Recuerdos de una época peor

Algunas anotaciones sobre la estafa de la publicidad online. Por Juan Soto Ivars


07 enero 2013

 

Ahora mucha gente está como convencida de que vivimos en la peor época imaginable porque no hay trabajo. Mi historia concreta es bastante diferente. Aunque ahora soy pobre como las ratas era mucho más infeliz cuando trabajaba, concretamente en una gran empresa de márketing viral y publicidad 2.0. Sobre el motivo de aquella depresión puedo decir lo que cualquier libertino: ir a la oficina cada día para desempeñar un trabajo estúpido abruma al menos cierrabares. Pero no voy a hablar de mi caso personal, que no le importará a nadie, sino sobre algo que aprendí. Lo voy a hacer porque todavía llegan a mi correo las consecuencias de aquella época fatal.

 

Todavía me escribe gente y empresas para proponerme que desempeñe proyectos publicitarios. Durante un tiempo bastante largo después de mi marcha de la empresa me dediqué a llevar a cabo campañas. Cobrando mucho menos y armado únicamente de mi portátil, me dedicaba a hacer “ruido” desde casa para algunas marcas. Intenté relacionar mi actividad con el sector editorial, pero acabé haciendo publicidad para las empresas más raras que te puedas echar a la cara.

 

Ahora mismo, si no has dejado de leer, te preguntas de qué cojones va esto. Quería poner un filtro porque lo que voy a decir no es agradable, sino un privilegio para los que hayan tenido paciencia con la introducción. La publicidad online, mayormente, es una puta estafa.

 

Ayer me escribió la dueña de una mercería. Había encontrado buscando campañas baratas en Google mis referencias y me proponía lo siguiente: darme dinero para que yo la hiciera creer que aparecer en Internet siendo una mercería es mejor que no hacerlo. Le dije que no con la respuesta estándar pero la señora estaba contagiada de una ingenuidad extendida y quería explicarlo un poco más.

 

En los primeros momentos de la época de las redes sociales, cuando yo trabajaba en el mundo corporativo, se difundió por la pequeña empresa una euforia totalmente injustificada. Se dio a entender que la publicidad online es la panacea porque es barata, es doméstica, está muy personalizada y puede elegirse sin problemas el target. Todavía hoy vemos en los telediarios a unos listos que han conseguido vender sus muñequitos de patchwork a miles de personas con solo abrir un blog. Y como este bulo terrorífico hace que tanta gente pierda su dinero, quería comentar por qué tienen éxito ciertas cosas y por qué el 99,9% de las campañas online son inefectivas.

 

A nadie le importa tu mercería, ni tu cadena de venta de naranjas recién arrancadas del árbol y orgánicas, ni tus serigrafías maravillosas en camisetas. Al menos, a nadie le importa cuando tropieza con ella en Internet. Nadie quiere leer tu publicidad ni “malgastar un ratito” para leer el correo que envías, nadie pinchará en tu anuncio de Google Adwords ni en tu banner cutre de Facebook.

 

Triunfan virales obstusos como los de Loewe y Desigual gracias al asco que provocan, pero está por ver si esto hace algún bien a las marcas. Triunfa la presencia de CocaCola o Vodafone, pero en el sentido que me dijo Kiko Veneno en una entrevista reciente: permiten que veamos cuál es su poder, quien más se anuncia no ofrece lo mejor, es, sencillamente, el que más cuota ha acaparado gastando pasta.

 

La psicología de Internet se basa en perder el tiempo, pero desde 2007 para acá se ha impuesto como dogma que la publicidad es invasiva y entorpece nuestro dolce far niente. La señora de la mercería estaba convencida de que abrir una web sobre su comercio sería bueno. Una web sobre una mercería es tan útil como un limpiaparabrisas en un submarino. Google se ha convertido en una aristocracia. Muchísimos piratas se dedican a acaparar con blogs de una calidad ínfima las primeras posiciones en la búsqueda. Muchísimos pequeños empresarios tratan a la desesperada de colarse ahí y dejarse ver, y son estafados por las empresas que gestionan la publicidad de estos soportes.

 

Me gustaría saber cuántas de las personas que han leído hasta aquí curiosean las infinitas ofertas publicitarias con las que tropiezan en sus paseos por Internet. Más allá de las estadísticas optimistas y trucadas que ofrecen las empresas publicitarias como anzuelo, estamos los internautas. Y señora, ninguno de nosotros estamos interesados en comprar botones en la red. Usted gastará muchísimo dinero en hacer una buena página, en hacer una campaña en Facebook y Twitter, en abrir un blog llamado “Las pequeñas cosas”, y solo habrá conseguido gastar su dinero para vestir este traje del emperador que podríamos llamar también “traje del emprendedor”.

 

25 febrero 2014 by DIANA ALLER

El extraño caso Taman Shud


1 de diciembre de 1948. A las 6 de la mañana aparece el cadáver de un hombre en Somerton Beach.


01 marzo 2013 by JUAN SOTO IVARS

Tus detractores trabajan gratis para ti


Partamos de la base de que no eres Luis Bárcenas, no tienes millones de euros corruptos en Suiza y no has mangoneado con el dinero público estafando a todo Cristo. Eres, hasta cierto punto, un tipo inocente. Pongamos que tienes un grupo de música semi-desconocido y que de pronto, por la razón que sea, en un blog dicen que eres nazi.


01 febrero 2013 by JUAN SOTO IVARS

El holograma de una revolución


Y si Internet es una válvula por la que se escapa un vapor muy valioso, el que hace estallar de presión la vasija acorazada de un sistema político, la que hizo saltar por los aires el zarismo o el cadáver de la restauración. ¿Eh? Es una idea que me ronda todo el tiempo ahora queFacebook es un desfile de pancartas de una manifestación.



Comentarios:

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Juan says:

Totalmente de acuerdo pero como dijo un personaje de la serie MadMen “Si no lo hacemos nosotros lo hará otro que se llevará el dinero del cliente”

estafador says:

Claro que esto es una estafa! Como bien dices tu, sois muchos los que habéis hecho realmente daño haciendo campañas estúpidas con anuncios en Google o con Facebook a precio de oro. Pero esto es el resultado de no tener ni puñetera idea de lo que es Innternet, de ser herederos de esas agencias de publicidad con caros anuncios en TV, revistas, periódicos, etc. Creo que lo que pasa es que en Internet muchos pseudo-profesionales intentasteis o estáis intentando vender estufas para el Sahara. Resumiendo hacéis lo mismo que hacíais en papel, pero ahora aplicado a las pantallas pensando que esto de Internet es como una TV que se lee, no? No tenéis ni puñetera idea del medio y sus herramientas. Por eso estáis a merced de Google, Facebook y otros bucaneros de la red y todo os parece una estafa.

Eliug says:

Pues mira por donde no estoy de acuerdo con tu ejemplo.
Por motivos que no vienen a cuento de vez en cuando tengo que comprar artículos de mercería (botones, fieltros, automáticos, lentejuelas…) y echo en falta como el comer una web donde consultar artículos y disponibilidad.
Lo que creo que es un error es la “presencia” en la web (página chorra con 4 fotos). Pero si usas una web como herramienta de gestión de stock y le permites ver eso al cliente para gestionar los pedidos entonces tienes algo. La prueba es que hay webs de mercerías que más o menos funcionan (busca pontejos). El problema es pillar al tío que te hace la web bien, bonita y barata y no te engaña para estar el primero en google.

JSI says:

Eliug: obviamente la mercería y cualquier otro sector debe estar en la red. El problema al que me refiero es la inversión necesaria para que un pequeño comercio monte una web actualizada como la que tú propones, y el de que a través de Google llegues precisamente hasta esa web de pequeño comercio y no a una cadena de mercería online más grande. Por eso digo que el PYME es estafado, es un pececillo pequeño en las aguas plagadas de tiburones del SEO.

SEOesclava says:

Totalmente de acuerdo. He estado currando para la calaña más putrefacta del SEO en Alemania y, primera sorpresa al llegar a España: la peña que se lleva aquí la panoja de las PYMES (porque es dónde está la panoja si eres una empresa de servicios de marketing online) trabajan a base del prueba error con la coartada de que el cliente tiene que confiar en él, que no es una ciencia exacta y que Google evoluciona cada hora… Niñatos con capital para invertir (sus padres) que luego salen en los medios como “grandes emprendedores” y un ejemplo a seguir para el resto de jóvenes que están en el paro.

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