Rutas cinéfilas por Madrid

Nicolás Grijalba investiga la imagen de Madrid en el cine español. Durante la pasada edición de Filmadrid, realizó una ruta por las calles de la capital para descubrir sus localizaciones más cinematográficas. Por María Aller


14 julio 2016

El pasado Filmadrid contó con una ruta por las calles de Madrid para descubrir localizaciones de la ciudad en el cine. ¿Quién sería el guía de semejante periplo? Ahí estaba Nicolás Grijalba, periodista, profesor en la Universidad Antonio de Nebrija y doctorado cum laude por su tesis “La imagen de Madrid en el cine español”. En su investigación ha revisado la imagen de la ciudad en los más de cien años que llevamos de cine español, centrándose en cuatro directores, “si no es inabarcable”: Edgar Neville, Pedro Lazaga, Eloy de la Iglesia y Pedro Almodóvar.

 

Después de hablar con él sobre cine y sobre Madrid durante media hora, no cabe duda de que no había mejor cicerone para estas rutas por la ciudad.

 

SURCOS

 

¿Por qué te centraste en el cine de Madrid?

Soy de aquí, mi familia es de aquí, nací el día de la Paloma en Chamberí, he vivido en Lavapiés… Con lo cual, si no hacía algo de aquí, reventaba. A veces pienso que ser de Madrid es malo para hablar de Madrid. Creo que es mejor ser de fuera para hablar de la ciudad. Lo hice porque me apetecía, me apasiona el cine y me gusta mucho el español. Doy clase de historia del cine en la universidad y me interesaba ver cómo Madrid había cambiado y si el cine era capaz de reflejar su realidad. Porque Madrid es una ciudad difícil de definir. Es una ciudad que se vive mucho pero se define poco, y quería comprobar si la imagen icónica de Madrid se parece a la real, de modo que tiré por ahí. Y eso que en un principio mi tesis iba a ir sobre “La bola de cristal”, que en fondo algo tiene que ver con la movida madrileña, pero bueno.

 

En el Filmadrid te encargaste de esa ruta cinéfila por Madrid. ¿Cómo fue la experiencia?

A la ruta vinieron bastantes personas interesadas por el festival y también gente interesada por ese paseo. Lo que interesaba más eran los aspectos folclóricos y livianos, no la profundización técnica. No era una clase de historia del cine, pero sí era un encuentro de reconocer algunos espacios de Madrid en nuestro cine.

 

 

¿Se podría dividir Madrid en el cine según los espacios?

Yo la tesis la versé según esos cuatro directores, pero por ejemplo, para la ruta era más lógico que lo ampliara hacia más cineastas. Empezábamos en la Carrera de San Jerónimo, que es donde se empezaron a proyectar las primeras películas en Madrid. Partimos de ahí a los lugares donde más presencia de cine ha habido: la Puerta del Sol, que curiosamente no es un espacio muy cinematográfico, sino más bien histórico audiovisual. Luego por Preciados, Callao y la Gran Vía, que sin duda son los grandes núcleos cinematográficos de la capital, porque están reflejando lo nuevo, la tensión entre modernidad y tradición. Seguíamos por Plaza de España, la Plaza Mayor, el viaducto, que es también muy icónico para nuestro cine: siempre pegado a la tragedia, la desgracia o al drama. Y luego el Madrid de los Austrias, que va hacia El Rastro, ese es un Madrid que le gusta mucho al cine: es un lugar mágico y bohemio en el que se mezclan muchas sensaciones. Y terminamos en la plaza de Lavapiés, donde hay una película fascinante que es “Surcos”, de José Antonio Nieves Conde, que explica perfectamente el sueño madrileño. Igual que existen las pelis del sueño americano, aquí sigue existiendo el sueño del pueblo contra la ciudad. Es una peli completamente neorrealista –no tenemos nada que envidiar al neorrealismo– y hecha por un falangista, que fue muy criticada por el franquismo, y se la quiso censurar. Ese mismo director hizo “El inquilino”, protagonizada por Fernando Fernán Gómez, que habla de una familia que va a ser desahuciada. Algo actual y muy surreal, con bastante crítica social, curioso que venga de un falangista.

