¿Siguen teniendo que estar desnudas las mujeres para entrar en los museos?

Hasta el 19 de febrero se puede visitar la primera exposición monográfica que el Museo del Prado dedica a  una artista, Clara Peeters, pero ¿cómo tratan otras instituciones a las artistas en sus programaciones y sus colecciones? Por Semíramis González.


10 noviembre 2016

El Museo del Prado es noticia en las últimas semanas por haber inaugurado una exposición histórica: la dedicada a Clara Peeters, que es la primera monográfica de la artista en el centro español. En doscientos años, la primera individual dedicada a una artista es esta, la de Peeters, una maestra del bodegón que apenas ocupa una de las salas pequeñas del Prado. En fin, celebrarlo hay que celebrarlo igualmente, ya que es una oportunidad única para ver de cerca el trabajo de la artista, aunque el director del museo ha dejado claro que la selección no fue por una cuestión de género sino “de calidad” (como si esta última no estuviera condicionada por justamente el género a lo largo de toda la Historia).

 

Clara Peeters, "Vanitas", alegoría de la vanidad (posible autorretrato). Circa 1613-1620. Colección Privada.

Clara Peeters, “Vanitas”, alegoría de la vanidad (posible autorretrato). Circa 1613-1620. Colección Privada.


 

Opiniones aparte, lo cierto es que la exposición de Peeters recoge una interesante muestra del trabajo de esta artista, de origen flamenco, que hizo de la pintura su fuerte en un contexto histórico lleno de prejuicios y dificultades. Un total de quince obras de una artista que dominó el género del bodegón como pocas. No hay que olvidar que esta preferencia temática era muy frecuente entre las artistas, que no tenían posibilidad de acceder a los grandes paisajes o al desnudo en vivo. Aunque por entonces fuera este un género menor, ahora se pueden ver con todo su esplendor unas obras delicadas, minuciosas y preciosistas en el detalle, mostrando como merece la maestría de Peeters.

 

Son bodegones a base de flores, vino, panes, frutos secos… pero es especialmente destacable la presencia de copas, platos… vajilla y cubertería que remite al contexto social aristocrático del siglo XVII.

 

A propósito de esto, merece la pena pararse a observar con detenimiento los reflejos en los metales que aparecen en las obras: es muy frecuente ver el retrato de Clara Peeters en el mismo, que se autorretrató de forma constante como reafirmación de sí misma y de su consideración como artista.

 

Bodegón con flores, copa de plata dorada, almendras, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre. Clara Peeters. Óleo sobre tabla, 53 x 73 cm. 1611. Madrid, Museo Nacional del Prado.

Bodegón con flores, copa de plata dorada, almendras, frutos secos, dulces, panecillos, vino y jarra de peltre. Clara Peeters. Óleo sobre tabla, 53 x 73 cm. 1611. Madrid, Museo Nacional del Prado.

 

Aunque la sala del Prado no sea la mayor, no es por eso esta exposición poca cosa, todo lo contrario. De las treinta y un obras firmadas por Peeters que existen (más otras pocas que se le atribuyen), se reúnen aquí quince de las mejores, donde despliega esa maestría en el bodegón, que tanto ayudó a desarrollar.
 

Son escenas de desayunos y tentempiés, con cerámicas y metales que acompañan a jugosas frutas y vivas flores, además de piezas de caza y pesca, destacando especialmente el vivo color propio de Peeters.

 

Infrarrepresentadas

 

Pese a que la primera monográfica que el Prado dedica a una artista sea noticia precisamente por esto, lo cierto es que la infrarrepresentación de las mujeres en las exposiciones sigue siendo aún flagrante. Y no sirve simplemente con cumplir con programaciones “amables”, como visitas guiadas desde el punto de vista femenino o el relamido argumento de las mujeres como musas.

 

Imagen de la exposición “El arte de Clara Peeters”. Foto © Museo Nacional del Prado. / Exhibition galleries. © Museo Nacional del Prado.

Imagen de la exposición “El arte de Clara Peeters”. Foto © Museo Nacional del Prado. / Exhibition galleries. © Museo Nacional del Prado.

