Una noche con Morrissey en Madrid

Madrid encierra innumerables noches, tan distintas entre sí como diferentes son las personas que las viven. Aprovechando que el gran Morrissey nos visita este jueves, en Madriz nos hemos vuelto soñadores y hemos fabulado una ruta por la ciudad digna del pop callejero y la figura del ex-líder de los Smiths. Somos conscientes de que echarás en falta o de más algún lugar. No te preocupes, los sueños de otro nunca nos definen, pero esta noche tendrás la oportunidad de cerrar los ojos y acompañar a Morrissey por tu ciudad de los sueños. Por David Arias


08 octubre 2014

Morrissey

 

1. La Latina 

 

“Hay un lugar bajo el sol para cualquiera que tenga la voluntad de perseguirlo y creo que he encontrado el mío”.

–Morrissey, Let me kiss you.

 

Nuestro invitado se encuentra, a pesar de su edad, en un momento de exploración y crecimiento extraño. Es como si al quedarse sin discográfica y sin los privilegios de la industria hubiese renacido en él su ira juvenil contra lo impuesto. Su último trabajo, World peace is none of your bussines, ataca las bases de la nueva era post-laboral y la noche del 9 de octubre regará el nuevo Barclaycard Center – antiguo Palacio de los Deportes – de su renovada mirada cómplice con la calle y del estilo sofisticado que un día le convirtieron en el epicentro de la música europea.

 

En eso anda metido Morrissey mientras disfruta modestamente de terrazas, tapas y unas cañas por La Latina. Quizás haya encontrado en la plaza de la Cebada ese sol bajo el que asentar su madurez y redefinir su libertad. La noche comienza pronto, tanto que es más tarde que noche.

 

giphy

 

Poco después, le encontramos en la calle Santa Ana fascinado con el Museo de la Radio. Sus recuerdos de niño le sumergen en la melancólica voz de Billie Holiday incrustada en aquellos trastos sonoros de otros tiempos. Todos los músicos veteranos experimentan una intensa devoción por las radios clásicas. Con ellas descubrieron la música. Morrissey no podía ser menos. Su séquito le guía sabiamente a la calle Águila, muy cerca de nuestra próxima ubicación.

 

2. Bodega del Águila (c/ Águila, 14)

 

“Mi vida sería más sencilla si mi único problema fuese el alcohol”.

–Steven Patrick Morrissey.

 

Adentramos a Morrissey en ese Madrid de derrotas sin remedio y canciones borrosas que surcan la vida real de músicos alejados de los grandes focos, donde los problemas se solucionan con música y un buen trago.

 

En la Bodega del Águila se fusiona el concepto de taberna tradicional con una cultura underground poderosa. Por la tarde, se arremolinan en torno a unas buenas copas músicos sin fortuna e intelectuales sin diploma que saben escuchar el latido de la ciudad. El carismático chico de Lancashire asiste estupefacto a un concierto de blues orquestado por los mejores músicos nacionales del género, la mayoría vagabundos en la práctica, que se dedican a la música por un vaso de bourbon y un lugar donde dormir. La calidad del directo le hace mella y trata de encontrar el por qué de la precaria situación de tan brillantes músicos. Le explican que el blues aquí es minoritario. Ante la respuesta tuerce el gesto. Una vez finalizada la actuación, mendigos y estrellas beben animosamente entonando viejas canciones de Son House, Howlin’ Wolf o Muddy Waters. Por sus venas corre la misma sangre.

 

beer

 

3. Barber Shop Red (c/ Colón, 4)

 

“Si tu pelo está mal, toda tu vida está mal”.

–Steven Patrick Morrissey.

 

Nos mudamos de barrio de camino hacia el epicentro de lo madrileño. A su paso por la calle Cruz, nuestro invitado se fascina con un mural exquisito que recita: “Allá donde antes había un teatro ahora todo es calle, o quizás la calle se haya convertido en un teatro”. En la plaza de San Ildefonso decide darse un respiro y sentarse a contemplar lo que la cita del mural explicaba a viva voz.