 

Sí, ha habido muchos directores que han hecho crítica social independientemente a sus ideales políticos…

Exacto. En mi tesis hay dos referentes de izquierdas, de la Iglesia y Almodóvar, y los otros son del lado más tradicional, Lazaga, conservador –incluso habrá gente que le tache de falangista– y Neville es un marciano total, aunque estaría metido dentro del conservadurismo. Estoy bastante libre de prejuicios. Creo que el cine que se hizo en el franquismo hay que analizarlo sí o sí. Hay películas maravillosas y otras que son una mierda, como en todas las épocas. Todo ese “Cine de barrio” que tanto denostamos nos explica un momento dado de nuestra historia, como lo hacen las de ahora. Las de Dani Rovira, por poner un ejemplo de la comedia, para mí son bastante equiparables a un cine que se hace en los últimos años del franquismo. “Ocho apellidos vascos” u “Ocho apellidos catalanes” son, al fin y al cabo, necesarias para la industria porque salvan los números, pero no critiquemos tanto lo que se hizo antes, porque lo que hay ahora denota también un conservadurismo mas bien ideológico. No hablo tanto de lo político, sino de lo que somos.

 

¿Qué es lo que tiene Madrid para que se pueda diferenciar en el ámbito cinematográfico?

Madrid tiene sobre todo mucha vida en la calle, tiene barullo. Es difícil de definir. Gómez de la Serna consideraba Madrid bastante moruno: tú vas a la Puerta del Sol y parece un zoco árabe con esa mezcla tremenda, y creo que precisamente eso es lo que engancha en el cine y lo que enganchó. Porque no creo que ahora Madrid tenga mucha presencia en el cine español. Es difícil de transmitir en imágenes. Tiene espacios mágicos que posiblemente no son icónicos: todos conocemos la torre Eiffel, el skyline de Nueva York, incluso podemos hablar de Barcelona a nivel internacional, pero la Puerta de Alcalá de Madrid no es una imagen que el mundo reconozca, o la Cibeles. Al final lo que reconoce la gente es este nivel de modernidad, de tradición, de villa y corte, y esa mezcolanza de pueblo castellano y gran ciudad.

 

 

De hecho, en “Kiki” aparece eso: se dice “Madrid parece muy moderna, pero Madrid no es moderna”. Y Paco León admitía que tiene ese lado provinciano, y con una mezcla muy divertida

¡Es que la mezcla es enorme! Es cierto, esa es una de las poquitas películas que ahora han respetado la ciudad. Es un Madrid bastante honesto el que sale en “Kiki”. Madrid al final es muy verbena, y ese final es maravilloso.

 

Dices que ahora hay pocas películas con Madrid. Aunque has terminado la tesis, ¿sigues fijándote cada vez que ves una película si se respeta Madrid, si se percibe Madrid?

Sí, por defecto me fijo. Ya incluso antes de hacer la tesis me fijaba mucho en esto, porque siempre leía muchos autores que hablaban de Madrid, como Umbral o Gómez de la Serna. Si tuviera que retomar esto, querría que hubiera una parte del Madrid del siglo XXI. En la tesis esbozo futuras líneas; hablo del Madrid de este siglo, sobre todo de Jonás Trueba, que es de los poquitos que respeta ese Madrid más intimo, como hizo su padre en los inicios con “Ópera prima”. Daniel Sánchez Arévalo lo perdió: en “AzulOscuroCasiNegro” sí que lo mostró. Daniel Guzmán ha rescatado ese barrio periférico en “A cambio de nada”, que está bien, pero sigue una pauta bastante cliché del cine español de los años noventa. Me recuerda algo a “Mensaka” y a Fernando León, aunque “Barrio” me pareció más potente. Pero chapó por Guzmán y que siga haciendo cine. Había otra peli que ahora mismo no me acuerdo… Ya saldrá según hablemos.