 

Es cierto que antes del siglo XX era más complicado para las mujeres acceder a formación artística o desarrollarse como tales, sobre todo cuando el sistema burgués convertía a las mujeres en dependientes del hombre (primero padre y luego marido) y las relegaba al hogar.

 

No obstante, son numerosas las artistas que, desde al menos 1900, se hicieron un hueco en un sistema, el artístico, que les dejaba un margen escaso. Aún así y desde entonces hasta hoy, las mujeres son, de media, el 60% de las que estudian Bellas Artes, Historia del Arte y estudios de Humanidades.

 

Sin embargo, en el caso español hay que esperar hasta 1993 cuando Mar Villaespesa comisaría la primera muestra de artistas mujeres, reivindicando su papel en el sector. Mucho ha llovido desde aquella exposición,100%, pero las cuentas siguen sin salir.

 
guerrilla
 

Si Guerrilla Girls recordaba, en su paso por Matadero Madrid, que el 87% de la colección del Museo Reina Sofía es de arte hecho por hombres, MAV (Mujeres en las Artes Visuales) también tira de las orejas de quienes siguen dejando a las mujeres atrás con sus informes anuales. Por ejemplo, en la pasada edición de la feria ARCO, en febrero de 2016, sólo el 25% de los 3.700 artistas de fueron mujeres, y apenas un 4% eran españolas.

 

Hay ejemplos importantes en el contexto español que no debemos olvidar; así es el caso del Centro Montehermoso durante la dirección del comisario Xabier Arakistain. Arakis no es tampoco un desconocido, y ya en 2005 impulsó el Manifiesto ARCO reivindicando la igualdad de género en el arte. Durante su etapa en Montehermoso el feminismo y las artistas pudieron conocer de primera mano una programación realmente implicada en la igualdad… y en la ley, ya que el 50% de mujeres en exposiciones no es un capricho, responde a la Ley de Igualdad 3/2007, aunque no se cumpla.

 

Por eso, cuando hablamos de los grandes museos de arte en Madrid, el Prado no es el único que peca de no cumplir la ley y no incluir a mujeres. Entre 2010 y 2013 el Museo Reina Sofía expuso a cincuenta y un artistas de manera individual; de éstos, solamente quince eran mujeres, lo que viene siendo poco más del 29%.

 

En el informe MAV nº7 señalan que, de las 23.700 obras en total de la colección, 1.711, o sea un 7,21%, son obras de artistas mujeres, y de estas sólo 877 (4%) son obras de artistas españolas.

 

Pierre-Auguste Renoir. "Después del almuerzo", 1879. Óleo sobre lienzo. Städel Museum, Frankfurt am Main ©Städel Museum-U.  delmann-ARTOTHEK

Pierre-Auguste Renoir. “Después del almuerzo”, 1879. Óleo sobre lienzo. Städel Museum, Frankfurt am Main ©Städel Museum-U. delmann-ARTOTHEK

 

En el Thyssen, por el contrario, las mujeres aparecen con frecuencia, eso sí, no como sujetos sino como objetos. Las musas eternas, la inspiración de artistas masculinos que necesitaban esa sugestión casi sexual donde ellas son fuente pero no acción, parece ser un recurso demasiado usado y, además, tremendamente caduco. El caso más reciente es justamente Renoir, que intentan salvar con el curso “¿Ángeles del hogar? Lo femenino y las imágenes de la intimidad, de Renoir a las corrientes de vanguardia.” dirigido por una experta en el tema de arte y género, Patricia Mayayo; o la exposición Heroínas en la que reivindicaron “las figuras de mujeres fuertes: activas, independientes, desafiantes, inspiradas, creadoras, dominadoras, triunfantes”.

 

Por los datos- pero no sólo- merece la pena acercarse al Museo del Prado a ver la exposición de Peeters. Por su prodigioso trabajo en el bodegón, por buscarla autorretratada en sus pinturas o por acercarse al trabajo de esta artista, seguro desconocida para muchos, la exposición monográfica que el museo madrileño, que permanece hasta febrero.

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