Templeton: “No nos gusta nada repetirnos”

Deben su nombre a un famoso cansadamas televisivo –el teniente Templeton “Fenix” Peck de El Equipo A–, pero la mayoría de sus canciones hablan de desamor. Tras el éxito de El murmullo, este grupo de cántabros afincados en Madrid estrenan discográfica, nuevo álbum y videoclip dirigido por Carlos Vermut. Por Raúl Acín.


28 abril 2014

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Si algo caracteriza a Templeton es su capacidad para combinar un montón de tendencias y buscar alternativas, lo que les ha llevado incluso a desdoblarse en proyectos como Betacam o Rusos Blancos y a interpretar los temas musicales de la justamente mítica Hora de aventuras.

 

Así son Álvaro Martínez (voz), Santiago Castillo (guitarra), Brian Hunt (guitarra), Javier Carrasco (teclados), Pablo Z (bajo), Gonzalo Mamano (batería) y ahora también Sara U. Cordero (viola y teclados), incapaces de quedarse demasiado tiempo en el mismo sitio. Y eso es exactamente lo que demuestra Rosi (Sones, 2014), que, tras la mezcla de indie rock, armonías vocales de los 60, folk y psicodelia de Exposición universal (Subterfuge, 2009) y El murmullo (2012), fluye como si tal cosa de Roxy Music (39300) a The Jesus and Mary Chain (Pálida camarada), de Yo La Tengo (El látigo) al synth–pop a lo Moroder (Noches blancas), de Talking Heads (Fucsia) a la canción yeyé (Cowboy).

 

Hablamos con Santi Castillo sobre un álbum que busca reinterpretar el pasado para capturar el presente.

 

¿Por qué lo habéis titulado Rosi? Es un nombre que aparece en Fucsia, durante una llamada telefónica anónima (el interlocutor termina por colgar, sin que nadie se haya atrevido a responder). ¿Tiene algo que ver con Roxy Music? Hay algunas canciones, como La gran ciudad, que me recuerdan a La Mode, que iban un poco de eso, de los Roxy Music españoles.

En cierta manera, sí. Personalmente, Roxy Music es una de mis bandas favoritas. Y La Mode es un grupo que conocíamos, pero que, precisamente, redescubrimos antes de grabar el disco. Incluso la portada sigue un poco la estética de aquellas bandas de los años 70: Roxy Music, Brian Eno… La gran ciudad, que trata de describir una situación en un momento muy concreto, es una referencia a las canciones de los 80. En España, durante esos años, se hacían canciones que hablaban del momento, del contexto social, son temas fácilmente encajables en una época. Nos gustaba la idea de reflejar en algunas canciones el contexto en el que vivimos ahora mismo: cómo es la vida de una persona en un día como hoy, volviendo de trabajar, en Madrid.

 

rosi

 

Escuchando vuestro último disco he recordado aquello que decía Carlo McCormick de The Brian Jonestown Massacre, que no intentaban crear nada nuevo, que era una música totalmente posmoderna, un pastiche de estilos. Aquí ampliáis las influencias asimiladas hasta el momento, con ciertas atmósferas sintéticas a la cabeza.

Sí, desde luego es un pastiche de un montón de cosas. Ten en cuenta que somos siete personas y lo que sale habitualmente es una ensalada de ideas que te da un álbum como casi cualquiera de los que hemos hecho nosotros. A la hora de sacar un nuevo disco siempre nos planteamos alcanzar cierta homogeneidad en el resultado, pero luego nos rendimos, lo damos por imposible.

 

Pero lo que quería decir es que, al final, ese pastiche configura una especie de sonido propio. Igual suena un poco esquizofrénico, porque las influencias son aún más amplias y variadas, pero a mí Rosi me parece más homogéneo, más maduro, que El murmullo y, sobre todo, Exposición universal.

Puede que tengas razón. Llevamos tres discos tratando de combinar las influencias de cada uno y quizá en este último nos ha salido mejor. Exposición universal ni siquiera estaba concebido como un álbum, eran canciones que habíamos ido grabando en diferentes momentos; Subterfuge escogió diez de ellas y dijo: “Con esto sacamos un álbum”… A mí me encantan Roxy Music, Lou Reed, Talking Heads, Giorgio Moroder, La Mode, The Brian Jonestown Massacre… Para mí tiene sentido que todo eso esté dentro de un mismo envase, aunque sean referentes tan dispares. Desde mi vivencia personal, lo encajo perfectamente. Mira, me parece que nunca lo verbalizamos, pero, en el fondo, creo que todos teníamos en la cabeza quitamos la etiqueta sixties que nos habíamos creado con El murmullo. La verdad es que tampoco nos veíamos encajados ahí porque, como dices, nuestras influencias son muy amplias y variadas. De hecho, llegamos a pensar en cargarnos Cowboy, porque es la canción que más claramente conecta con nuestros discos anteriores, lo que cabía esperar de nosotros.

 

Esa madurez también se percibe en las letras: algunas hablan de ruido social, incomunicación, vacío, soledad, de personajes que se buscan y no se encuentran; no sólo de desamor. 

