Un mes de axilas bonitas

30 días después, toca hacer balance de #Sobaquember. Por Filósofa Frívola


30 enero 2014

 

Mi amiga Lena tiene las axilas floridas. Hasta ahí todo bien, mientras se las peine en la intimidad de su hogar. La cosa se complica cuando decide mostrarlas en el avatar que utiliza en las redes sociales. Con los brazos muy levantados, muestra unos sobacos casi desafiantes. Y, claro, con semejante provocación, muchos desconocidos en las redes sociales recurren de manera ingeniosa a sus axilas peludas para desautorizar sus opiniones, para recordarle que no es una señorita, o para, directamente, hacer mofa a lo Esteso, porque todo el mundo sabe que el vello es una cosa como muy hilarante.

 

Un día de estos en los que ya era como de coña la cantidad de cretinos haciendo mención a sus pelos, se me ocurrió una idea: ¿qué ocurriría si todas llevásemos avatares con la sobaca hermosa, en plan yo también soy Espartaco? Pues así surgió #Sobaquember, #Sobaqanuary, o #Sobaquary, (guiño a Movember, pero en enero) una iniciativa en la que se pedía, al principio un poco de broma interna, solidaridad con la amiga Lena, poniéndonos de foto de perfil nuestras axilas bonitas. Y lo que empezó como una chorrada, se convirtió pronto en un fénomeno del internet muy serio. Reseñas en revistas digitales, movimiento en las redes (no os perdáis el hashtag #Sobaquember), artículos en blogs y ¡hasta en la prensa seria!

 

Y es que para ser un tema, que, según decía algún calamar por ahí, está absolutamente superado, la libertad de decisión de la mujer sobre su depilación sigue levantando ampollas: desde el típico argumento “higienista”, que lo que esconde es una terrible fobia a la mujer velluda y liberada, hasta el cansinísimo “nadie os obliga a depilaros, igual que nadie nos obliga a nosotros”. Para tratarse de un tema absolutamente irrelevante, ya que las mujeres podemos hacer lo que nos dé la gana, las participantes hemos sido juzgadas (desde “hay cosas más importantes que esta subnormalidad” a “vaya puta cerda gordaaaa peluda”), hemos sido objeto de un escrutinio escrupulosísimo (que si qué poco pelo tenemos algunas, o que vaya cantidad de pelo, qué asco), y hemos sido blanco de todo tipo de insultos. (“¿Sobaquember? Luego dirán que hacemos ciberbullying, hija de la grandísima puta”).

 

Lo típico cuando un asunto está superadísimo y totalmente asimilado por una sociedad moderna y abierta de mente. Me temo que hacer chistes de mujeres peludas, de esos que demuestran tu absoluto pánico por un mundo de amazonas liberadas, sigue de moda, aunque ahora lo llamen post-humor y lo hagan chavalitos formados y brillantísimos.

 

El debate abierto por #Sobaquember vuelve a dejar al descubierto la incomprensión/falta de ganas de entender, propia de ciertos sectores cuando se trata de la libertad cosmética de las mujeres. Así, he llegado a leer críticas a la iniciativa porque estábamos forzando a las mujeres a no depilarse, y expulsando del feminismo a las que sí lo hacen. Detrás de este tipo de conclusiones hay una tremenda falta de voluntad de comprender el mensaje, o directamente mucho resentimiento y mala hostia. No hay que buscar mucho para descubrir que el feminismo pretende que la que quiera se depile, y la que no quiera no, sin miedo a ser juzgada socialmente. Pero es más fácil echar mierda sobre un colectivo al que odias, eso también es verdad.

 

Por otro lado, y también relacionado con el desconocimiento y la incomprensión, está el asunto de “¿qué tiene que ver el feminismo con esto? ¿no hay asuntos más acuciantes, como la ley del aborto?”. Esto me preocupa. Me preocupa la falta de capacidad de relacionar conceptos de la que hace gala parte de la sana juventud y no tan juventud española. Existe una palpable falta de comprensión por el trabajo feminista en el plano “simbólico” (representatividad en la cultura, sexismo cotidiano, opresión cosmética, etc.), marco en el que se desarrollan iniciativas como #Sobaquember, y para el que internet resulta la herramienta perfecta.

 

Es decir, que es relativamente fácil entender que forzar a una mujer a parir es una barbaridad, pero parece que a algunos y algunas les cuesta relacionarlo con una burla a una mujer que no se afeita las piernas.

 

Ahora viene el lado positivo, que al final es con lo que debemos quedarnos siempre: hemos visto decenas y decenas de sobacos de compañeras y amigas, que se han animado a dejarse crecer el vello si lo tenían corto, y a otras curtidas en el noble arte del vellismo, que, exhibicionistas, nos han mostrado hasta 5 ó 6 fotos distintas de sus encantos. Ya fueran imágenes de cuatro pelillos, rubios, morenos, lobezniles, rizados, lisos, hemos conseguido revolucionar un poquito la red, que era de lo que se trataba, y puesto de manifiesto una vez más que todavía queda mucho camino que recorrer hasta la plena aceptación de la libertad total de la mujer para cumplir con los ritos de belleza impuestos, o por el contrario desafiarlos sin convertirse por ello en una cerda sin corazón.

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Comentarios:

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Mhaire says:

Joder, me resulta cuanto menos curioso que, sin tener ni pajolera idea de esta iniciativa reivindicativa tan molona, a una servidora le diera por dejarse crecer los pelánganos sobaquiles libremente durante todo el mes de Enero. Encima, he de confesar que hace un par de días me los quité para probar cómo me sentía, y me dieron hasta ganas de echar una lagrimilla. ¿Cosa de brujería? CHANCHAN (desde luego, ¡espero que sí!). Ah, y el artículo, como casi todos los que escribes (tampoco es cuestión de ser pelota), está muy guay. De hecho, apoyo fervientemente la teoría de que ridiculizar a las mujeres por no depilarse y además mostrarlo en público, está altamente relacionado con el control dictatorial sobre la maternidad por parte del Estado.

Y con ésto y un bizcocho, creo que ya me he quedado lo suficientemente a gusto como para despedirme.

¡Salud y fuerza!

Aliz says:

Y yo por qué no me he enterado de todo esto? Sobaquinter estaría bien, por eso de todo el invierno peludo…

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