrantes muertos o desaparecidos en las huidas en el Mediterráneo en relación a las pérdidas globales… Por otro lado, la suma de capital destinado a la contención de personas que arriesgan sus cuerpos por una vida mejor, es disparatada. Tanto que, si se hubiese utilizado para solucionar el conflicto desde la base, el problema probablemente estaría en vías de desaparición. Sin embargo, las penas de unos disparan el enriquecimiento de otros: millones de euros han obtenido las mafias por traficar con personas por mar y tierra en los últimos años.

 

Las formas de actuación que se están llevando a cabo con respecto a la inmigración son tan solo un ejemplo de tantas barbaridades practicadas en otras minorías y que apelan a una cuestión global presente en el centro del discurso expositivo: la capacidad del hombre para infligir dolor al otro. El título de la exposición se inspira en una cita del famoso abecedario del filósofo Gilles Deleuze en el que, al llegar a la R, habla de resistencia, pero no de una manera ideológica –apunta Mateos–, sino más bien en el sentido del pensador Spinoza, según el cual nadie sabe lo que aguanta un cuerpo. Para explicar este concepto, Deleuze recurre a las declaraciones del escritor judío Primo Levi cuando le preguntan cómo se siente al salir de Auschwitz. “Él dice: cuando fui liberado, lo que me dominaba era la vergüenza de ser un hombre”. (Fragmento de la entrevista a Gilles Deleuze)

 

Fotografía: Jesús Ubera.


 

Esta vergüenza se muestra sin tapujos en las cifras de muerte de las paredes y, de una manera simbólica, pero no por ello con menos intensidad, en las piezas plásticas que componen el otro eje del recorrido. En la primera sala, unos torsos de hormigón enfundados en chalecos salvavidas yacen en el suelo al lado de unos barrotes de hierro. Un elemento para la supervivencia se convierte en un lastre pesado que, si de alguna manera lograra cumplir sus objetivos –ayudar a cruzar la frontera–, probablemente no aseguraría más que un destino peor: acabar entre rejas.

 

El espacio central está presidido por una escultura de grandes dimensiones que representa una fila de migrantes montados sobre un neumático intentando llegar a alguna parte. Los hombres africanos no tienen pies: libertad cercenada en un tránsito lleno de falsas esperanzas. Los hombres africanos son de espuma de poliuretano: material de relleno que poco sirve o importa. Los hombres africanos son un solo hombre: individuos indiferenciados que forman parte del mismo saco de la inmigración. En las paredes de esta sala, dos dibujos expandidos en los que se solapan elementos pictóricos, documentación y vídeos, ahondan en los personajes implicados y las consecuencias de la tragedia desde una perspectiva fragmentada y múltiple.

 

Fotografía: Jesús Ubera.


 

Una videoinstalación culmina la muestra con un gesto tan sencillo como rotundo: las miradas desnudas de aquellos que han logrado cruzar. El contexto remite a la conocida fotografía, premio Ortega y Gasset 2015, en la que “en el imponente campo de golf de Melilla, como nos ha mostrado la prensa, se pueden hacer unos hoyos bajo la mirada de los migrantes que, encaramados a la valla de 6 metros de altura, tratan de huir de sus vidas mientras observan otras que nunca podrán alcanzar”. (Extracto de la publicación de la exposición)

 

Ramón Mateos traduce con destreza datos estadísticos en expresiones artísticas que tocan las conciencias desde otra sensibilidad. Volviendo a Deleuze, el filósofo mencionó la afinidad fundamental entre el acto de resistencia y el arte, siendo este último lo único que resiste a la muerte. “(…) Todo acto de resistencia no es una obra de arte, aunque lo sea de algún modo. Toda obra de arte no es un acto de resistencia y por tanto de cierta manera, lo es”.

 

Fotografía: Jesús Ubera.

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