Una cuestión de placer

La música libre de Le Parody se despliega jugosa y potente, nacida del placer de componer y asentada en el de compartir. Por Elena Cabrera.


08 enero 2013

“Creo que todas nos iniciamos en la música al poco de nacer, cuando empezamos a hacer ruidos. Esto se lo escuché a un dibujante en una entrevista cuando le preguntaban que cuándo empezó a dibujar, y él le decía al entrevistador: la pregunta en realidad es al revés, ¿cuándo dejaste tú de dibujar? Suena a obviedad pero es así”, dice Sole Parody, música que vive en Madrid y carga acento de Granada. Bajo su nombre musical, Le Parody, hace, como se suele decir de ella, folk y futuro. Como escribe bellamente María Salgado, “entre lo tecnológico y lo melodramático, usando sílabas en castellano, estructuras sin estribillo y sólo instrumentos que quepan en una maleta de mano Sole habla del desamor, del cuerpo, del baile”.

 

Busquemos las raíces. “Por lo que me cuenta mi familia -nos desvela Sole- yo de pequeña me pasaba el día cantando. Y luego me pasé la infancia metida en millones de actividades extraescolares (algún día tendremos que analizar, las de mi generación, cuánto le debemos a las extraescolares…) guitarra, coro, baile flamenco… La música estaba siempre ahí”.

 

Nacemos, nos educan, nos forjamos, y a menudo nos olvidamos de las cosas. Dejamos de dibujar y de cantar, hasta que, ya mayorcitas, nos despertamos y desperezamos. En qué creyó Sole para convertirse en Le Parody, es una de las preguntas que le hago. “El caso es que no sé bien qué es ‘ser’ Le Parody. Si se refiere a en qué creí para embarcarme en un proyecto así, hacer canciones y darlas a conocer, y tener claro que no es un pasatiempo, sino que es a lo que quisiera dedicarme siempre, la clave fue mayo de 2011. Coincidió el 15M con terminar la carrera con un desamor grande y con otros sucesos fuertes en mi vida, y en un momento de tanto vértigo me di cuenta de varias cosas: que no tenía nada que perder, que no había tiempo para andar haciendo cosas que no me hicieran feliz, y que estaba acompañada por miles de personas en la misma situación y que sentían lo mismo, y que aunque no las conociera esas personas eran importantes para mí y yo lo era para ellas”. La artista se dió cuenta de que “estaba viva” y de que estaba viva “dentro de una sociedad”, un descubrimiento que le parece tópico pero al que no siempre se accede. “Así que -continúa- no me quedaba otra, tenía que dejar de dar rodeos y ponerme de una vez a hacer lo importante, en mi caso música. En eso creí”.

 

Ha construído un disco que es como un manglar en explosión, rico y jugoso de melodías abonadas con su magnífica voz que es, perdonadme la metáfora intraducible, como jugo de mango. Presentará Cásala el sábado 9 de febrero en El Sol. “Me resulta difícil definir mi relación con la música -responde Sole a esa pregunta- es demasiado abstracta. Creo que es básicamente una cuestión de placer: la música me gusta muchísimo. Todo lo demás he tendido a intelectualizarlo: si quería ser escritora me parecía que tenía que leerme todas las grandes obras de la literatura, para ser artista me puse a estudiar la carrera de Bellas Artes. Sin embargo la música la tenía siempre ahí, era un pasatiempo placentero”.

 

“Cuando vivía en Granada tenía una guitarra y un tecladito de juguete y con eso hacía canciones y las grababa en cintas, luego en Madrid empecé a tocar y cantar en grupos. Y desde siempre, como crecí sin educación musical concreta, he escuchado música indiscriminadamente sin pararme a pensar en
qué era lo que ‘tenía que’ escuchar. Escuchaba lo que escuchaba mi padre, que también tiene un gusto muy ecléctico (los Beatles, Karina, Perales, Enia, Triana, Pink Floyd o Barbara Streissand, por poner algunos ejemplos…), o lo que escuchaban mis amigos, que era sobre todo punk-rock (Pennywise y Offspring, cosas de ese tipo), y flamenco en mis clases de baile del colegio, y cosas que sonaban en la radio. Hacer y escuchar música eran y siguen siendo para mí actividades muy libres. Por eso en un momento dado, cuando me planteé qué quería hacer con mi vida, me di cuenta de que la música tenía que estar en primer plano. Es de entre todas las cosas que conozco y que hago la que mejor me hace sentir. Y eso es lo que me interesa de hacer canciones: el placer que me produce hacerlas, y luego el placer de compartirlas, de enseñárselas a otra gente. Hacer una canción es emocionante y a la vez es un reto, porque se trata de crear algo que antes no existía, se trata, al menos en mi caso, de buscar algo que no sabes lo que es. Trabajar combinando sonidos, inventando melodías, poniendo letras… hasta que lo que suena te gusta. Se parece un poco a jugar”.

 

Cásala (sound track) es el disco grabado entre septiembre y octubre de 2012 que continúa el ep Pásala vértigo de 2011, que fue el primer y llamativo pasito de Le Parody. El disco es digital, distribuido con precio libre bajo una licencia Creative Commons, aunque existe una breve edición de 300 copias que se pueden conseguir en los conciertos o en La Lenta a la hora de comer. ¿Y La Lenta, qué es? “Es una casa-gallerí, es el sitio en el que vivo con María Salgado (una poeta) y Begoña Olavarrieta (una artista) y en el que nos juntamos un montón de gente más a hacer cosas: fanzines, recitales, exposiciones, fiestas, costuras, desayunos, comidas, cenas y hasta videoclips. Le pedí a la gente que ha pasado por aquí que me ayudaran a contestar esta pregunta, “qué es La Lenta” y alguien dijo “entre La Lenta y la vida no hay pared”. La intención es esa, que vida, casa, arte, política, trabajo… sean un todo, que no haya diferencia, jugar todo el rato a inventarnos cosas, y hacerlas”.

 

Sole Parody alza su ukelele. Foto: Begoña Olavarrieta G.

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