Si amanece y ves que estás en Huertas

Cinco rincones casi secretos donde tomar un buen desayuno en el Barrio de las Letras. Por Marina Sanmartín


27 marzo 2015

Nadie sabe seguro si esto es verdad, pero cuentan que Leónidas, antes de enfrentarse al cuarto día de batalla en las Termópilas, arengó a sus hombres con el siguiente consejo: “tomad un buen desayuno porque esta noche cenaremos en el infierno”; panorama indescriptible. Cuesta imaginar a los 300 cumpliendo la orden, en medio de la sangre y las miasmas propias de la guerra con las que debieron encontrarse al despertar en el desfiladero, y eso si es que habían conseguido dormir un poco.

 

Aunque nuestro objetivo es el mismo, desayunar bien, nuestro punto de partida es diferente, porque este artículo se escribe desde el centro de Madrid y pretende dar las coordenadas de cinco lugares agradables, con precios razonables y paz entre sus mesas, a los que acudir en caso de amanecer en Huertas, una zona habitualmente plagada de turistas y, por esta razón, llena de trampas. Afortunadamente, aquí os damos las claves para sortearlas todas. Atentos a nuestra lista.

 

1. MOT CAFÉ. Calle Alameda, 1

El Mot es un café pequeño con ventanas muy grandes, molduras de madera y ventiladores de aspas en el techo, casi casi en la Plaza de Platería de Martínez. Si vais, seguramente detrás de la barra os encontraréis a Elsa, con una capacidad increíble para servir a un montón de clientes a la vez. Lo mejor del lugar es su ambiente tranquilo, que se alimenta de la gente que trabaja o vive en el barrio, y sus desayunos caseros. Nuestro favorito: café con leche y tostadas con aceite por 2’10€.

 

Mot café

 

2. CAFÉ AZUL. Calle Fúcar, 1

La carta de desayunos del Café Azul es extensa y variada, especializada en comida sana, y deja satisfecho a cualquiera, sin importar costumbres. Operativo a partir de las diez, el local ofrece Wi-Fi gratuita, buena música y mucha luz. Es ideal si no se tiene demasiada prisa; pocos planes mejores que dejar pasar el tiempo escribiendo, leyendo o navegando por la web, con un zumo de naranja natural, un buen café y unas tostadas con Nutella, todo un remember para treintañeros nostálgicos de su adolescencia. Imperdibles también sus tartas, sobre todo la de chocolate y el bizcocho de zanahoria.

 

3. LA PIOLA. Calle León, 9

Nada más entrar en La Piola, a la izquierda, hay una mesa junto a la ventana que da a la calle León. Sobre ella os vais a encontrar, no importa cuando vayáis, un jarrón de cristal con flores frescas; y en las paredes, alguna expo interesante y fugaz, en la que os fijaréis seguro mientras elegís qué desayunar. En su blog, La Piola se compara con los cafés de París que, a menudo, creemos que sólo existen en las novelas. Y dice la verdad.

 

flores amarillas en La Piola

 

4. MATILDA. Calle Almadén, 15

Detrás del CaixaFórum, protegido por el anonimato de la calle Almadén, está Matilda, el local de Fernando y Luca, dos expertos en hacer sentir como en casa incluso a quien les visita por primera vez. Resulta difícil creer que, tan cerca del epicentro de Madrid, pueda darse con un trato familiar, una conversación que sin duda irá más allá de hablar del tiempo y la posibilidad de escoger alguno de los buenos libros a salvo en las estanterías que amueblan el café, pero es factible. El Facebook de Matilda se actualiza a diario con información sobre la carta, siempre en constante evolución; una prueba más del matiz artesanal y único de su menú, en el que rara vez falta la repostería casera.

 

5. LAS TERRAZAS DE MATUTE

Madrid es una ciudad de plazas y Huertas no es una excepción. En el barrio se dibuja un triángulo: la Plaza del Ángel, la Plaza de Santa Ana y la Plaza de Platería de Martínez marcan los límites de una zona que encierra incontables atractivos. En ellas, en estas plazas grandes pero sorprendentemente tranquilas, como refugios, no faltan locales y terrazas donde sentarse a empezar el día: el Lateral (Santa Ana, 12), el Central en la Plaza del Ángel, para un desayuno muy tardío… o La Tapería, en Platería de Martínez.

 

El Lateral de Huertas

 

Sin embargo, la visita obligada es a la Plaza de Matute. En ella, las fronteras entre las mesas y sillas de uno y otro local se diluyen para aprovechar al máximo un espacio pequeño y algo más escondido, donde entre semana se puede disfrutar de un desayuno potente, de montadito o pincho de tortilla y buen café, tan sólo a unos pasos de los fragmentos de las obras maestras de nuestra literatura, impresas con letras doradas sobre los adoquines de la calle Huertas.

 

Lo dicho: no huyáis del barrio si os despertáis en él. Dadle una oportunidad y permitid que os sorprenda, rasgad esa imagen primera de fotos junto a las estatuas y guías turísticos con paraguas de colores para indicar la dirección a los adolescentes en viaje de fin de curso. Comprad un periódico y elegid un lugar desde el que observar mientras arrancáis el día. No tendréis que esperar mucho, en pocos segundos un auténtico aire bohemio se apoderará de vosotros, como La nube púrpura, el mismo que impregna el caos interior de los poetas y la rutina de los actores.

 

No os arrepentiréis.

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