Terror en el laboratorio

El Espacio Fundación Telefónica inaugura una exposición que celebra el aniversario de la reunión que Lord Byron, John Polidori, Percy y Mary Shelley compartieron hace 200 años en Villa Diodati. Esa velada fue el origen de “Frankenstein” y de otras tantas novelas en torno al personaje del científico loco. Por Redacción


16 junio 2016

imagen_terror_laboratorio

 

¿Puede la erupción de un volcán en Indonesia alterar la historia de la literatura occidental? Pues sí, al menos si una serie de casualidades cósmicas hacen que coincidan en el espacio y en el tiempo las personas indicadas…

 

Todo comenzó, dicen, el 16 de junio de 1816, es decir, hace exactamente 200 años, cuando la erupción del monte Tambora en Indonesia, cubrió los cielos de medio mundo con una gruesa capa de cenizas. Lord Byron, John Polidori, Percy y Mary Shelley –cuatro de las figuras imprescindibles del Romanticismo inglés–, que se habían retirado a Villa Diodati, una idílica residencia a orillas del lago Lemán en Ginebra, vieron de pronto cómo su soleado verano se tornaba lúgubre a causa de las cenizas volcánicas, obligándoles a permanecer encerrados en casa durante su estancia. Con semejante plantel de escritores reunidos junto al fuego, parecía casi inevitable que éstos acabaran pasando la velada compartiendo historias terroríficas, alimentadas por el clima extraño que había generado el volcán, pero también por el propio clima que vivía Europa en aquellos años, un clima de derrota y hastío tras las guerras napoleónicas y de declive moral, en el que las ideas ilustradas, que un día resultaron tan brillantes, ahora parecían muy lejanas. Un clima, por tanto, de bastante desasosiego existencial, al que se unían los avances que, desde comienzos del siglo XIX venían desarrollándose en química y electricidad, pero que sin embargo, no lograban responder a las preguntas esenciales sobre el origen, el sentido y la naturaleza de la vida.

 

Evil of Frankenstein belga

 

De ese encuentro en Villa Diodati surgió, entre otras cosas, una de las novelas de terror gótico y ciencia ficción más importantes de la literatura mundial: “Frankenstein o el moderno Prometeo“, escrita por Mary Shelley, inspirándose tanto en el mito clásico de Prometeo –que fue quien entregó el fuego a los hombres, tras robárselo a los dioses, del mismo modo que el Dr. Frankenstein robó a los dioses el poder de crear la vida– como en el larguísimo poema de John Milton “El paraíso perdido” –que reflexiona sobre la caída de Adán y Eva y también sobre por qué Dios permite el mal y el sufrimiento de los hombres–. Además de estas referencias más literarias, Mary Shelley también bebió de fuentes científicas para crear la historia de Victor Frankenstein y su monstruo, entre ellas, de los experimentos de Luigi Galvani sobre los efectos de la electricidad en los músculos y de las teorías del médico, naturalista y filósofo Erasmus Darwin sobre la reanimación de microorganismos muertos.

 

Invisible_Man

 

Con Frankenstein no sólo nació un monstruo inolvidable, sino también el tropo del científico loco, que en su desmesurada ambición y soberbia, acaba cometiendo los actos más atroces tras las puertas de su laboratorio. Esta popular figura de la literatura y la ciencia ficción es justamente la que explora la exposición “Terror en el laboratorio: de Frankenstein al doctor Moreau”, que se puede ver del 16 de junio al 16 de octubre en el Espacio Fundación Telefónica y en la que se analizan los antecedentes reales que había detrás de cada uno de los textos literarios que trataron estos temas, concibiendo el laboratorio como un lugar de creación en el que la experimentación, cuando trata de emular a Dios, acaba produciendo fatídicos errores. Ya sea creando monstruos, dobles o autómatas –las tres figuras en las que se centra la muestra– todas estas criaturas antropomorfas han terminado por convertirse en los mayores arrepentimientos para sus creadores, pero también en una de las fuentes de inspiración más importantes para la cultura pop, pulp y underground, que tiene una importante presencia en la exposición.