Creo que lo que hemos hecho por primera vez es mirar un poco fuera de nosotros. En ese sentido, no es un disco tan “ensimismado” como los anteriores, que reflejaban vivencias personales, de alguno de nosotros o de quien escribiese las letras. Aquí hemos sacado la cámara fuera y nos hemos fijado en otra persona, como en La gran ciudad o Fucsia. Es un ejercicio que teníamos muchas ganas de hacer porque era abrir un poco el abanico de posibilidades, probar otras maneras de narrar. No nos gusta nada repetirnos.

 

Por otra parte, es también un álbum algo ciclotímico, sobre todo a partir de la segunda mitad, las canciones de amor: se pasa del despecho de Pálida camarada o Cowboy a la lucidez y la nostalgia de Noches blancas y Hortensias.

(Risas) Bueno, ahí depende un poco de quién ha firmado la letra porque hay diferentes personas escribiendo, Carrasco, Álvaro y yo. Pero es que además lo somos. Somos del norte, así que, inevitablemente, somos un poco ciclotímicos y pasamos de estar eufóricos a estar callados como tumbas.

 

¿Cómo surge entonces una canción de Templeton? ¿Cuál es vuestro método de trabajo?

Solemos comenzar a trabajar a partir de una sensación sonora. Carrasco o yo componemos en nuestras habitaciones, componemos un montón de maquetas, que luego se llevan al local. Y las que tienen consenso, las que gustan a todo el mundo, se empiezan a trabajar. Por lo general, la letra viene después. Al menos en mis canciones siempre viene luego. Lo que sí hacemos es revisar mucho las letras al final. Las ponemos en común, sobre todo con Álvaro. Tiene que haber un consenso muy fuerte porque, como te decía antes, al ser siete y ser todo tan democrático es sometido a mucho debate.

 

Es vuestra segunda colaboración con Paco Loco. ¿Qué aporta al sonido de Templeton?

Cuando hicimos El murmullo, llevamos el disco muy preparado de casa. Habíamos estado grabando todas las canciones con Brian y, salvo algunos arreglos de última hora, todo estaba compuesto en Madrid. Así que Paco se centró en decidir con nosotros cómo iba a sonar y en elegir algunos instrumentos. Pero para Rosi la idea era no llevarlo tan preparado, intentar que salieran más cosas. Claro, siendo tantos, y con Paco aportando también ideas, lógicamente el resultado tiene que sonar posmoderno. Y en nuestro caso más, porque tenemos gustos bastante diferentes y entonces las referencias son ya inabarcables. Esta vez Paco ha podido producir muchísimo más. Además, como somos muchos, no paramos de opinar y discutir, así que también necesitamos una especie de director de orquesta.

 

¿Cómo ha sido volver a grabar bajo un sello? En El murmullo os visteis obligados a optar por la autoedición.

Bueno, nunca te ves obligado a nada. Podríamos haberlo hecho con una discográfica, con Subterfuge. Pero, en realidad, no estábamos muy a gusto, no coincidían nuestras maneras de ver la música de Templeton. Lo que hicimos entonces es lo que hacemos siempre, valorar todas las opciones. Mandamos algunas maquetas de El murmullo a distintas discográficas y no recibimos ninguna oferta que pusiera el mismo cariño que nosotros poníamos en el disco. Y lo que buscábamos era eso, alguien que confiara en El murmullo, que creyese en él, que no lo sacara por sacar. Así que, al final, nos encargamos nosotros mismos. Y fue muy bonito porque, salvo la promoción, todo lo hicimos nosotros: el diseño, la grabación, la producción, recibir y mandar personalmente los pedidos… En cambio, Sones se puso en contacto con nosotros sin haberles enviado la maqueta de Rosi. Hablamos con ellos, nos parecieron encantadores y pensamos que era el momento de delegar un poco todo ese trabajo para poder centrarnos en lo que realmente sabemos hacer.

 

¿Cómo surgió la colaboración con Carlos Vermut para el videoclip de La gran ciudad? ¿Fue El ángel exterminador (Luis Buñuel, 1962) una influencia, de alguna manera? 

Sí, es uno de los referentes que tenía. Pero creo que Carlos tampoco tenía muy claro cómo iba a ser. Nos conocimos por casualidad, aunque nos admirábamos mutuamente. A nosotros nos gustaban mucho sus cómics y sus cortometrajes, no sé si había terminado ya Diamond Flash (2011). Y él nos confesó que El murmullo era la banda sonora de su vida sentimental (risas). Así que pronto surgió la idea de hacer un videoclip. Ya imaginábamos que era atreverse a hacer un videoclip muy improvisado, porque el estilo de Carlos es el del director que busca. Encontró una localización alucinante en Toledo, nos puso a beber a las once de la mañana y nos dio unas mínimas  indicaciones para que hiciéramos alguna acción. Luego ponía la cámara y nos dejaba ahí diez minutos, a ver qué pasaba. Es un videoclip muy abierto a la interpretación, con esa historia de “El hombre que llora” y “La dama blanca”. A mí me gusta mucho esa noción de Carlos de que el espectador es inteligente, por eso le deja un espacio bastante amplio para que acabe de encajar las piezas a su manera.

 

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