Terry O’Neill: el rostro de las leyendas

Terry O’Neill se ha convertido en el fotógrafo de las leyendas. Este título se lo han aplicado también a su última exposición en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid, donde hasta el día 12 del próximo enero se podrá ver un repertorio de imágenes que establecen un recorrido desde Kate Moss hasta David Bowie. Por Lara Alcz Miranda


18 noviembre 2013

Brigitte Bardot retratada en España

 

Hasta sesenta y dos fotografías en blanco y negro componen esta exposición donde cada uno de los rostros enmarcados son conocidos por cualquier persona. Dicen que su carrera como fotógrafo comenzó en Heathrow, trabajando para una compañía aérea, pero lo que hizo crecer su fama a partir de los sesenta, fueron sus series fotográficas donde retrataba a bandas de música, y de hecho, fue uno de los primeros en hacerlo. Inmortalizó a los grandes gigantes de la época como los Rolling Stones o los Beatles, a los que fotografió por primera vez en el 63. Consiguió que una de sus obras, donde los Beatles aparecían en la terraza de los estudios Abbey Road, se convirtiese en la foto de portada de un periódico nacional inglés. Por primera vez una banda de rock aparecía en un diario, en el que fue uno de sus primeros trabajos, donde sus jefes le pidieron fotografiar a la juventud, pues creían que esa década pertenecía a la nueva generación de jóvenes. Y así lo hizo, y dice el londinense, “no se equivocaban”.

 

Mantuvo una especial relación con Frank Sinatra, durante treinta años, le siguió en su andadura y le fotografió lo suficiente para atreverse a confesar que el amor de Frank Sinatra por Gardner era indestructible. Cuenta el artista que conoció a Sinatra precisamente, gracias a Ava Gardner, que escribió una carta de presentación para él, O’Neill se la dio, y desde ese momento, se convirtió en la sombre del cantante, tomando carta blanca para acompañarle siempre que se le antojó. Este período junto a Sinatra fue lo que le hizo sentirse realmente un buen artista, un buen fotógrafo con todas las letras.

 

En los setenta se encargó de firmar imágenes tan míticas como las de Bruce Springsteen o la de David Bowie con tijeras y traje amarillo. Aunque no fue el único retrato famoso que hizo de este cantante, también fue el artífice de disparar a Bowie sentado junto a un gran danés saltando, imagen promocional de su disco Diamond Dogs, en 1974.

 

David Bowie, en la imagen promocional del disco "Diamond Dogs"

 

Sin embargo, O’Neill no se limitó al rock, sino que se relacionó con las estrellas del cine más reconocidas, algunas grandes leyendas de Hollywood. Actores y actrices míticas en la historia cuentan con fotografías del inglés. Sophia Loren en el 78 sentada sobre una cama, posaba mirando hacia arriba, en camisón, en una mañana donde amanecía radiante en Suiza en el rodaje de Brass Target con John Cassavetes. Faye Dunaway en Los Ángeles era fotografiada también en solitario, vestida con una batín de satén dorado y unas espectaculares sandalias, con una gran piscina al fondo rodeada por sillas, tumbonas y palmeras. Quizás una de las fotografías de O’Neill donde haya captado mejor la esencia e imagen de una diva. El ambiente era ideal, Dunaway acababa de recibir su Óscar la noche antes por Network, la imagen que traslada es la de una mujer confusa, que intenta asimilar el significado del galardón, según el fotógrafo “un estado de shock por el que pasan aquellos actores que reciben el Óscar durante las horas siguientes a la ceremonia que cambia su modo de ser para siempre”. Pero si hay una foto que no puede pasar desapercibida es la de Sharon Tate, mujer de Roman Polanski. Un desnudo significativo que se tomó en 1969 en Londres. Terry O’Neill acompañaba a Tate mientras ella compraba ropa para bebé cuatro días antes de que Charles Mansons y su banda la asesinasen a ella y su hijo. El fotógrafo cuenta que él debía estar en aquella casa esa noche pero siempre estaba enfermo y casi nunca acudía a fiestas.
Aún así, O’Neill habla de los sesenta como la mejor década de su vida, “era como descubrir el cielo en la tierra”- afirma.

 

Sharon Tate era íntima amiga del fotógrafo

 

Muhammad Ali, Clint Eastwood, Paul Newman, Audrey Hepburn, Raquel Welch, Ursula Andress o Bardot son algunos de los nombres más célebres de la lista interminable de iconos que se dan cita en el archivo de este maestro. En concreto, Brigitte Bardot, fue fotografiada en España, el artista confiesa que la imaginaba como una “gatita sexy” pero que contra pronóstico, descubrió una mujer alta, elegante, que transmitía seguridad y poder. Divertida, la francesa conquistó el objetivo, con un cigarrillo en la boca, mientras el viento soplaba y descolocaba su pelo sobre su cara. Una fotografía con un potencial épico que se tomó en un descanso del rodaje de la película “The Legend of the Frenchie King”, en 1971.

 

De su relación con el mundo del cine y las grandes personalidades como John Wayne, Sean Connery, o Lee Marvin, Terry O’Neill deduce una opinión que sentencia el cine actual. Mientras este elenco de intérpretes eran actores y actrices reales, que hacían buenas películas y cine de verdad, el cine de hoy, para él, sólo se trata de adaptaciones de remakes de cómics como Iron Man, Spiderman, etc…

 

La cámara que usaba era una de 35mm, lo cual no era común entre los fotógrafos de los sesenta. Lo que interesaba a Terry O’Neill era la complicidad entre sus personajes y él, introducirse en el ambiente y inmortalizar los momentos que llamaban su atención. Los retratos más estudiados, más preparados no eran su pasión, sino el hecho de capturar el instante original y especial. Sin artilugios de estudio, flashes, u otras herramientas, sólo con su pequeña cámara desarrolló un estilo propio. Cada carrete le permitía tirar treinta y seis fotos, lo que hacía que siempre llevase el bolso lleno de rollos.

 

No ha parado de trabajar desde hace medio siglo, pero él mismo reconoce haber hecho grandes amigos, a menudo aquellos a los que ha ido fotografiando. Lo que quizás se conozca poco es que hace cincuenta años Terry O’Neill era baterista de jazz y su sueño era viajar a Estados Unidos para destacar como músico, tocando con los más grandes, pero fue justo en ese momento de su vida cuando BOAC le contrató como fotógrafo de aeropuerto. Poco después tomó aquella instantánea que le hizo famoso: la fotografía de Rab Butler, el por aquellos tiempos Ministro de Asuntos Exteriores de Inglaterra. O’Neill confiesa que la última persona dedicada a la música, con un talento verdadero a la que pudo fotografiar, fue Amy Winehouse.

 

La última artista musical "con talento verdadero" que el fotógrafo retrató

 

Terry O’Neill. 
El rostro de las leyendas
Espacio Fundación Telefónica. Hasta el 12 de enero
c/Fuencarral, 3
 

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