Victor Lenore: Miedo a un planeta hipster

El periodista musical reflexiona en su libro “Indies, Hipsters y Gafapastas: Crónica de una dominación cultural” sobre la endogamia y los prejuicios del indie, la incomodidad que provoca el enfoque político y los conflictos que genera la modernidad. Por David Bizarro

 


24 octubre 2014

indies

 

Con un título como éste cualquiera diría que vas provocando.

Naturalmente es algo premeditado. Una de las principales características del hipster consiste precisamente en etiquetar a todo el mundo: “mira ese piesnegros, ese bakala, esa choni…”. Así que pensé en hacerles probar su propia medicina y ver qué les parece. El germen de todo ese rollo condescendiente arraigó con Ruta Destroy, Don Julio y Los Chocolas o Mi novio es bakala de Meteosat; pero tiene una requetevuelta. No es lo mismo ir al Sònar que al Monegros, al Razzmataz que a la Fabrik. Aunque los DJs sean los mismos: se trata de una cuestión de estatus, de etiquetas.

 

¿Te ha sorprendido que la gente se sintiera tan ofendida incluso antes de leer el libro?

La reacción está siendo más o menos la que me esperaba. Vivimos en una sociedad muy individualista y cuando se plantea un debate a nivel colectivo lo normal es que haya gente que se ponga a la defensiva. Solo tienes que ver la que se lió con Resituación de Nacho Vegas y con el artículo sobre Machismo Gafapasta en Diagonal. O la polémica del concierto de No Age en la sala Apolo de Barcelona, cuando aprovecharon un evento patrocinado por Converse para denunciar las condiciones de explotación laboral en el Tercer Mundo.

 

Simpatizo con el gesto, pero la actitud de No Age me parece cada vez más contradictoria. Para promocionar su último disco, Sub Pop ofertaba un “pack veraniego” que incluía un balón de playa y una camiseta imitando la portada del Bleach de Nirvana.

Todos los hipsters que hemos tirado a la izquierda tenemos ese tipo de contradicciones. Yo las tengo, Nacho Vegas las tiene y Javier Gallego de Carne Cruda, que empezó siendo un programa cultural y ahora tiene una carga mucho más política. Pero lo importante es que los problemas que No Age están denunciando son reales y nos afectan a todos en nuestra vida diaria…

 

no age

 

¿Andamos más escasos de autocrítica o posicionamiento?

Lo único que resulta evidente es la incomodidad que todavía nos genera el enfoque político. Al ponernos un problema político delante como la explotación laboral o el racismo, nos damos cuenta de que realmente no somos tan modernos como aparentamos. Cuando les pedí su opinión sobre el artículo del machismo, muchas personas relacionadas con el indie me contestaron: “es que odio que me obliguen a posicionarme”. Lo que tememos es darnos cuenta de que en el fondo somos bastante rancios, porque supondría dejar de vernos a nosotros mismos como personas vanguardistas y tolerantes.

 

La mayoría de comentarios que he leído en las redes sociales parten de declaraciones tuyas, en algunos casos malinterpretadas o sacadas fuera de contexto.

Hace poco leí uno que decía que es lógico que la gente se enfade, porque a nadie le gusta que le digan que su vida es una farsa. Pero esa no es mi intención con este libro. Me parece preocupante que confundamos nuestros gustos con nuestra vida, cuando son dos cosas completamente diferentes. En ese sentido el indie es muy endogámico: si alguien ataca la música que me gusta me está atacando a mí.

 

Es como el hincha que identifica emocionalmente con su equipo por lo que éste representa: su barrio, su ciudad… En el caso del indie, ¿se trata de un conflicto de identidad o de sentido de pertenencia?

Muchos indies de mi generación nos fuimos de viaje de estudios y volvimos de Londres chapurreando inglés, con las últimas novedades discográficas y el NME debajo del brazo. Te sentías el más molón de la clase y eso te proporcionaba una sensación de autoestima que a la larga resultó muy dañina. Cuando mis compañeros me ponían a Kortatu o Eskorbuto me gustaban, pero formaban parte de una realidad, completamente ajena a la mí, que no me terminaba de enganchar. Esa aspiración de España, que había sido un país muy asilado, a conectarse con Londres, con Nueva York… Con esto no quiero decir que te  vuelvas un idiota por escuchar indie, sino señalar la existencia de ciertas dinámicas sociales que te arrastran y que si no pones de tu parte puedes caer en unos valores que con la edad interpreto que son muy de derechas.

