Trajano!: Luz en la oscuridad

Hablamos con Trajano!, una banda madrileña de post-punk (aunque a ellos no les haga demasiada gracia este término) cuyos directos son una verdadera experiencia estética y catártica. Por Ángela Cantalejo


17 octubre 2014

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Esta nueva época en la que las profesiones parecen ramificarse como las raíces de las grandes secuoyas, alguien puede llegar a tener el trabajo más raruno e insospechado de su pueblo. Pero hay uno, por encima de todos, que despierta en mí una mezcla insana de admiración y perverso odio. Es el oficio de el/la gurú que decide por primera vez clasificar a una banda novel en un estilo concreto. Esta encomiable labor consiste, básicamente, en inventarse una seudo-corriente musical en la que van incluyéndose, uno por uno y de manera casi aleatoria, los trabajos de estos pobres inocentes que, seguramente, desconocen las consecuencias de tan infame acción: el sanbenito, pesado como una lápida, quedará inalterable por los fines de los fines y será usado por otros muchos gurús (éstos menos imaginativos que los primeros) que harán suya la etiqueta con suntuosa y categórica maldad.

 

Algunos ejemplos: neo-folk, minimalismo progresivo, techno-funk, disco-beat, pop alternativo, rock conceptual o, mi favorito, post-punk. No creo faltar a la verdad si digo que el 89.9% de las bandas de los últimos 20 años han sido catalogadas como post-punk, ese cajón de sastre en donde entra todo. Pero, como creo que en la destrucción hay también mucho de creación, empezamos nuestra charla con Trajano! en una tienda de ropa vintage de la calle Velarde, propiedad de Álvaro, el bajista. Allí, entre cervezas, me dejaron conocerles un poquito más y echamos por tierra, uno por uno, todos los clichés que ya les habían colocado. Destruir, quemar para volver a nacer.

 

Siendo justos con los gurús catalogadores debemos decir que, obviamente, este grupo nacido en Madrid tiene un sonido más cercano a Toy o a Siouxsie que a Neil Young. Con esto claro, desentrañemos por qué no les gusta nada eso de “banda post-punk” ni de buscar un mensaje trascendental a su música. Trajano! se lo pasan bien haciendo de sus directos una experiencia estética y catártica.

 

Álvaro (teclados): “Nos gusta sonar oscuros, que las letras no se entiendan muy bien, que parezcamos un poco chiflados. Para escribir canciones de amor ya están otros y, sinceramente, no creo que nosotros lo hiciéramos mejor. Nos enfrentamos a la escritura de otra manera. Ahora mismo no nos interesa ni el amor ni la crítica sociopolítica. Y es que parecemos empeñados en que la música esté al servicio de un fin mayor: mensaje, reivindicación, revolución o trascendencia”.

 

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Son chicos de gustos sencillos: les encanta la gastronomía, tomar el vermut con los amigos y salir por garitos de Malasaña. Eso sí, gran parte de su tiempo libre la invierten en el grupo y es que están empeñados en dejarse la lengua fuera en cada directo para que la gente explote con sus sonidos cacofónicos y perturbadores. Eso son Trajano!, un estallido visceral de letras apocalípticas que rayan lo absurdo en una especie de apología noise de pelis como Forbidden Planet o Los chicos del maíz.

 

(Carlos, batería): “Creo que tenemos un sonido particular, no hemos inventado nada, pero creo que sonamos a algo que a la gente ya le apetecía escuchar. El mayor subidón para un grupo es que alguien pueda decirte “mmm esto suena a Trajano!”, tener tu propio sello, ser fácilmente reconocible”.

 

Su primer LP,  Antropología (2014) es, quizá, la más clara manifestación de nihilismo. Algo así como “creemos que no hay que creer en nada”.

 

Álvaro (bajo): “En Antropología hemos hablado del fin de la humanidad, pero no tenemos ni idea de qué letras o sonidos puede traer el siguiente álbum, quizá hablemos de la flora y la fauna locales. Tenemos un montón de influencias muy distintas y puede salir de todo. Si algo tenemos todos claro es no encasillarnos en cuanto a letras o estilos”.

 

Pero el camino acaba de empezar y aTrajano! aún les queda mucho año para defender su disco en esos directos caóticos en los que, por cierto, Álvaro (teclados) y Carlos (batería) llevan fatal eso de no poder apenas bailar, saltar y moverse por culpa de sus instrumentos.

 

Álvaro (teclados): (Risas) “Sí, yo estoy pensando pedirle prestado al grupo Camela su teclado portátil para poder bailar y darlo todo en los conciertos. Si por nosotros fuera, estaríamos tocando todo el día”. Álvaro (bajo): “Empezamos ahora a hacer bolos fuera de Madrid y lo que más nos apetece es coger la furgoneta y hacer kilómetros.” Carlos (batería): “Los directos son nuestra mejor oportunidad para convencer. Esos nervios de saber que estás tocando para alguien que no te conoce de nada y que después nos digan que les ha encantado el concierto, que les han gustado los temas… Es un chute impresionante”. 

 

A pesar de que no son unos recién llegados (llevan más de tres años como formación), comienzan a darse a conocer rápidamente y todo apunta a que serán la gran sorpresa de los festivales del próximo año. Álvaro (teclados): “La gente nos dice ‘os he visto en tal y tal… Estáis en todas partes’. Nosotros igual no lo percibimos de una manera tan intensa, somos más pesimistas, pero sí que es verdad que en estos últimos meses ha habido quizá más repercusión. Hay que tener mucha fe, porque cuando sacas un disco, estás un poco desnudo: si va a gustar o no, ya no depende de ti”. Álvaro (bajo): “A ver, nosotros no creamos el grupo con ningún fin concreto. Nos conocimos por Malasaña, quedábamos para ensayar y nos lo pasábamos de puta madre. De repente salió algo que molaba. Es una especie de escalofrío, de corazonada que no puedes controlar”.

 

Y es que tienen tantas ganas que ya están pensando en volver al estudio. Álvaro (teclados): “Queremos grabar algo nuevo pronto porque la vida de un disco es muy corta. Quizá antes los consumidores de música teníamos más paciencia, pero ahora demandamos temas nuevos de nuestros grupos favoritos en seguida y eso es algo que no se puede evitar”. Carlos (batería): “Sí, ya tenemos pensado escaparnos algún fin de semana a componer. Es muy posible que hagamos un hit para que se convierta en la canción del verano. Con el teclado portátil de Camela y una botella de anís (risas). Que tiemblen los festivales del próximo verano…”.

 

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Y seguramente temblaremos todos. Porque sus directos acaban convirtiéndose en una especie de aquelarre en el que los cuatro están poseídos por una fuerza común que terminan transmitiendo al público que, también poseído, acaba extenuado. Y esa disposición a darlo todo no es una virtud de la lozana adolescencia porque en este grupo tan ecléctico, las edades de los integrantes van desde los 22 a los 38 años. Es, simplemente, que se creen lo que hacen. Y la actitud, en la música y en la vida, es sinónimo de éxito.

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Comentarios:

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Victor says:

Mooooola el artículo y moooola Trajano!!

Pedrete says:

Una pena de grupo tendencioso. Dos telediarios les doy.

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