Tiendas con historia

Una mirada al pasado a través de los escaparates más emblemáticos de la Gran Vía. Por Lola Elkin


01 diciembre 2015

Si el primer tramo de la Gran Vía fue nombrado hace unos años como el Broadway madrileño por sus teatros y numerosos espectáculos musicales, el segundo tramo, de Callao hacía arriba, podría servir de inspiración para la adaptación escénica de algo así como “Alicia en el país de las mil y una tiendas”, por la proliferación de establecimientos comerciales que flanquean la avenida. Aquí estrenamos directamente la secuela, “Alicia a través del escaparate y lo que encontró ahí”, y es que, más allá de los espejos y vitrinas, hay tiendas en Madrid que tienen toda una trayectoria que contar, que no empieza ni —esperemos— acaba con el logo de una cadena de moda.

 

Sin ánimo de que tu tarde de compras por el centro tenga que convertirse en una ruta arquitectónica, ni que termines de leer el artículo con pensamientos de que cualquier tiempo pasado fue mejor, te contamos algunas curiosidades que seguro harán que miras estas tiendas de forma diferente la próxima vez que las visites.

 

PasapogaMadrid

 

Gran Vía, 37: un edificio de cine en todos los sentidos

Dejarse embelesar por la ornamentación del H&M del número 37 (al lado de Callao) es algo inevitable. El emblemático edificio de estilo clasicista, que en su día albergó los Cines Avenida es ahora el flagship store de la cadena sueca en la capital. Al estar protegido por patrimonio, entre compra y compra todavía se puede captar parte de su esencia original, conservada en el mármol de la majestuosa escalera de la entrada —que antiguamente comunicaba el hall con las salas de proyecciones—, o en las restauradas vidrieras de los años 30 de su fachada y en parte de su estructura interior de forma circular, que en su día funcionó como patio de butacas. Siguiendo la senda del cine, un salto de tres plantas te lleva de la pantalla al lugar de encuentro de sus protagonistas. A muchos les sorprenderá saber que por el sótano del edificio, transformado hoy en sección masculina, pasaron estrellas internacionales de la talla de Ava Garner, Frank Sinatra o Gary Cooper, invitados Vip de los saraos del Pasapoga, una de las sala de fiestas más efervescentes de los años 40, donde, y como curiosidad, se presentó en sociedad una grande del cuplé patrio, Sarita (por aquel entonces) Montiel.

 

Gran Vía, 25: una tienda con esencia de puertas afuera

En este peculiar recorrido por la Gran vía del revés, el eco del cine y el de la música se encuentran en apenas unos números. ¿Quién no se ha topado alguna vez con los hermanos Alcázar en la esquina con Montera? Quizás algunos no reconozcan el nombre, pero decir que no conoces a los heavys de la Gran Vía es como decir que no has visto nunca la Cibeles. Emblemas vivientes de una época en la que el eje comercial de la ciudad era algo más que una gran tienda multimarca, este par de gemelos, revolucionarios para unos y frikis para otros, lucen perennes a la puerta de lo que hoy es un Bershka más. Solo su presencia queda ya en el número 25 que recuerde a la mítica tienda de discos que fue Madrid-Rock. En el interior del establecimiento ahora el olor a vinilo es de otro tipo, más de moda y menos retro, sin portadas de Metallica y clasificado por tallas para adolescentes. Aquellos rótulos Glam de corte ochentero que vestían la entrada eran horteras sí, pero eran auténticos dirán los más nostálgicos. Una tienda en la que su esencia se respira de puertas afuera. 

 

AlmacenesMadrid-París

 

Gran Vía, 32: la idea del lujo a expensas del low-cost

Cruzando de acera, en el número 32, nos encontramos con el recientemente inaugurado macro palacio de la ropa de bajo coste Primark, y su espectacular iluminación de la fachada, digna de cualquier establecimiento de lujo. La curiosidad de tanta ostentación reside en saber que la idea original del edificio era, irónicamente, convertirse en las galerías más glamurosas de Madrid, al estilo del centro Lafayette en París. Pocos hubiesen adivinado a principios de siglo, cuando el rey Alfonso XIII cortaba la banda inaugural de terciopelo rojo que vestía la entrada de los por aquel entonces llamados Grandes almacenes Madrid-París, que décadas más tarde, este mismo comercio de postín (que nunca llegó a triunfar del todo), iba a acoger en su interior el mayor establecimiento de moda low-cost de la ciudad, convirtiéndose el gigante irlandés en una versión inversa y mucho más lucrativa, de todo lo que ese otro “sueño parisino” quiso llegar a ser.

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