Rufina e Hijas. Vintage street food

Este proyecto comienza con la llegada a Madrid desde Francia de dos furgonetas Citroën HY. Dos furgonetas que había que restaurar y poner a punto para cumplir una misión: propagar la cultura del street food a todos los rincones del país. Por María Arranz.


26 mayo 2014

rufina

 

Con una altura de algo más de dos metros y el aspecto de un camión en miniatura, estas furgonetas –típicas sobre todo de países como Francia y Bélgica– fueron diseñadas a finales de los años 40 para usos industriales, como podemos deducir de su amplia y diáfana parte posterior y su perfil bajo que facilita la carga y descarga de mercancías. Todo esto convirtió a la Citroën HY en un modelo de lo más útil para adaptar a todo tipo de usos y negocios, lo que hizo prácticamente imposible que existieran dos modelos iguales en el mundo. Las empresas carroceras de cada zona adaptaban la carrocería de hierro y el interior de estos vehículos a las necesidades de cada usuario, muchos de ellos propietarios de negocios ambulantes (desde vendedores de champagne hasta carnicerías y ferreterías sobre ruedas), pero también policías y bomberos.

 

Pablo Pratmarsó –abogado de formación y apasionado de la gastronomía– se lanzó hace unos meses a la aventura de conseguir y tunear sus propias Citroën HY con un fin muy concreto, el de convertirlas en furgonetas de comida callejera. Para ello, viajó al sur de Francia y acabó haciéndose con dos de estos vehículos que, en su caso, datan de los años 70. A la matriarca de la saga la bautizó con el nombre de Rufina, casi por obligación, pues en una vida anterior fue la encargada de la venta ambulante de la marca de champagne Ruffin et Fils. Con 42 años sobre su robusta carrocería, Rufina luce una su chapa metálica con un brillo renovado después de haber pasado por las manos de Pablo y su equipo de ayudantes (formado, básicamente por su familia y amigos).

 

rufina-frontal-ventana

 

Su primogénita, Dora, fue bautizada con este nombre por su carrocería dorada. Aunque no se sabe con exactitud a qué se dedicó en su vida anterior, suponen que tuvo que ver con el reparto de suministros eléctricos o alguna actividad similar. Después de pasar por chapa y pintura, Dora se ha transformado en un flamante ejemplar de color amarillo pastel, listo para ser utilizado. Después de ellas, vendrán muchas más, pero eso será en un futuro –esperemos que no muy lejano.

 

dora

 

Pero ¿a cuento de qué a alguien le da por comprarse dos furgonetas viejas, arreglarlas, pintarlas y darles un aspecto completamente renovado? Pues a cuento de ofrecerlas en alquiler para todo tipo de eventos a todo aquel que quiera darle un toque diferente y vintage a una feria, un catering, un DJ Set, una celebración o una comida entre amigos, por poner sólo unos cuantos ejemplos, aunque el límite lo marca la imaginación del que las quiera alquilar, contando claro con las posibilidades técnicas y logísticas de las furgonetas en cuestión. En su interior, ambas disponen de vitrocerámica, fregadero y frigorífico y se pueden alquilar por horas, días o incluso semanas.

 

“Actualmente, en España toda la normativa sobre comida callejera es muy restrictiva, por lo que nuestra idea es empezar por los espacios privados, y poco a poco ir avanzando (como ya se está haciendo por ejemplo en Barcelona) y presionando para que esa legislación cambie” –explica Pablo. Su negocio es una herramienta para lograr ese fin último: que el street food se instaure en las calles de nuestro país como ya ocurre desde hace tiempo en muchos otros lugares. Churreras, castañeras, pulpeiras… El tema de la comida callejera no es ajeno a nuestro país, aunque ésta no tenga tanto un carácter ambulante, como sí lo tienen los food trucks estadounidenses, sino meramente callejero y temporal. Sin embargo, a pesar de la existencia de estos precedentes, cuando se trata de dar vía libre a gente que quiere hacer algo nuevo y diferente a lo que ha existido toda la vida, aparecen las trabas. Pablo confía en que si realmente comienza a haber un movimiento potente volcado en el street food, la legislación acabará por cambiar y adaptarse.

 

Ese objetivo final de que se legisle y se acabe permitiendo el street food en nuestras calles pasa, entre otras cosas, por montar un street food market en Madrid. De esto, suponemos, tendremos noticias dentro de poco, así que… ¡estaremos atentos!

 

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