Tras las huellas de Muelle

Hay personajes destinados a dejar su huella allá por donde pasen. Su talento les lleva a visionar y amoldar el futuro a su antojo. El primer graffitero nacional era uno de ellos. Fue pionero en ver lienzos donde otros veían paredes o mensajes políticos. Introdujo a Madrid en una era marcada por la identidad individual e impregnó la ciudad de su halo de rebeldía, estilo y misterio. Buscamos 20 años después de su prematuro adiós sus huellas perdidas y la esencia que dejaron en las paredes la ciudad sus ingeniosas flechas de colorines. Por David Arias


06 marzo 2015

campamento3

 

Pocos podían adivinar en el barrio obrero de Campamento que aquel chico de clase humilde, con inquietudes y aroma a artista iba a marcar un antes y un después en el arte de la ciudad. El punto de partida por el universo Muelle no podía ser otro que su propio barrio.

 

Nos hemos pasado por Campamento para encontrar el rastro del maestro del spray. Se trata de una zona que respira arte callejero. Todos quieren firmar en las antiguas paredes de Muelle. Su esencia se sigue resistiendo al olvido y a los escuadrones de limpieza que borraron su nombre de las paredes. Aún hoy los flecheros siguen honrando al rey caído firmando con el estilo autóctono de Madrid, reconocible en cualquier punto del planeta.

 

campamento4

 

Un kiosko en la calle Carabias sirve de homenaje al hijo ilustre del vecindario Fue dibujado en 2010 por varios admiradores. El perfil de Muelle en Facebook, que se dedica a mantener vivo su recuerdo, muestra un par de Muelles originales en la Avenida Padre Piquer y en la calle Seseña, pero no pudimos dar con ellos. Seguiremos buscando las pistas por toda la ciudad que nos lleven hasta Muelle.

 

campamento6

 

Allí en su barrio, Juan Carlos Argüello se convierte en Muelle siendo un pre-adolescente espabilado que tunea su bicicleta con un ostentoso muelle cuya finalidad es darle la estabilidad suficiente como para despeñarse por las pendientes del barrio. La ocurrencia no pasa desapercibida y fragua el destino del chico. El rebautizado Muelle crece en un ambiente libertario donde es importante la identidad y ser libre.

 

En esos años 80 de adolescencia y cambio político, descubre a los Dead Kennedys y la banda yanki le da sentido a muchos de sus planteamientos vitales y existenciales. Se enamora del punk y empieza a llevar encima una cinta de la banda preparada para sonar en cualquier momento. También le seduce el refinamiento del jazz y se deja caer a menudo por las salas de ensayo Carabox. Pasa por la mili y aprende a tocar la batería en el MACOM (Mando Aéreo de Combate). Tras el servicio militar, forma una banda punk con gente del barrio de nombre Salida de Emergencia. Su gran pasión musical le reconduce a su destino.

 

campamento5

 

Es 1984 y Muelle comienza a interesarse por los graffitis neoyorquinos, que destacan por su colorido y exuberancia. Lo tiene claro. No quiere imitar, prefiere que le imiten. Desea crear algo diferente y local. Tras dar algunas vueltas al concepto, se le ocurre crear una firma simple pero sofisticada que pueda convertir en logotipo y comercializarse. Su intención es financiar a su banda punk falta de ingresos. Comienza a pintar durante ese año 84. Su primeras rubricas se dejan ver por su barrio sin que ningún vecino comprenda el mensaje. Todo el mundo se lo busca sin entender que el arte no tiene por qué utilizar un mensaje legible.

 

Pinta de noche y durante tres años disfruta del sueño de cualquier graffitero: el anonimato absoluto. Su obra se comienza a extender por toda una ciudad efervescente que demanda descaro y brillo. En 1985 patenta su logotipo, aunque nunca lo llega a vender. Curiosamente, el diseño original potencia el copyright como referencia visual de la identidad personal.

 

En pocos meses Muelle se convierte en la postal de Madrid. Allá donde mires, él ha estado una noche antes que tú. Un andén en Carpetana, una valla que flanquea la Cibeles, Leganitos, Atocha, calle Segovia o Gran Vía amanecen con esa firma anónima que desafía a la eternidad sin saberlo. Junto al Rastro hay una esquina con encanto, en la calle San Millán. Allí se encontraba La Bobia, un local mítico donde se podían fumar canutos con aroma a juventud ante lápidas customizadas. A su puerta se encontraba un mural profanado por Muelle. Hoy en día ya no queda ni local, ni rúbrica ni mural.

 

Hemos paseado buscando el rastro de aquellas firmas provocativas, estilosas y desaparecidas en el tiempo. Esa fugacidad es parte indisoluble del arte urbano. Un chispazo artístico que capta un momento breve de la historia de una ciudad y se evapora con él. Solo hemos encontrado una superviviente en las calles del centro. Es de sobra conocida y no por ello menos impactante. Se encuentra en Montera y fue dibujada un año clave en la vida de Muelle.

 

montera

 

La icónica rúbrica tatúa el corazón de la ciudad un mediodía del 11 de noviembre de 1987. Toda la ciudad elucubra sobre la identidad del fascinante Muelle. La polémica comienza a rodearle sin proponérselo. Las autoridades y la prensa llevan cierto tiempo discutiendo con mucha imaginación y poco tino acerca de esas misteriosas pintadas repartidas por toda la ciudad. La versión de la policía vinculaba a Muelle con una banda de narcos que señalaban a sus futuras víctimas con la flecha. Los medios, por su parte, lo simplificaban un poco más: “Las pintadas corresponden a un grupo de jóvenes jugando a pintar más y más paredes”.

 

La respuesta al enigma se va a resolver gracias a la acción más valiente y reivindicativa de su trayectoria. Toda una oda al Madrid más castizo. Un sereno le sorprende mientras firma en el Oso y el Madroño de Sol, recién instalado. Se identifica, le detienen y le obsequian con una multa de 2.500 pelas. La administración le toma la matrícula y le empieza a enviar recetas de hasta 12.000 pesetas. Al mismo tiempo, el ayuntamiento forma un escuadrón de limpieza que promete erradicar el arte urbano en Madrid. En ese momento pierde su anonimato, su bien más preciado. A cambio recibe la inmortalidad.

 

A pesar de los esfuerzos de los servicios de limpieza, el trabajo de Muelle cala en la ciudad y comienza a configurar la estética del Madrid de los ochenta. Surgen artistas inspirados por el graffitero de Campamento en barrios periféricos de la ciudad formados por una juventud con ganas de expresarse. Tifón, Indio o Momo aparecen en las calles reivindicando el mismo espacio que su maestro. Le rinden pleitesía. Se les conoce como flecheros y su estilo es único y reconocible. Les une la flecha, sus juegos con la tridimensionalidad y su aparente simpleza en sus trazos.

 

Muelle alcanza la cima y comienza a trabajar en otros sectores alejados de la calle, su principal herramienta. Dibuja un lienzo para una galería madrileña en ARCO’89. Cobra únicamente 20.000 pesetas en concepto de gastos de material por este encargo especial aún conservado. Su logotipo adorna la portada de las principales guías de la ciudad que millones de guiris leerán durante esos inquietos años ochenta. Se convierte en el protagonista de una campaña de Whisky DYC y sus firmas se comienzan a expandir por otras ciudades españolas y europeas. Muchos aún recuerdan haber visto una firma de Muelle estampada en una farola enfrente del Big Ben. Deja muchas perlas en las entrevistas que concede a los medios de comunicación de la época: “Yo no tengo una bandera, solo un logotipo y no, no lo vendo por nada.”

 

Su condición de pionero genera un aura especial de respeto y admiración entre los primeros talentos del spray en Madrid. A finales de los ochenta se emite un excelente documental de título “Mi firma en las paredes”, que difunde el fenómeno, ya viral, del arte del graffiti. La carismática aparición de Muelle escenifica una necesidad latente en muchos jóvenes de la época: “Cuando pintas devuelves a la ciudad algo del oxígeno que le han quitado los fabricantes de sprays. Me siento vivo cuando pinto. En esta ciudad hay demasiado miedo y soledad.”

 

 

En 1993 decide abandonar el arte en la calle porque considera quemada esa etapa de su vida. Se centra en otros proyectos personales hasta que la muerte le acaricia el alma de manera prematura. El maestro del spray madrileño se despide un 30 de junio de 1995 a causa de un cáncer terminal en el hígado.

 

Tras su muerte, los servicios de limpieza continúan con su incansable labor de borrar cualquier vestigio de sus pequeñas y grandes obras, como el mítico mural en la M-30. Sin embargo, el talento de un genio siempre regresa periódica e irónicamente. En 1999, las obras del metro de Bilbao rescatan del olvido un Muelle auténtico sepultado en el viejo andén – y posteriormente destruido -.

 

Fo

Foto: facebook MUELLE.

 

Su presencia visible en las calles ha decrecido pero su esencia se mantiene en cada nuevo chico que empuña un bote de pintura por primera vez en la capital. En el año 2005, varios representantes de la siguiente hornada de artistas callejeros rindieron un sentido homenaje a su maestro. Neko, Glub, Matakuras o Kus Punk, entre otros, participaron en un multitudinario evento impulsado por Remebe, en el estadio municipal de Meco. Años después, el Mulafest’13 rescató un mural inédito que había servido para presidir una salvaje fiesta de carnaval en el Círculo de Bellas Artes en 1992. Esta espectacular obra de 12×4 metros había permanecido más de 20 años oculta al público. Como puedes observar, sus obras conservadas son tan escasas que se han convertido en una especie de animal mitológico.

 

Foto: facebook MUELLE.

Foto: facebook MUELLE.

 

A pesar del empeño oficial en borrar sus huellas con medidas como la no protección a la firma de Montera, sabemos que alguien como Muelle nunca se va en silencio. Queremos seguir su rastro perdido y acudimos veloces a nuestro encuentro con él para descubrir su último mensaje.

 

Orcasitas es un orgulloso barrio obrero donde los flecheros como Lust aún homenajean al pionero de spray. Sus flechas parecen conducirnos hacia el destino final del maestro. Próximo a este vecindario se encuentra el cementerio Sur de Madrid, sobre una colina. En su interior y en la misma hilera de nichos donde descansa otro joven fallecido ese fatídico año 95, se encuentra nuestro protagonista. La última huella de Muelle permanece allí.

 

orcasitas - lust - david arias

 

Su lápida sin nombre reza: “Me fui a los 29 años. Ahora con los ojos cerrados lo material no existe, carece de importancia… No lo necesitamos”. Hacemos una reverencia ante el epitafio y nos vamos satisfechos del Cementerio Sur tras conocer el mensaje final de quien transformó las grises paredes de su ciudad en un referente generacional e internacional de arte, buen rollo y transgresión.

 

lápida - da

26 agosto 2016 by JARA BLANCO

El cómic se mueve con la MicroTBOteca


  Es martes al mediodía y en el número 24 de la calle Doctor Fourquet –donde se ubica el jardín comunitario Esta es una Plaza– nos encontramos con una biblioteca móvil repleta de novelas gráficas. De acceso libre, la MicroTBOteca se …


30 junio 2016 by DAVID ARIAS

Madrid a través de sus placas


¿Qué historias nos cuentan las placas conmemorativas más curiosas de Madrid?


13 abril 2016 by IRENE CALVO

¡Pinta Malasaña! Arte a pie de calle


Una galería de arte al aire libre.



Comentarios:

Añadir comentario
Juan says:

Hay otra firma de Muelle en un túnel llegando a la estación de Atocha. Hace un par de años la taparon con unos tubos eléctricos pero sigue estando visible, no la han padado, solamente han pasado las canalizaciones por encima. Si queréis localización exacta comentarme.

Andran says:

Confirmo lo que ha dicho la persona del comentario 1. Nada más entrar en la estación de Atocha viniendo de Villaverde Bajo había una firma original de muelle que se tapó con cables eléctricos.
Me pareció increible que el ayuntamiento no hiciese nada por preservar un icóno del arte urbano de los años 80. Esa es la diferencia de España con el resto de paises europeos, mientras en otros paises personas como Bansky es un artista conocido mundialmente aquí Muelle no fué más que un vándalo.

David Arias says:

Hola lectores, muchas gracias por la información. Tengo que pasarme a tirar una foto. Había leído sobre la firma de Atocha en el perfil de Facebook de Muelle, pero mal entendí que no estaba visible. Una lastima, para la siguiente ocasión. Un saludo.

Marhuenda says:

Hola, Indio y Momo no existieron, son los nombres que utilizaron en el documental “Mi firma en las paredes” dos de los actores.

Marhuenda says:

Y bueno, Muelle nunca se interesó por los graffitis neoyorquinos. Eso es lo que le hizo diferente.

David Arias says:

Hola Marhuenda, quizá no quedase muy claro, pero en el texto hablaba de que se interesa por los graffittis neoyorquinos como concepto, ya que el graffiti nace allí pero matizo que él desea crear algo local. En cuanto a Indio y Momo no había encontrado más referencias que los del docu. Creí que podían haberse borrado sus firmas tras esa época. Muchas gracias por la aclaración y disculpa la errata.

enfermica says:

Buenas! ya lo comenté en varios sitios y nadie intentó nada, pero por si acaso… En Logroño en la Escuela de Artes (ahora de Diseño) hay un mural muy grande del Muelle, de los últimos que pintó. Está tapado con un panel y hay una mierda plaquita con la foto. A mi me dijo en su día el director que está debajo en buenas condiciones y que no lo sacan porque “desentona con el caracter de la escuela” está en toda la entrada, 4 años me pegué pasando por delante sin poder verlo vaya… y bueno yo di la chapa y ni puto caso, me dijeron que habría que plantear cambiarlo de sitio y elegir bien donde y blablaba vamos que si insiste bien de gente a lo mejor se conseguiría algo yo que se.
Perdón por la parrafada, saludos y kaña!

Elena says:

Felicidades, David Arias, es de los mejores articulos sobre Muelle que he leído, con las aclaraciones de los comentarios incluidas.

Anónimo says:

La referencia a Neko sobraba totalmente, sobre todo después de que pisara varios homenajes a Muelle años después, ahora que va de “chico malo” del graff

IMoNe1989 says:

Buenas tardes Marhuenda perdone que le corrija pero yo personalmente no conocí a Muelle pero si le puedo asegurar al 100×100 que MOMO e INDIO si pintaban en la realidad éramos de la misma zona aunque ellos vivieran en la ciudad escuela de los muchachos (C.E.M.U.) un saludo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *