Valetodismo y flash a quemarropa. La actitud fotográfica de Pablo Pérez-Mínguez

Pablo Pérez-Mínguez retrató la Movida madrileña con su flash y su filosofía del “vale todo”, una actitud con la que contribuyó a desarrollar una nueva, y modernizada, fotografía española. Por Marta Sesé.


21 abril 2017

Conocidos y desconocidos. Cutres y de luxe.
Profesionales y amateur. Jóvenes y no tan
jóvenes. Madrileños y recién llegados.

 

Pablo Pérez Mínguez en “Mi Movida”.

 

 

Pablo Pérez-Mínguez. “Fanny McNamara y Tesa en Palma, 14”.

 

Aunque principalmente reconocido por ser el retratista de la Movida madrileña, Pablo Pérez-Mínguez (Madrid, 1946-2012) también conocido como PPM (“pobre, pero mítico”) fue uno de los principales precursores de la modernización de la fotografía española.

 

En 1971, tras abandonar sus estudios de Ingeniero Agrónomo, funda junto a Carlos Serrano la transgresiva revista Nueva Lente publicada durante los últimos años de la dictadura de Franco (a partir de 1975 es Jorge Rueda quien asume la dirección). El lanzamiento de la publicación, que coincide con un periodo de escasa infraestructura nacional para el desarrollo de la fotografía, fue capaz de renovar el lenguaje fotográfico y difundir un imaginario más allá del pictorialismo fotográfico o de la fotografía documental.

 

Para entender la razón de ser de Nueva Lente cabe hacer referencia a lo que escribió Carlos Serrano, también fundador de la revista, en uno de los primeros editoriales: “Suponer que un fotógrafo debe interesarse sólo por la fotografía y las fotografías quizá nos lleve a encontrar cada vez más ciertas pequeñas semejanzas entre una cámara de fotos y un reducido ataúd: Estamos convencidos de que si algo sobra a la fotografía española (a la que casi todo le falta) es precisamente fotografía”.

 

Es entonces a través de Nueva Lente que se introducen en España elementos relacionados con la postmodernidad como la apropiación de imágenes o la escenificación. Uno de los lemas de la revista y del propio Pablo Pérez-Mínguez fue el “Vale todo”, un mensaje que se acercaba a las tendencias del arte conceptual en tanto que consideraba que cualquier persona podía tener potencial artístico. Es así como “Nueva Lente” hacía una llamada a la participación, con total libertad, de fotógrafos jóvenes. Esta actitud alejada de la “profesionalización” no pasó ni mucho menos desapercibida, sino que les valió más de una crítica por parte de miembros de la Real Sociedad Fotográfica, quienes dejaron caer comentarios del tipo “Claro, dejan ese espacio en blanco porque no tienen qué poner debajo de la imagen” o, en relación a los fundadores: “Eran unos pintores, unos artistas que querían cargarse la fotografía”. Aunque el propio Pablo Pérez-Mínguez considerase que Nueva Lente era una revista apolítica, sí participaban de un ambiente contracultural en el que tenían vínculos con publicaciones libertarias como Ajoblanco y en el que se originaban movimientos de resistencia contra una realidad social opresiva.

 

Portadas de “Nueva Lente” de 1971 y 1973.

 

Fue a finales de los años 70, ya fuera de la dirección de Nueva Lente, cuando Pablo Pérez-Mínguez empieza a asistir a reuniones y encuentros en casas de pintores a las que asistían algunos de los personajes que serían clave para la movida madrileña como Alaska, Fabio McNamara, Pedro Almodóvar o Ana Curra.

 

“Foto-Poro”, la exposición que inaugura PPM en la galería Buades en 1980 ya le convierte “oficialmente” en el retratista de la Movida. Se trata de un conjunto de 250 retratos en color y primer plano de personajes habituales de la vida nocturna de ese Madrid que vio nacer la Movida. El mismo Pérez-Mínguez escribió en “Mi Movida”: “Me acercaba a la gente (sin pedir el carnet) y les soltaba un flash a quemarropa. Así estuve seis meses sin parar, y cuando me cansé me di cuenta que había fotografiado a TODA LA MOVIDA MADRILEÑA: camareros, chulos, cantantes, gogós, directores de cine, gorilas, mánagers y buscavidas…”.

 

Pablo Pérez-Mínguez . “FOTO-PORO”, 1979-80.

 

PPM se convierte así en el fotógrafo de las nuevas estrellas, de los protagonistas de la Movida recién emergida en Madrid, ciudad donde ya se han diluido las barreras entre alta y baja cultura. Existía, entre los personajes de este movimiento, una necesidad de ser retratados, de aparecer en los medios, de escenificarse; razón por la cual les sobraban las ganas de posar ante la cámara. Y la cámara siempre estaba lista. El estudio de Pablo Pérez Mínguez en la calle Monte Esquinza se convirtió en un plató por el que desfilaron todos y cada uno de los personajes de la movida. Algunos, incluso, a diario. Aunque imposible nombrarlos todos, estos fueron algunos de los personajes que se dejaron retratar: Sigfrido Martín Begué, Guillermo Pérez Villalta, El Hortelano, Ceesepe, Ouka Leele, Alberto García-Alix, los Costus, Alcolea, Alaska, Gran Wayoming, Tino Casal, Blanca Sánchez, Juan Manuel Bonet, Fernando Savater, Paz Muro, Fernando Vijande, Radio Futura, Nacha Pop, Ana Curra, Almodóvar, Fabio McNamara, Antonio Banderas, Rosi de Palma, Bibí Andersen, Ariel Roth, Paloma Chamorro, Ignacio Gómez de Liaño, Quico Rivas, Txomin Salazar… Dejando a un lado la improvisación del “Foto-Poro”, la fotografía de Pablo Pérez-Mínguez se torna cada vez más cinematográfica. La puesta en escena y el color toman protagonismo en este periodo.

 

También para este momento prolífico en cuanto a generación de contenido artístico existirá una publicación desde la que difundirlo. Se trata de La Luna de Madrid, revista nacida en 1983 que enseguida se convertirá en la publicación desde donde difundir la Movida madrileña.

 

Las fotografías de Pérez-Mínguez, tanto las de estudio como las de las fiestas y los momentos de camerino responden a una estética postmoderna que el fotógrafo ya arrastra –aunque con cambios sustanciales– desde Nueva Lente y que es, además, la tendencia más habitual en el imaginario artístico de la Movida en todas sus facetas.

 

Aunque incomprendida y a menudo menospreciada por la crítica de arte del momento –y también la posterior–, me pregunto si la intención fotográfica del propio PPM sumada a las actitudes desinhibidas de los personajes retratados pueden permitirnos, salvando probablemente algunas distancias, establecer paralelismos estéticos con trabajos como los de Nan Goldin, quien sí ha gozado de reconocimiento internacional por ser la narradora documental de la escena contracultural neoyorquina de los 80.

 

Pablo Pérez-Mínguez. “Alaska, Pedro Almodóvar, Fanny McNamara y Bernardo Bonezzi en los camerinos de la Sala ROCK-OLA”.

 

Nan Goldin. “Misty y Jimmy Paulette en un Taxi de Nueva York”, 1991.

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