 

0591u

 

El recorrido comienza, precisamente, con una pequeña muestra dentro de una vitrina de algunas de estas figuras monstruosas que hoy nos resultan tan cercanas y a las que les hemos cogido incluso cariño. La exposición se asienta sobre seis grandes obras de la literatura, a través de las cuales explora las diferentes derivas en las que degeneró esta locura científica: la ya mencionada “Frankenstein o el moderno Prometeo” de Mary Shelley, “La isla del doctor Moreau” y “El hombre invisible” de H. G. Wells, “El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde” de R. L. Stevenson, “El hombre de la arena” de E.T.A. Hoffmann y “La Eva futura” de Auguste Villiers de l’Isle-Adam.

 

El primer bloque está dedicado a la figura del doble malvado, esa materialización del lado oscuro del científico, que tan bien ejemplifica el Doctor Jekyll y su terrible alter ego, Mr. Hyde, o el misterioso hombre invisible, que plantea las cuestiones morales de no ser visto por nadie y de cómo afectaría esa cualidad a nuestro estado mental en caso de volverse permanente.

 

El segundo bloque se centra en las máquinas de apariencia humana, es decir, en los autómatas (o quizá deberíamos decir “las” autómatas, pues la mayoría de las que se crearon –o se ficcionaron– tenían apariencia de mujer), que simbolizan esas criaturas mágicas capaces de imitar a la perfección el comportamiento humano. La historia de amor entre un joven y una autómata de “El hombre de la arena” o la creación de una androide espiritualmente superior de “La Eva futura” sirven para ilustrar este apartado, en el que tampoco podían faltar fotogramas de la película “Metrópolis”, en la que los robots antropomorfos juegan un papel fundamental.

 

El monstruo de Frankenstein y los terribles experimentos entre humanos y animales llevados a cabo por el doctor Moreau ocupan el último bloque de la exposición, dedicado a las criaturas monstruosas, donde la figura del científico chiflado sale más a relucir, como ese ser incapaz de reconocer la barbarie en sus propios experimentos.

 

A la exposición han contribuido la Filmoteca Española con la parte más terrorífica de su patrimonio cinematográfico, los Museos Complutenses –que han aportado diversos modelos anatómicos y veterinarios, para recrear ese ambiente que podría haber en los laboratorios del XIX–, así como varias colecciones privadas dedicadas a los clásicos de la literatura del XIX.

 

El malvado Mr. Hyde por Alfons Figueras 15 x 25 cm.

 

De forma paralela a la exposición, los días 29 de junio, 6 de julio, 3 y 10 de agosto se realizarán las “Visitas enajenadas“, unos recorridos dinamizados por la exposición, pensados para todos los públicos. Para el público adolescente, el fin de semana del 24 de junio también habrá un taller de doblaje en el que podrán aprender a impostar la voz como un auténtico monstruo.

 

Una muestra en la que ciencia y cultura caminan de la mano –como de hecho, debería ocurrir más a menudo– y en la que la curiosidad es el eje central sobre el que gira todo el montaje. Puertas que ocultan misteriosos textos, hologramas, vitrinas que parecen sacadas de otra época… todo ello nos invita a enfrentarnos a nuestros propios monstruos, con mucho sentido del humor.

11 diciembre 2017 by REDACCIÓN

Agenda del 11 al 17 de diciembre


Arte, mesas redondas, música, mercadillos… Los planes que no te puedes perder esta semana.


04 diciembre 2017 by REDACCIÓN

Agenda del 4 al 10 de diciembre


Cine, música, arte… Los mejores planes para disfrutar de esta semana.


27 noviembre 2017 by REDACCIÓN

Agenda del 27 de noviembre al 3 de diciembre


Noviembre se va por todo lo alto: los mejores planes para disfrutar de la semana.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *