Un safari prehistórico por Madrid

Tigres de dientes de sable, pandas rojos, mastodontes de cuatro colmillos, caballos-gorila… Te presentamos una colección de madrileños tristemente extintos. Por Ramón Rodríguez Carrero

 


28 julio 2015

Todo el mundo sabe que Madrid se eleva bajo un cielo precioso, pero no tanta gente conoce que los cimientos de la ciudad se excavaron en rocas bastante antiguas. En concreto, sobre terrenos que se formaron durante los períodos Mioceno Medio y Superior, hace entre unos 16 y 9 millones de años. Gracias a los paleontólogos podemos saber que por aquel entonces, el espacio que hoy ocupa nuestra ciudad y su periferia estaban cubiertos por un bosque abierto, parecido a las sabanas africanas actuales, con grandes y numerosas charcas salinas, porque la línea de costa en aquellos tiempos pasaba por lo que actualmente es Castilla-La Mancha.

 

En los yacimientos de la Comunidad de Madrid se han encontrado numerosos restos de las criaturas que poblaban este vergel, y hoy en Madriz pretendemos descubrírtelas. Por aquí se pasearon grandes mastodontes y jirafas primitivas, rinocerontes, tigres de dientes de sable y hasta osos panda. Algunos de estos madrileños prehistóricos tienen parientes vivos en la actualidad; otros fueron callejones evolutivos sin salida, pero echamos de menos a todos, porque la paleontología, como otras ciencias que se ocupan del pasado, nos invita a sentir nostalgia por lo que nunca se ha visto ni se podrá ver con vida. Y más, cuando lo que estaba vivo, molaba tanto como lo que viene.

 

Amphicyon ingens. Foto: Roman Uchytel.

Amphicyon ingens. Foto: Roman Uchytel.

 

Anficiónidos

 

Igual que en Jurassic World mezclan el ADN de distintos dinosaurios carnívoros para crear el más terrible de todos, la selección natural moldeó a los anficiónidos, unas bestias carnívoras que parecen el cruce de un oso y un lobo, tan robustas como un tigre. En el municipio de Barajas aparecieron los restos de Amphicyon major, de talla y hábitos más parecidos a los de los osos pardos actuales; y en el yacimiento del Cerro de los Batallones (Torrejón de Velasco) Magerycion anceps, más ligero y con una dentición más especializada, lo que da a entender que era un cazador activo.

 

Sivatherium. Foto: Heinrich Harder.

Sivatherium. Foto: Heinrich Harder.

 

Sivaterinos

 

Las jiráfidos solo tienen dos representantes en la actualidad (girafa y okapi), pero hace unos 15 millones eran un grupo rico y diversificado. En Madrid se han encontrado numerosos restos de los sivaterinos, unas jirafas de gran talla y cuello corto con unos espectaculares apéndices craneales: dos largos cuernos en la frente dirigidos hacia atrás y otros dos más pequeños encima de los ojos. No conocemos representantes vivos de este grupo, pero a juzgar por algunas pinturas rupestres y figuras en piedra, llegaron a convivir con el hombre.

 

Panda rojo (Ailurus fulgens). Foto: Bernard Landgraf.

Panda rojo (Ailurus fulgens). Foto: Bernard Landgraf.

 

Ailúridos

 

En las obras para soterrar las vías del tren que dieron lugar a lo que hoy conocemos como Pasillo Verde, apareció Magerictis imperialensis, el primer representante que conoce la Ciencia de la familia de los pandas rojos. Por sus restos, los paleontólogos pueden saber que su aspecto y estilo de vida era muy similar al de uno de los animales estrella de lo cute en Internet. Bastante más grande era su «primo» Simocyon, que ya presentaba el famoso «pulgar del panda»: el hueso de la muñeca hipertrofiado que sirve a los pandas gigantes para agarrar los tallos de bambú.

 

 

Machairodus. Foto: Lancelot Speed.

Machairodus. Foto: Lancelot Speed.

 

Macairodontinos

 

Los famosos tigres de dientes de sable fueron muy frecuentes en Madrid. Conocemos restos de dos géneros (el gigante Machairodus y el más grácil Pristinosmilus) gracias al yacimiento del Cerro de los Batallones, en Torrejón de Velasco. Allí aparecen con una frecuencia inaudita en todo el mundo, ya que se piensa que el yacimiento era un sistema de trampas naturales: cavidades donde estos carnívoros bajaban y no podían volver a salir. Los expertos creen que los imponentes colmillos de estos animales eran en cambio bastante frágiles, y que atacaban mordiendo la garganta de sus presas y esperando a que se desangrasen, en lugar de los intensos combates de los grandes felinos actuales.

 

Moschus moschiferus. Foto: Николай Усик.

Moschus moschiferus. Foto: Николай Усик.

 

Mósquidos y Paleomerícidos

 

¿Rumiantes de dientes de sable? A veces la evolución tiene estas cosas, y hace evolucionar estructuras similares en animales muy distintos. Así, los machos de mósquidos y paleomerícidos tenían unos caninos superiores enormes, que usaban para luchar por las hembras. Los mósquidos o ciervos almizcleros actualmente sólo están representados por el “ciervo” —aunque se les llame ‘ciervos’, en realidad son parientes de los bóvidos (antílopes, cabras, búfalos…)— almizclero, Moschus spp, pero fueron abundantes en Madrid durante el Mioceno, con los géneros Micromeryx e Hispanomeryx, aún más pequeños que la especie superviviente.

 

Gomphotherium angustidens. Foto: Charles Robert Knight.

Gomphotherium angustidens. Foto: Charles Robert Knight.

 

Gomphotherium

 

Por el Madrid del Mioceno vagaron grandes mastodontes, aunque aún faltaban millones de años para que evolucionasen los famosos mamuts lanudos de la Edad del Hielo. Hace unos 15 millones de años, aquí prosperó Gomphoterium, una criatura de 3 metros de altura bastante similar a los elefantes indios que aún sobreviven. Pero a diferencia de los gigantes actuales, Gomphotherium tenía cuatro «colmillos» (en realidad esos dientes eran incisivos): dos en la mandíbula inferior, con forma de pala, y otros dos rectos, en la superior. El cráneo era más largo y la trompa más corta que la de los elefantes actuales, por lo que los paleontólogos creen que se alimentaban de vegetación baja en áreas pantanosas, y que usaban sus “palas” para arrancarla del fondo.

 

Chalicotherium grande. Foto: DiBgd.

Chalicotherium grande. Foto: DiBgd.

 

Chalicotherium

 

Con todos ustedes, Chalicotherium: el caballo-gorila. Este perisodáctilo (pariente de caballos, cebras y rinocerontes) se alimentaba de hojas y la forma de la pelvis y las patas traseras sugiere que pasaba mucho tiempo sentado, llevándose a la boca con sus largos y fortísimos brazos las ramas de los árboles. Aunque solo se haya encontrado una falange de la mano en el yacimiento de Paracuellos del Jarama, es suficientemente característica como para acreditar la presencia de estos seres en Madrid.

 

* Para saber más, “Madrid antes del hombre“, de Jorge Morales y Mauricio Antón. Comunidad de Madrid (2009).

11 diciembre 2017 by REDACCIÓN

Agenda del 11 al 17 de diciembre


Arte, mesas redondas, música, mercadillos… Los planes que no te puedes perder esta semana.


04 diciembre 2017 by REDACCIÓN

Agenda del 4 al 10 de diciembre


Cine, música, arte… Los mejores planes para disfrutar de esta semana.


27 noviembre 2017 by REDACCIÓN

Agenda del 27 de noviembre al 3 de diciembre


Noviembre se va por todo lo alto: los mejores planes para disfrutar de la semana.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *