Retratos del Madrid Salvaje (1): Cuando el barrio de Usera fue West Side Story

En el Madrid de los primeros sesenta, una generación de jóvenes marginales luchó a muerte por el territorio y la supervivencia. Muchos cayeron por la droga o la cárcel, pero alguno alcanzó la fama. Esta es la insólita y desconocida historia de la legendaria banda de Los Ojos Negros, el Usera salvaje y Camilo Sesto. Por Servando Rocha


30 junio 2015

Jets v. Sharks Battle

 

La escena tiene lugar en un aparcamiento. Dos grupos de chicos comienzan a increparse. Hay gritos y amenazas. De pronto, la situación se descontrola y llegan a las manos. Los líderes de ambas pandillas se enfrentan en una lucha a muerte en la que salen a relucir las navajas. Esta escena, una de las más célebres de West Side Story, dirigida por Robert Wise en 1961, sucedía en Nueva York, pero hubo una época en que esos enfrentamientos se repetían cada semana en el barrio de Usera, en Madrid.

 

Inicialmente, el argumento de West Side Story se basaría en las diferencias entre judíos y católicos, pero después de leer una noticia en un periódico sobre enfrentamientos entre las numerosas pandillas puertorriqueñas e irlandesas que se disputaban el territorio de Nueva York, los encargados del proyecto cambiaron de idea. Decidieron que retrataría la vida cotidiana de las bandas que por entonces asolaban buena parte de la ciudad. En la película, los Jets y los Sharks se enfrentan entre sí. Hay bailes, música y amores rotos. También mucha violencia. En España, West Side Story se estrenó en el cine Aribau de Barcelona el 7 de diciembre de 1962 y, poco después, el 1 de marzo de 1963, en el cine Paz de Madrid. Para muchos jóvenes, la cinta fue un cataclismo y, cuando llegó al tristemente desaparecido cine de Usera, muchos chavales del barrio se identificaron con los dilemas de Jets y Sharks, su pasión por el baile y, sobre todo, esa peligrosa tendencia a luchar a muerte por el territorio y la supervivencia en una ciudad que, aunque crecía, dejaba tras de sí poblaciones marginadas y barrios sumidos en la pobreza. Para todos aquellos que tenían pocas o ningunas expectativas de futuro, lo que mostraba West Side Story les acercaba Nueva York a Madrid. Usera se convirtió en un fortín. Otros barrios, como Orcasitas, también estaban en pie de guerra.

 

En Usera, a comienzos de los sesenta, muchas calles no estaban pavimentadas y algunos vecinos se referían al barrio como «Usera city». Usera era un territorio proletario y duro, la otra cara del moderno Madrid. El Manzanares, que lo separaba irremediablemente, lo condenaba al aislamiento. El centro era otro planeta. Allí funcionaban otros códigos y maneras. Las primeras bandas, surgidas tras el ya célebre estreno de  West Side Story, solían reunirse alrededor de discotecas (entonces llamadas «clubes de baile») y estaban dirigidas por chicos aguerridos y criados en el barrio, como Boni, Lobo o Chocolate. Luego estaban Los Jaro, Los Comilleros o El Triángulo. Se disputaban el barrio, sobre todo la calle Marcelino Usera. Solían quedar para retarse y, cuando esto sucedía, acababan metidos en grandes batallas a puñetazos (las navajas, al menos al principio, estaban mal vistas. Eran un recurso fácil para cobardes, algo que equivalía a hacer trampas) hasta que se escuchaban los sonidos de las sirenas de la policía. «Sería el año 1963, sobre las siete de la tarde -cuenta Pepe, testigo y también protagonista de los hechos-, subía por Marcelo Usera en dirección a la plaza Elíptica (plaza Fernández Ladreda). A la altura de la calle Gabino Jimeno, esquina con Marcelo Usera, había una gran cantidad de gente mirando. Cuando llegué a la altura de Gabino Jimeno, vi un grupo de unas cincuenta o sesenta personas que se estaban sacudiendo hostias a granel. Reconocí a algunos cuasi amigos y conocidos míos, como el Tritri, el Guardia, Paco Pascual y algunos otros. Paco Pascual tenía la camisa llena de sangre y esto hacía que tuviera un aspecto un tanto impresionante. No averigüé más y me metí al mogollón sin saber nada de lo que estaba ocurriendo. Ya había repartido y recibido algunos golpes, cuando las sirenas de los coches de la policía se dejaron oír con la consiguiente alerta entre los contendientes. Junto a Paco Pascual y otros tres o cuatros individuos que no conocía, nos metimos por la colonia Moscardó y allí, en un bar, me entere un poco de como habían sido los acontecimientos».

 

West side story

 

Por vez primera, en Madrid se comenzó a hablar de delincuencia juvenil y pandillas, a pesar de que los periódicos afines al franquismo callaban la existencia de las bandas. Los vecinos de Usera las conocían y temían hasta el punto de que muchos, al menos los más mayores, aún hoy las recuerdan. La más famosa de todas, aquella que a pesar de la resistencia por parte del franquismo a la hora de reconocer el fenómeno acabó llegando a los periódicos y trayendo de cabeza a la policía del régimen, fueron Los Ojos Negros. «En Madrid, a mediados de los años sesenta, la misteriosa banda suburbial de “Los Ojos Negros” –cuenta el escritor Moncho Alpuente–, de la que todos hablaban y a la que casi nadie había visto en acción, ocupaba el primer puesto de la lista de chicos malos, admirados y temidos por los adolescentes urbanos que glosaban, con más imaginación que datos, sus presuntas hazañas en los recreos escolares». Sus líderes eran Ángel Luis Telo Ronda, a quién la prensa retrató años más tarde, en 1968, como veterano del grupo (entonces tenía veinticuatro años), en un enfrentamiento en el que acabó herido de bala, y Mariano Revilla, un chaval muy conflictivo y casado con una gitana. Entre los miembros de Los Ojos Negros existía una jerarquía. El grupo carecía de ideología. Casi todos vivían alrededor del Paseo de la Delicias, donde solían quedar en los desaparecidos billares América, o por la zona de Marcelo Usera. Sus principales enemigos eran otras pandillas que controlaban barrios como Orcasitas, donde imperaba la ley impuesta por otro grupo llamado Rana Verde. Los enfrentamientos se producían por controlar el territorio. Amantes del baile y el exceso, aterrorizaron discotecas como Maracaná, que controlaron durante un tiempo y donde ningún miembro de otra banda podía acudir a bailar.

 

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El pandillero que se convirtió en delincuente juvenil, legionario, boxeador y estrella de cine

 

Uno de los personajes más importantes y fascinantes de Los Ojos Negros fue el gran boxeador José Luis Pacheco, apodado «Dum Dum» Pacheco, por su devastadora capacidad para noquear a contrincantes. Nacido en Lavapiés y procedente de una familia muy humilde, entró en Los Ojos Negros siendo casi un niño y pronto se convirtió en uno de sus miembros más respetados. «Nos llamábamos Los Ojos Negros, –cuenta el antiguo boxeador– porque todos teníamos los ojos grandes y oscuros. Éramos los dueños de Madrid, una especie de mafia juvenil. Si no hacían lo que queríamos, armábamos tres broncas y a hacer puñetas la discoteca. Gracias a nosotros, Camilo Sesto empezó a actuar en un local de Usera, con su primer grupo, Los Dayson. Caímos presos casi todos, por cambiar las cosas de sitio. Cogíamos coches, motos, la Montesa, la Bultaco».

 

Luego comenzó su carrera como delincuente juvenil, dedicándose a robar coches. Una etapa terminaba y llegaba otra, mucho más trágica. Durante algunos años conoció la prisión, donde entró en contacto con gente como Eleuterio Sánchez «El Lute». Allí pasó horas sinfín en celdas de aislamiento y padeció las frecuentes palizas. Creyó morir. Al salir de prisión, quiso cambiar de vida y se alistó en la Legión. «Llevo siempre el emblema de la Legión. Para mí está por encima de todo –recuerda con orgullo-. Allí empecé a leer mucho. La gente hablaba todo el rato de Franco y me empecé a identificar con él. Entonces sólo tenía tres ídolos: Hernán Cortés, Franco y Elvis Presley». Tras ello, inició su meteórica y exitosa vida como boxeador profesional, donde llegó a campeón de pesos welter, superwelter y medio, número uno de Europa y décimo del ranking mundial. «Dum Dum» Pacheco era famoso. Pero su vida como gran personaje de la España de entonces no acabó ahí. Su amistad con el realizador Manuel Summers le hizo abrazar el cine e intervino como actor de reparto en algunas de sus películas como «El sexo ataca (1ª jornada)» (1979) o «El primer divorcio» (1982), entre muchas otras, donde coincidió con Tita Cervera, que fue amiga suya en aquella época.

 

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Camilo Sesto y los Ojos Negros

 

Sin embargo, el personaje más célebre de toda esta historia es Camilo Sesto, que tuvo contacto directo con la banda. En sus memorias planea todo lo que cuenta West Side Story: hay bailes, pandillas, luchas por el territorio. Los Ojos Negros, tras verlo cantar y bailar en uno de los locales que controlaban, lo convirtieron en su protegido. Fueron ellos quienes le consiguieron su primer concierto con Los Dayson, su primeriza banda:

 

«Allí donde veíamos un cartel o un anuncio que dijera “baile”, “club”, “sala de fiestas” o similar, llamábamos y pedíamos audiencia. José Luis se informaba en la Universidad de los lugares a los que acudían los jóvenes y el resto del grupo se mantenía con todas las antenas bien desplegadas para captar cualquier información útil sobre el mundillo musical de la bullente capital española.

 

–Oye, los sábados, ¿donde vais a bailar?

–A “Los Boys”, ¿por qué?

–¿Y por dónde cae ese sitio?

–Por Usera.

 

Allá fuimos, como a tantos otros sitios. Era una especie de garajón enorme y horroroso, con las paredes sucias y húmedas. El dueño aceptó hacernos una prueba y nos contrató para el sábado siguiente. A mí me pareció como un “The Cavern” a la española. En medio de nuestra actuación, un tipo completamente vestido de negro, adornado con cadenas y herrajes de todo tipo, pelo largo, muñequera, gafas oscuras ; un tipo con un aspecto terrible empezó a hacerme muecas de burla mientras bailaba. Yo dejé la canción a la mitad, abandoné el micro en el suelo y me lancé a la pista. No era fácil ganarme bailando el rock and roll. Pronto nos hicieron corro y aparecieron dos chicas en la competición. Al terminar, el fulano me abrazó con fuerza y dijo:

 

–A partir de ahora seréis los líderes musicales de nuestra banda de Los Ojos Negros.

–¿Yo? ¿Has visto el color de mis ojos?

–Da lo mismo. Cantas y bailas como dios. Asunto hecho.

 

Aquella banda estrafalaria y suburbial estaba formada por una docena de bailones formidables, trabajadores duros y entusiastas del rock and roll. Iban armados de cadenas de motos, cuchillos y resultaban realmente peligrosos. Así que eran los verdaderos dueños de “Los Boys”. Sin embargo, gracias a su admiración por nosotros, se convirtieron enseguida en nuestros protectores. Sus chicas eran también nuestras chicas».

 

Los Dayson.

Los Dayson.

 

El tiempo pasó y el éxito le sonrió. Una frase de su canción «Escapar» es terriblemente profética: «Huyendo de mi destino. Y de unos ojos negros». Camilo Sesto alcanzó fama y gloria, esquivando la vida dura y terrible destinada a sus amigos de Los Ojos Negros. Como la de quien fuese su líder, Ángel Luis. En 1985 murió asesinado a tiros, después de que una pareja de hombres que nadie pudo identificar lo dejase tirado frente a la sala de Urgencias del hospital Primero de Octubre. Presentaba cinco agujeros de bala y un gran corte por arma blanca. Tenía cuarenta años y doce detenciones.

 

España cambiaba. En 1968 aún se hablaba de Los Ojos Negros, pero todo cambiaba. Llegó la lucha política, las protestas. La cárcel suponía un precio muy alto y muchos, tras dar con sus huesos entre cuatro paredes, no lo contaron. La droga los devastó. Otros se casaron, intentaron cambiar de vida, o cayeron muertos. No siempre podía ganarse. Con la desaparición de Los Ojos Negros surgió una pequeña leyenda, esa que nos habla de los barrios de Madrid, de lugares como aquel sorprendente Usera, de los viejos tiempos, de aquellos días en que casi fue el escenario de West Side Story.

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Comentarios:

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Vanzetti says:

Tremebunda historia, Don Servando. Muy interesante. Y muy curioso lo de Camilo Sexto.

jose luis hernandez refusta says:

me habeis hecho recordar mi juventud, conoci y fui amigo de mariano revilla, su hermano victor, arsenio, pedro, victoria jaro, eramos hermanos, arsenio era mi mejor amigo, murio joven de infarto, al revilla le tuve escondido en mi casa por que la guardia civil le buscaba, la mujer era quinquilera y mas de una vez estube en su casa del zofio, jajajjaj, que recuerdos mas gratos.

pedro says:

muy interesante!!ando trabjando en ello durante tiempo..jose luis hernandez refusta si pudieras contarme mas cosas te estaria eternamente agradecido. te paso mi correo:eddypiratin@gmail.com

gonzalourbanogarcia says:

jose Luis pacheco “dun-dun pacheco nunca fue de la pandilla de los ojos negros ,y si se juntaba con la pandilla de la colonia del tercio del terol(los botones) y creo que cometieron juntos un atraco y juntos fueron a Carabanchel.pacheco nacio y vivio muy cerca del hospital militar de Carabanchel,y no en lavapies como se dice en este articulo,te lo afirma un nacido en lavapies y criado en las peñuelas
.

santos rodriguez says:

Como dicen , Pacheco nunca fue miembro de la banda de los ojos Negros, el vivia por Caño Roto. La banda de los ojos negros empezo a actuar sobre los años 60.
Angel Luis atraco una joyeria en Valencia con Emilio alias el Lobo y tuvieron una pelea repartiendo el botin , con el escandalo en el hotel les detuvo la policia ,fueron encarcelados . Emilio el Lobo se le interno en un centro psiquiatrico cuando salio deambulaba por las calles lelo perdido , luego murio lelo perdido. El Boni nunca pertenecio a ninguna banda era una persona muy extrovertido y conocia a muchos delincuentes murio en ajustes de cuentas por asuntos de drogas etc. Revilla no vivio en el Zofio el vivia en los Almendrales . Yo si era del Zofio inicial luego tiraron el barrio e hicieron un barrio nuevo al lado de la carretera de Toledo

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