 

Las tiendas de Malasaña no le atraen lo suficiente como para renovar su sobrio estilismo. Cosas de las madurez. No obstante, decide mimetizarse con el ambiente y pasar un buen rato en la Barber Shop Red. Para Morrissey el cabello es una cuestión vital que refleja el estado de ánimo de uno mismo y nada mejor que sentir Madrid a través de un corte de pelo nuevo.

 

La expectación por el personaje se palpa en calle Colón, 4, pero Morrissey disfruta en silencio sintiendo los dibujos de unas tijeras moldeando su rostro icónico. El empleado lamenta no tener una barba que cincelar, pero el artista británico agradece el depurado afeitado a navaja con el que se despide. Algo así lo agradecería cualquier hombre.

 

hair

 

4. Los Yayos (c/ San Andrés, 4)

 

“Soy un tradicionalista”.

–Steven Patrick Morrissey.

 

En nuestro siguiente destino, lo castizo lo invade todo. Estamos en un Madrid al cuadrado. Nos encontramos en Los Yayos o Casa Camacho, según se prefiera, en la calle San Andrés, toda una tradición en la ciudad que Morrissey no podría perderse. Se trata del único local a la altura de un tradicionalista como él.

 

El creciente pedo de los camareros acompaña la velada regada con ese delicioso vermut low cost enamorado de la ginebra que lleva adulterando cerebros capitalinos durante años. El local se va animando a su alrededor y un misterio candente se desvela. Para ir al baño hay que atravesar el tradicional recorrido a través de la barra.

 

5. El Aliño (c/ Espíritu Santo, 2)

 

“Visto de negro porque es como yo me siento en mi interior”.

–The Smiths, Unloveable.

 

Apetece picar algo. ¿Qué comida puede honrar la figura de Morrissey tras meterse un par de buenos Yayos? Nada mejor que un local de comida vegetariana donde ponen jazz. Platos blancos barnizados por el alma negra del jazz, ideal para mecer esa intenta oscuridad que se guarda dentro el bueno de Morrissey. Los platos del Aliño son asequibles pero eficientes y tienen el fabuloso regusto amargo de la música que les acompaña. Todo es vegetariano, para que la sensibilidad del artista con los animales no se vea alterada.

 

El take away más innovador de Malasaña cautiva al músico británico con su puesta en escena, sus precios y una variada carta. Degustamos unos tortellini exquisitos mientras nos asomamos al ventanal que narra la vida diaria de la calle Espíritu Santo.

 

meat is murder

 

6. Pepe Botella (calle San Andrés, 12)

 

“Tengo el siglo XXI respirando en la nuca. Debo avanzar rápido, ¿comprendes?”.

–The Smiths, Frankly, Mr. Shankly.

 

Tras cuidar un poco de nuestra maltrecha salud nos dirigimos al Pepe Botella, en el Dos de Mayo. El lugar es un hervidero de mentes creativas y un muestrario de la intelectualidad de Malasaña, que acude al Pepe Botella para dejarse ver tomando unas cañas y unas buenas tapas mientras se cierran proyectos, muchos de ellos improbables a causa de la situación del país. En este bar el tiempo parece detenido debido a su histórica decoración y a su longevidad, aunque sin darnos cuenta avanza a una velocidad que Morrissey no llegará a asimilar entre aquellas acogedoras paredes.

 

Allí podrá encontrarse con músicos de ideas y planteamientos vitales diferentes de los que había encontrado en la calle Águila. Tienen una visión diferente de la ciudad y ganas de compartirla. Se trata de la nueva generación del pop nacional, un grupo cultural que siguen buscando nuevas respuestas artísticas acordes a la época histórica que vivimos. A pesar de haber confesado que “los grupos españoles son malos, pero tranquilos, los ingleses son mucho peores”, le admiran y las cervezas vuelan entre confidencias y enseñanzas.

 

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7. Plaza del Dos de Mayo

 

“Todos están absolutamente locos y yo estoy muy bien”.

–Steven Patrick Morrissey.

 

Morrissey quiere respirar el aire de la noche y enamorarse de la luna de Madrid. Daoíz y Velarde le saludan desde su atril en el Dos de Mayo. Él se sienta cerca de un guitarrista que acaricia su instrumento tratando de seducir a oídos invisibles. Mientras, insistentes lateros chinos le suministran un par de birras y en la plaza algunos valientes condimentan sus cigarros con flores sin colores. Historias de Madrid vienen y van en la plaza y Morrissey anota mentalmente cosas que puedan desencadenar poesía. Como cada día, la policía desaloja el lugar de cerveceros callejeros mientras Morrissey se dirige a su encuentro con Madrid.

 

8. La Coquette (c/ Hileras, 14)

 

“La música es como una droga pero no hay centros de rehabilitación para ella”.

–Steven Patrick Morrissey.

 

La Coquette tiene un aire peculiar que le hace ser, al mismo tiempo, único y universal para todos aquellos que entienden la música como expresiones nocturnas de misterio y elegancia. Los yonkis de La Coquette no tienen posibilidad de rehabilitación. Es droga dura. Una vez pruebas sus directos improvisados y sus noches largas cargadas de músicos con talento y exquisitos cócteles no hay marcha atrás. Ninguna se parece pero todas son un viaje liberador. La Coquette y Morrissey están destinados a encontrarse.

 

De imprevisto, Morrissey abandona su cómodo asiento. No encuentra el motivo que le impida unirse a la Jam y el público enloquece seducido por la carta de bourbon del local y por el momento improvisado, uno más en La Coquette, de locura musical y desfase vital.  

 

party

 

9. Siroco (c/ San Dimas, 3)

 

“Sácame esta noche donde haya música y donde haya gente joven y estén vivos”.

–The Smiths, There is a light that never goes out. 

 

La gente de Morrissey se despide de los amigos fugaces que dejan atrás en La Coquette para dirigirse a un lugar donde haya buena música y gente joven muy viva. Ese lugar es el Siroco, en San Dimas, donde le espera una planta inferior escupiendo una electrónica refinada y diversa. Los acompañantes del ex-Smith quizá prefieran la pista de baile, pero el gran Morrissey se decanta por la planta superior, más acorde con su pop y su manera más calmada de ver la vida.

 

El Lounge le tributa un merecido homenaje y pincha alguno de sus temas ancestrales. Alguien anima a Morrissey a conocer el mejor lugar de la ciudad para saludar al día. No hay mucho interés pero al final se monta un grupo animoso por despedir la noche con un broche de oro inesperado.

 

10. Los Jerónimos

 

“La gente dice que estamos virtualmente muertos y están totalmente equivocados”.

–The Smiths, Reel around the fountain.

 

El tipo del plan maestro aparece con una guitarra y guía al grupo por las calles de Madrid regadas de la última oscuridad de la noche y de besos furtivos en las esquinas. Se dirigen a los Jerónimos, justo detrás del Prado. La Academia de la Lengua y los propios Jerónimos flanquean una verde colina donde ahora se aposta la gente de Morrissey. Los amigos del guitarrista reparten cerveza entre los asistentes.

 

El tipo se sienta parsimoniosamente e improvisa un hechizo flamenco. Se respira libertad, demostrando que en Madrid no estamos tan virtualmente muertos como dice la gente. El sol se abre paso entre el Museo del Prado, el Ritz y el Palace. A lo lejos, sus rayos dibujan la silueta del mal en forma de leones voraces a los pies de un sádico edificio neoclásico.

 

Una pregunta flota en el ambiente: qué te ha parecido la noche de Madrid. Morrissey, somnoliento pero satisfecho y en un castellano aceptable, responde: “De puta madre”.

 

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Comentarios:

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Marco says:

Sencillamente espectacular !! Me quedo sin palabras y camino a recorrer la ciudad al estilo Moz 🙂

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