 

Comentas que Madrid no es comparable a otras ciudades, ¿cuáles serían las más cinematográficas?

Nueva York, París y rescataría Roma. Londres es difícil de definir, aunque veas el Big Ben y lo reconozcas. No hay que olvidar al cine asiático, donde hay un reconocimiento de ciudades como Hong Kong, con las pelis de Won Kar-wai, aunque son más intimistas, pero lo urbanita tiene mucha presencia. Yo hablo del cine occidental, que es el que más consumimos o más vemos, aunque en el cine de otras latitudes la ciudad tendrá una presencia enorme. Ciudad y cine van de la mano desde que el cine nace. Sin la ciudad, al cine le hubiera costado desarrollarse. La ciudad es movimiento y el cine también. 

 

 

 

¿Podrías elegir siete escenas míticas de Madrid en el cine?

Complicado, pero vamos a ello:

– La primera película sonora de nuestro cine “El misterio de la Puerta del Sol” (1929) es una película mala por problemas técnicos, pero hay una escena en Sol, con todo el jaleo y los bocinazos de los primeros coches, que merece la pena.

– Hay una escena que me emocionó mucho de una película muy desconocida porque se descubrió hace poco de Edgar Neville, “Frente de Madrid” (1939), con la Ciudad Universitaria bombardeada.

– En “Surcos” (1951) hay una escena en la plaza de Lavapiés, donde se ve a gente llegada del pueblo buscándose la vida para salir adelante, y allí se mete en el trapicheo y hacen de todo.

– En “Madrid” (1987) de Basilio Martin Patino, el título lo dice todo. Ahí destacaría los planos que se ven en las azoteas, con ambiente de verbena bajo el cielo de Madrid. Es una de las grande pelis sobre la ciudad.

– De Almodóvar me voy a quedar con esa noche calurosa de “La ley del deseo” (1987) en la que Carmen Maura pide que la rieguen. Es reconocible tanto el calor de las noches madrileñas como la locura de una borrachera, en la que se tienen ganas de iniciar algo nuevo.

– También cojo una escena de “La ciudad no es para mí” (1966): Paco Martínez Soria llegando a la puerta de Atocha, con las gallinas en la mano, asombrándose con esos coches y esos semáforos. Es la figura del paleto por la ciudad. La película es totalmente reaccionaria, pero no quita para que sea una obra para leer su discurso y que sea muy exitosa.

– En “El día de la bestia” (1995), el famoso cartel de Schweppes, aunque es un poquito falseado, pero cuando empiezan a tirotear por Preciados y sale toda la gente huyendo despavorida en esa Navidad del centro. Que de hecho me conecta con “La gran familia”, cuando Chencho se pierde por la Plaza Mayor.

 

 

¿Crees que ha habido directores que han mimado más la ciudad?

Sí, hay varios que han hecho de la ciudad su huella de identidad y que han hecho su investigación artística y fílmica, no cabe duda. A muchos no les interesa y la ciudad es un mero telón donde pasan las cosas. Pero hay quienes han buceado. Aparte de Edgar Neville, hay otro directos cuyo cine no se puede explicar sin Madrid, que es Almodóvar. Ha tenido una relación muy intensa con la ciudad, pero la pierde a partir de “Todo sobre mi madre”. Aunque haya vuelto a Madrid en sus últimas pelis, no es una relación amorosa, ni siquiera en “Julieta”. Hay Madrid, pero es una película de interiores: Emma Suárez tiene abierto el balcón de su casa y Madrid está de fondo, pero que no le toque. Sin embargo, creo que hay una tendencia inevitable en Almodóvar a volver a Madrid. El caso más tonto que yo veo es en “Los amantes pasajeros”, que todo ocurre en el aire, pero hay un momento que tiene que bajar, y lo hace al viaducto, con la historia de Paz Vega. José Luis Garci estuvo ligado con Madrid en los ochenta pero luego su cine va por otros derroteros… Pedro Lazaga, y además dos productores, José Luis Dibildos y Pedro Masó, que son los que se inventan el cine de la tercera vía o el cine de “desarrollismo”: esos sesenta con Concha Velasco o Toni Leblanc, cuando gustaba rodar en la calle.