 

Tiene gracia que lo menciones, porque en Facebook dicen que lo último que necesita la música española es que alguien como tú se convierta en el Vestrynge del indie.

¡Me encanta la metáfora de Vestrynge! Es como reconocer que el indie es Alianza Popular (risas).

 

Yo creo que todos albergamos un hipster en nuestro interior. Nuestra necesidad de reafirmarnos es lo que lo hace aflorar más de la cuenta, pero a nadie le gusta reconocerlo. Es mejor pensar que el hipster es el otro.

Totalmente de acuerdo. Durante muchos años yo fui un hipster, por dentro y por fuera. Pero con el tiempo me estoy intentando desintoxicar…

 

Otros periodistas como Xavi Sancho y Óscar Broc, han tratado el mismo tema sin generar tantos reproches. Tal vez sea porque generan una mayor complicidad con el lector…

Yo me río con los cómics de Moderna de pueblo, pero su sentido del humor funciona a partir de cierto distanciamiento. Los artículos de Xavi Sancho y Óscar Broc tienen cosas muy valiosas, que te hacen pensar; pero no creo que lo que busquen sea hacer una crítica de fondo. El hipsterismo suele abordarse como un problema de madurez, cuando en realidad se trata de algo más complejo. Lleva implícito una serie de prejuicios que vamos asumiendo inconscientemente.

 

Entonces, ¿es ironía o hipocresía? ¿Crees que la reflexión se ha visto afectada por un exceso de condescendencia?

Lo que yo creo es que se ha producido un cambio de valores muy significativo. El cinismo nos ha ido erosionando poco a poco y ahora mismo no hay ninguna disonancia con los valores de mercado. En los noventa “venderse” tenía unas connotaciones muy negativas, pero en la actualidad lo vemos como algo natural. Ya no es algo que haya que evitar, sino a lo que todos debemos aspirar.

 

Si das un paseo por Madrid te encontrarás el Teatro Häagen-Dazs (antiguo Teatro Calderón) el Cofidis (Teatro Alcázar). ¿Ocupa la publicidad un espacio predominante en la crisis cultural?

Lo preocupante no es que esté todo patrocinado, si no que parece que no existan otras alternativa. En los años de la contracultura y el hippismo la gente hizo experimentos con las comunas pero, por ejemplo, una revista de tendencias nunca será una cooperativa. Ya ni siquiera existe la clásica tensión entre el jefe que gana mucho y los redactores que ganan poco. La modernidad los pone a todos en el mismo bando, contra la gente que no es moderna. A día de hoy yo tengo más problemas en común con un reponedor de supermercado que con mi jefe que, en cierta manera y por el sistema, me está explotando. La modernidad disuelve los conflictos políticos de una manera muy artificial.

 

El último concierto de Morrissey en el Palacio de los Deportes de Madrid (y que ahora se llama Barclays Card Center) coincidió con el  sacrificio del perro Excalibur. Mucha gente estaba esperando a que se pronunciase al respecto…

El único pronunciamiento de Morrissey fue sacar a sus músicos al escenario vistiendo una camiseta en contra de su discográfica. Es decir, la clase de reivindicación narcisista a la que nos tiene acostumbrados. Desde el primer concierto de la gira española que dio en Málaga, empezó a meterse con BMG porque su disco no estaba en lo más alto. Lo único que de verdad le preocupa es su estatus como icono del pop mediático.

 

morrissey

 

Joaquín Sabina actuará en el mismo recinto en diciembre. Agotó 13.000 entradas en apenas dos horas y ya ha anunciado una segunda fecha en Madrid y otra tercera en Barcelona. Por cierto, que los conciertos se anuncian bajo el lema de “Una noche y 500 crisis”. Menuda paradoja, ¿eh?

