De lo íntimo a lo universal

Tito Pérez Mora trabaja conceptos universales en sus obras, abordados desde una perspectiva íntima y un lenguaje minimalista. Procedente de la arquitectura y el diseño, Pérez Mora ha encontrado en las artes plásticas el vehículo perfecto para canalizar sus emociones y obsesiones. Por Nicola Mariani.


21 noviembre 2018

“Muchas de mis obras necesitan del tiempo para completarse. Considero que el tiempo debe ser un aliado”. En una época como la actual, en la que la hiperaceleración general nos lleva a considerar a menudo el tiempo como un obstáculo que se ha de superar para alcanzar (de manera utilitarista y casi obsesiva) un objetivo programado detrás de otro, abogar por la dilatación del tiempo, la exploración de la memoria o el ensayo de la deriva puede resultar una postura ética y poética casi revolucionaria. Y es precisamente en esa visión del tiempo, como aliado y como universo por sondear, que el artista alicantino, afincado en Madrid, Tito Pérez Mora (Benidorm, 1977) basa su personal camino creativo.

 

Su trabajo surge de una necesidad fundamental de abordar, a través de la práctica artística, un proceso introspectivo de búsqueda constante, que profundiza en la experiencia emocional íntima para conectar con la dimensión universal de la condición humana. Como afirma él mismo: “Creo que mi trabajo —aparentemente muy hermético— es un trabajo abierto que, en ocasiones, necesita del espectador para cerrarse, para completarse. Es en esa interacción con el espectador donde se acaba materializando todo, y lo íntimo llega a ser universal”.

 

Tito Pérez Mora. Fotografía: © Adrià Cañameras.

 

Después de más de diez años de actividad en el ámbito de la arquitectura y el diseño, Tito Pérez Mora decidió aparcar momentáneamente esta faceta profesional para dedicarse plenamente al desarrollo de su trayectoria artística; una labor que compagina con otra gran pasión, la docencia. Su obra está caracterizada por un sólido planteamiento conceptual que se manifiesta a través de un lenguaje minimalista que conjuga la intervención de objetos con otras técnicas, como la instalación, la fotografía o el vídeo, entre otras. Un recurso creativo fundamental es sin duda la palabra escrita, que aparece de forma recurrente en todos sus trabajos y en diferentes soportes (del cuerpo humano al papel, del fieltro al plomo, del vidrio a las banderas, por mencionar solo algunos). Como afirma él mismo: “La palabra es fundamental en mi trabajo. Intento sintetizar, destilar a través de ella”.

 

Entre sus referencias creativas, destacan el artista y profesor de la Bauhaus Josef Albers, Sophie Calle, Joseph Kosuth, Louise Bourgeois, On Kawara, Joseph Beuys o Roman Opalka entre muchos otros; todos creadores que, en palabras de Tito, tienen en común “el trabajo con el tiempo y la capacidad de enfrentarse a sus sombras”.

 

En la entrevista que presentamos a continuación, repasamos con Tito algunos de sus trabajos más sugerentes. Asimismo, hablamos del Premio Colección Jiménez Rivero, que ganó en la última edición de la feria de arte contemporáneo Estampa, de su reciente exposición en la galería Twin Gallery de Madrid y de otros temas como la catarsis, la ausencia o los icebergs…

 

S/T, instalación, bandera de plomo, mástil y cable de acero. CAAM, Las Palmas de GC, 2017. Cortesía Tito Pérez Mora.

 

Hace unas semanas, en la feria Estampa, recibiste el Premio Colección Jiménez Rivero por tu propuesta en el stand de la galería madrileña Twin Gallery. ¿Qué expusiste en aquella ocasión y qué supone para ti este premio?

 

Las obras expuestas en Estampa eran una bandera y una serie de fotografías. La bandera la presenté en el CAAM de Las Palmas de Gran Canaria, dentro de la exposición “Anatomía de lo leve (y sus turbulencias)”, en 2017, y era una de las piezas con más peso de una instalación más amplia. Una bandera de plomo que yace en el suelo, con su mástil vacío. Una bandera de 21 kg que, de alguna manera, representa el peso de las banderas del pasado, ya caídas/yacentes. Se trata más de una anti-bandera; una bandera que ya no volverá a ondear debido a su peso, su carga, su memoria y lo que todo ello representa. La obra cuestiona la bandera y su simbolismo, como elemento de conquistas, apropiaciones, identidades… La bandera es uno de los soportes sobre los que trabajo y la he utilizado en otros proyectos vinculados con la identidad, la historia, el paisaje…

 

Además, se expuso una serie de fotografías, pertenecientes a un proyecto anterior llamado “La Herencia”; tres fotografías de mi brazo izquierdo tatuado con la frase SANGRE DE TU SANGRE. La serie completa la componen 12 fotografías que muestran el proceso de cicatrización —durante varias semanas— de la herida, hasta la desaparición por completo del texto, ya que el tatuaje estaba realizado sin utilizar tinta. Una manera de entender la presencia de una frase con tanta carga emocional, a través de la ausencia de la misma.

 

S/T, obra del proyecto “Herencia”, 2018. Cortesía Tito Pérez Mora.


 

Por otro lado, también en Estampa, se presentó —en la sala destinada a la Asociación 9915 y la Fundación Banco Santander— la obra “308,9 kg”; una propuesta sobre la memoria, el resto y el peso. Trabajar con lo que en un momento dado había sido parte fundamental de la vida de una familia, y un día dejó de serlo. Un trabajo de catalogación e inventariado de lo que una familia decidió abandonar en una casa tras muchos años de vida en ella. Fue un trabajo muy revelador.

 

El premio fue una sorpresa enorme y un subidón. Estoy muy agradecido a la Colección Jiménez Rivero por todo su apoyo a mi trabajo desde Casa de Indias, su fundación y residencia de artistas.

 

¿En qué momento crees que se encuentra actualmente tu trayectoria artística?

 

Hace unos años decidí dedicar mi tiempo y centrar mi atención en mi obra artística. La práctica de la arquitectura quedó aparcada tras 13 años de actividad. Tenía la necesidad de trabajar e investigar otros campos fundamentales en mi crecimiento personal y profesional, donde la arquitectura no era capaz de llegar. Ha sido la consecuencia en un proceso de búsqueda. Es a esa constante búsqueda a la que trato de dedicar mi tiempo actualmente, con intensidad y compromiso.

 

En tu reciente exposición “Fade to (black) white” (Twin Gallery, septiembre-octubre, 2018) abordas temas como la desaparición, la memoria y el paso del tiempo. Se trata de conceptos bastante recurrentes en tu trabajo. Pienso, por ejemplo, en los proyectos que acabas de mencionar, “Herencia” (que, entre otras cosas, participó en el Festival Off de PhotoEspaña 2014) o “308,9 kg”. Hablando de tu obra, sueles mencionar, como un elemento esencial, “la necesidad de ahondar en la memoria”. ¿Podrías hablarnos un poco más de tu personal planteamiento artístico y de tu manera de abordar el proceso creativo?

 

Lo cierto es que toda mi obra es un reflejo del momento en que me encuentro. A veces más cercano a la deriva, otras más controlado. Todo mi trabajo es muy autobiográfico, y describe mi momento vital actual. Me interesa trabajar desde la intimidad, y de ahí es de donde viene todo. Cosas que me mueven, me obsesionan, que me hacen reaccionar, y la manera a través de la cual las entiendo. La memoria está ahí. Decides mirarla o no, pero es inherente a nosotros, por eso me interesa, porque —sin haberla elegido— forma parte de nosotros y debemos gestionarla a lo largo de nuestra vida. Personalmente, me ayuda a buscar y a preguntarme quién soy y dónde estoy y, a partir de ahí, trabajar.

 

No me interesa la nostalgia, ni trabajar con el pasado per se. Tiene que ver más con lo que hay, con lo que sucede, y con cómo reacciono frente a ello. Lo asocio, a veces, al momento en que haces una reforma de un espacio. Partes de algo que ya existe. Lo lees. Lo interpretas, y haces. Creo que mi trabajo tiene que ver con esto. Me interesa cómo un proyecto me lleva al siguiente, y su relación inconsciente. Por eso creo que mi proyecto artístico es el mismo desde que empecé; un proyecto que evoluciona y crece conmigo.

 

Vista de la exposición “Fade to (black) white”, varias obras. Twin Gallery, Madrid, 2018. Fotografía © Daniel Vega Borrego. Cortesía Tito Pérez Mora.


 

En una entrevista que tuviste con ella en 2016, la comisaria Susana Blas presenta tu obra con estas palabras: “Su poética minimalista es el resultado de una forma de entender el espacio como un generador de contextos donde colisionan historias, afectos, paisajes, objetos y conceptos. Sus instalaciones acontecen cuando son recibidas por un espectador al que siempre se le invita a colaborar con sus propios recursos afectivos”. ¿Qué importancia tiene para ti la interacción emocional con el espectador?

 

Trabajo desde la intimidad, para mí, con mis obsesiones. Es a través del arte que he podido encontrar una manera de canalizar mis emociones y estados más íntimos. Y esas obras, en ocasiones, llegan a conectar con la gente, con sus propias emociones, de una manera muy especial; eso es muy gratificante. Aún partiendo de algo tan personal e íntimo, son temas universales y que, de alguna manera, tocan y llegan a aquellos que quieren profundizar un poco más en tu trabajo.

 

Creo que mi trabajo —aparentemente muy hermético— es un trabajo abierto que, en ocasiones, necesita del espectador para cerrarse, para completarse. Es en esa interacción con el espectador donde se acaba materializando todo, y lo íntimo llega a ser universal.

 

 

S/T, obras del proyecto “1/8”, 2014. Cortesía Tito Pérez Mora.


 

Otro elemento muy presente en tu obra es el tema de la catarsis, es decir, el deseo de sondear emocionalmente la deriva, los nuevos inicios, las fracturas, los caminos inexplorados… Algo que, en mi opinión, queda magistralmente plasmado en “1/8”: un proyecto que nace a raíz de la residencia artística “The Artic Circle”, gracias a la cual viajaste al archipiélago ártico de Svalbard (Noruega). ¿Cómo abordaste aquella extraordinaria experiencia humana y artística?

 

Aquello fue una terapia en toda regla. Varias semanas navegando a bordo de un velero, con 24 artistas más a bordo. Una experiencia intensa y muy potente a todos los niveles. Fui con la idea de trabajar algo que, de alguna manera, se viera contaminado y condicionado por un entorno único como aquel, muy cercano al Polo Norte, en los límites de lo habitable. La deriva, los icebergs como elementos a la deriva, los espacios en blanco, la indefinición, la desaparición, la ausencia… No era un trabajo sobre el paisaje, pero sí fue un retrato íntimo de aquel momento, y obviamente, el entorno ayudó a contextualizar este trabajo.

 

Esa desconexión temporal con nuestro entorno espacial y personal más próximo —únicamente disponíamos de un teléfono vía satélite para utilizar en caso de emergencia—, fue una experiencia muy reveladora, de digestión lenta…

 

Me fui muy lejos, para hablar de lo más íntimo y cercano. Es un proyecto que considero aún abierto, como la mayoría de mis trabajos. Muchos de ellos siguen en proceso. Considero que mis obsesiones y pasiones son pocas y muy reiterativas.

 

Otro proyecto muy emocionante es “La última vez” (que en 2016 fue galardonado con el premio NOCA en la feria Marte de Castellón). Se trata de una serie de dibujos realizados de una forma muy especial, en los que abordas el tema del desprendimiento consciente y definitivo de una persona querida. ¿Podrías hablarnos un poco de ese trabajo?

 

El proceso y desarrollo de la obra “La última vez” fue algo tan doloroso como necesario. Trabajé durante meses a ciegas, en completa oscuridad, dibujando sin ver el resultado de una serie de cerca de 400 dibujos realizados de forma automática. Una manera de evitar la mirada. No querer volver a ver ese momento, pero sí recordarlo transformándolo en otra cosa que no fuera únicamente un momento de dolor. Una última visita a un amigo muy especial. Un duelo silencioso, oscuro y necesario que dio pie a un proyecto de dos años sobre la memoria, la mía.

 

S/T, obra del proyecto “La última vez”, 2016. Cortesía Tito Pérez Mora.

 

Fue el comienzo de mi último trabajo, “Fade to (black) white”, un proyecto sobre la memoria, la desaparición y el tiempo. En él me preguntaba qué recordamos, por qué lo recordamos y cómo lo recordamos. Durante el desarrollo del proyecto, he vuelto a lugares —a veces desde la memoria, a otros físicamente— cerrando puertas que aún consideraba abiertas y cavando en los espacios de sombra, sacando a la luz aquello que ha permanecido oculto durante un tiempo. Muchas de mis obras necesitan del tiempo para completarse. Considero que el tiempo debe ser un aliado.

 

En tus proyectos suelen estar presentes obras con textos minimalistas. ¿Qué importancia tiene la palabra en tu manera de ver y practicar el arte?

 

La palabra es fundamental en mi trabajo. Intento sintetizar, destilar a través de ella. La carga de la palabra y cómo condiciona en la lectura e interpretación de una imagen, de un lugar, de un espacio. La he utilizado en tatuajes, bordada en sábanas y fieltro, en banderas, en textos escritos en canteras o en lingotes de plomo… El soporte sobre el que se escribe tiene la misma importancia para mí. Me interesa ese diálogo.

 

En las ocasiones en las que decido poner un título a alguna obra, es con la finalidad de completarla, aportándole la información que el resto de elementos que la componen no le han dado. Casi siempre son datos, números, relaciones… información precisa, que creo ayuda a cerrar la obra.

 

S/T, obra del proyecto “Herencia”, 2013. Cortesía Tito Pérez Mora.

 

Además de tu carrera artística, desempeñas una labor profesional de arquitecto y docente. ¿Cómo se relacionan estas distintas actividades? ¿Qué es lo que más te gusta de cada una de ellas?

 

Mi evolución profesional ha sido muy orgánica, en el sentido de que cada experiencia me ha ido llevando a la siguiente, casi siempre como consecuencia en un proceso de búsqueda y experimentación. Estudié arquitectura y he trabajado como arquitecto los últimos 13 años. Me interesa la docencia, la investigación, la transmisión del conocimiento y la experimentación, y por ello sigo impartiendo clase en varias universidades. He tenido la oportunidad de trabajar en diversos campos vinculados con la arquitectura, el diseño y el arte, que me han ido aportando un conocimiento muy transversal. Me considero muy afortunado en ese sentido. Evidentemente cada actividad ha ido sumando y aportando a las otras. Me quedo con dónde me ha ido llevando cada una de ellas.

 

En tu web manifiestas una especial admiración por Josef Albers. ¿Qué otras referencias artísticas y creativas mencionarías como fundamentales para ti?

 

Me cuesta responder a esta pregunta. Me interesa el trabajo de mucha gente, pero las que siempre están presentes, y a las que vuelvo a menudo son Sophie Calle, Elena del Rivero, Joseph Kosuth, David Delfín, Agnes Martin, Christian Boltanski, Louise Bourgeois, On Kawara, Jiro, Werner Herzog, Glenn Gould, Beuys, Aki Kaurismaki, Francis Alÿs, Roman Opalka, John Berger, George Perec… Destacaría, de todos ellos, el trabajo con el tiempo y la capacidad de enfrentarse a sus sombras.

 

¿En qué estás trabajando en este momento? ¿Puedes adelantarnos algo de tus próximos proyectos?

 

Quiero seguir trabajando y profundizando sobre los lugares comunes entre diversas disciplinas que me interesan recorrer en paralelo. El trabajo con el paisaje, los paisajes interiores y la síntesis de los mismos a través del dibujo y la repetición. Los retos y las conquistas pendientes. Temas a los que vuelvo de manera recurrente, y que me siguen obsesionando.

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