 

Es inevitable que el cine hable de la ciudad, y de las marcas que ha tenido ideológicamente. Alex de la Iglesia a gran escala intenta reproducir esa sensación y Jonás Trueba también tiene esa relación de amor hacia Madrid, aunque se exilia con “Los exiliados románticos”. También hay que hablar de la comedia madrileña, pero en Fernando Trueba, Colomo, o Martínez Lázaro hay más presencia de la ciudad en sus primeros cortos que en su cine posterior.

 

En Filmadrid me pidieron que hablase de alguna directora, pero es difícil porque el cine español ha sido muy machista. Me encontraba alguna como Ana Mariscal, con la película “Segundo López, aventurero urbano”. De las últimas podría ser Icíar Bollaín, con “Hola ¿Estas sola?”, con ese cine tan urbanita de los 90, cuando se bajó a la calle y haciendo fuerte crítica social. “Más que amor frenesí”, “Sobreviviré”… Los presupuestos eran menores y las historias más intimas y más urbanas. También “Todo es mentira”. Fueron muy frescas en su momento y lanzaron una nueva generación de actores, directores y guionistas. En el 2000 ya jugamos a ser Hollywood y la ciudad nos da vergüenza: la escena de la Gran Vía de “Abre los ojos”, tuvo bastante bombo. Pero pese a lo potente que es, no presenta una realidad de Madrid porque falsea que no hay nadie. Además, la película deriva al skyline de Azca, intenta eludir ese Madrid. También hay cinta polémica y cochambrosa que es el primer “Torrente”. Enlaza mucho con el costumbrismo más chusco del cine de los sesenta, pero Santiago Segura lo hace muy bien, rescatando a Toni Leblanc. La escena en la que deja en la puerta del metro de Antón Martin al padre es tremenda.

 

ABRE LOS OJOS

 

¿Cuál es el sitio que se ha inmortalizado más?

Posiblemente sea la Gran Vía, o las inmediaciones. En la tesis tuve un planteamiento al principio que era intentar hacer una tesis cuantitativa: poder ver espacios y lugares comunes que salen mucho, pero no quise irme hacia los números. La Gran Vía corta el Madrid antiguo con el más moderno. Por ejemplo en “El último caballo” de Edgar Neville, la ciudad se está modernizando, pero Fernán Gómez se quiere quedar anclado en el pasado y quiere ir con su caballo por la calle, y cual Don Quijote loco que resiste frente a lo que viene, y sale entorpeciendo el tráfico en Gran Vía.

 

 

¿Y hay alguna localización que merezca salir más?

Ahora vivo por la plaza de la Luna, y veo que tiene una mezcla curiosa, que podría ser rescatada por el cine. Hay un Madrid nuevo, y aunque suene repipi decirlo, es muy multicolor, con muchas texturas y el cine no lo está reflejando. Seguramente los cortometrajistas o documentalistas lo están haciendo, pero la industria a gran escala no. Urbizu es de los pocos que lo saca.

 

Y hay otra que sale la parte de detrás de Gran Vía que es “Stockholm”.

¡Esa es la que no me salía antes! Sorogoyen también rescata la ciudad. Es la mirada de una nueva generación a la ciudad, y es algo muy necesario. Ojalá que con esta vía política que vivimos de recuperación de la ciudad, se recuperase también por el cine, pero creo que no va a ser. Se recuperará por otras disciplinas artísticas, pero por el cine no, y precisamente por esa industria extraña en la que vivimos en España. Son buenas noticias que ya se pueda rodar en el metro sin tener que pedir permiso. Aunque es necesario que se fomente el rodar en la calle: es patrimonio, es imagen, es importante saber cómo fuimos, lo que fuimos y qué hay. El patrimonio no nos ha interesado mucho a los españoles hasta recientemente poco, Madrid a veces tampoco, y el cine, al ser tan poco tangible y con lo fácil que es descargar películas, ha perdido algo esa función.

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