Lo que más me llama la atención de Sabina es que, desde el estallido de la crisis en 2008, su combatividad se ha evaporado. Su último posicionamiento fue a favor de la reelección de Zapatero con el famoso video de la ceja y todo eso. Pero en cuanto el país entra en barrena, prefiere callarse la boca y hacer chistecitos sobre lo macarra que es, lo mucho que sale y su marichalazo con la cocaína… Aunque es un referente anti-hipster y cuenta con el rechazo visceral de los indies, su comportamiento es similar al de Nick Cave, Tom Waits o Leonard Cohen. Estamos hablando de artistas que generan una adhesión incondicional, incluso entre quienes no pueden permitirse el pagarse la entrada. El otro día una chica se quejaba por twitter del precio desorbitado por ver a Nick Cave: “este tío sigue en su burbuja de heroína, nos ha abandonado y no sabe ni en qué país está”. Pero siempre habrá quien lo justifique por su excepcionalidad.

 

Leyendo el capítulo sobre David Lynch y las Nancys Rubias me acordé de la cena homenaje que le rindieron en la última edición del Rizoma Fest. Por 150 euros el cubierto podías compartir mesa con el cineasta, David Delfín, Alaska y Mario Vaquerizo y rentabilizar la noche con barra libre de selfies. 

La mitomanía es otro rasgo indisoluble al hipster. Basta con echar un vistazo a las publicaciones para modernos. Son todo primeros planos, todos están de promoción: son catálogos de consumo. Y si no puedes costearte la  supermitomanía siempre te quedará el recurso de la broma irónica para criticarlo. Una cultura tan basada en en el ego tiene que ser muy estéril.

 

¿Es por eso que aceptamos la precariedad laboral de nuestras profesiones liberales? ¿Por sentirnos un poquito más especiales?

El indie se parece a la publicidad en el sentido de que un anuncio te dice que si consumes un producto determinado destacarás de entre el resto. Hará de ti alguien diferente, especial: te separará de la masa. Seguramente escucharía más música que de verdad me gustara si en lugar de crítico musical hubiese sido cartero. Se supone que este trabajo te proporciona un mayor acceso a la música, pero solo aquella que la industria quiere vender. Como cartero, es probable que hubiese tenido un contacto más personal y variado con la música, sin ceñirme a los cincuenta envíos que te llegan cada mes y que no te dejan tiempo para escuchar nada más. Con esto quiero decir que a veces la posición de un crítico musical no es la mejor para enterarse de lo que está pasando a su alrededor.

 

media

 

Este mes Mondosonoro reunía a un puñado de rostros conocidos de la escena nacional independiente para celebrar su 20 aniversario. He rescatado un par de citas que acompañaban las fotos, porque tocan varios temas del libro. La primera dice: “la independencia solo sufre de carencia afectiva y seguridad en sí misma” (Marc Ros, Sidonie).

¿Y por qué tiene que ser un valor la independencia? ¿Por qué no puede ser un valor tu relación con los demás? Ese es el lema del Patio Maravillas: “nos quieren en soledad, nos tendrán en común”. En el prólogo del libro, Nacho Vegas cuenta que él entendía el indie como apócope de independencia y acabó descubriendo que indie viene de individualismo. Entre uno y otro hay muy poca diferencia.

 

La segunda: “lo que sobran son opinadores enteradillos y snobs. Hay mucho arrogante que suelta sarcasmo y bilis mezclado en un puré vomitivo de léxico universitario. Emplean un discurso demasiado intelectual y poco emocional, la antítesis de todo el tinglado” (Santi Balmes, Love of Lesbian).

Es probable que sobre opinión, pero está claro que lo que falta es debate colectivo. El libro no es una sentencia, lo que plantea es una pregunta abierta. ¿Realmente el indie nos hace tan felices? Yo pienso que no. Por eso he abierto un blog donde cada lector puede compartir su opinión al respecto.

 

* Victor Lenore presenta su libro “Indies, Hipsters y Gafapastas: Crónica de una dominación cultural” (Capitán Swing, 2014) en el Patio Maravillas (c/Pez, 21). 

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Comentarios:

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Romu Aldo Spany says:

Una manita por el lomo de Lenore. A ratos, una caricia amable. Se echan de menos preguntas un poco más feroces, porque el libro tiene muchos puntos flacos.

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