Vieja pelleja de resaca electoral

¿Cómo queremos que Madrid trate a la música ahora que la capital cambia por fin de alcaldesa? Por Elena Cabrera


26 mayo 2015

Cartel de Juan Gallego y Ana Curra para #MadridConManuela.

Cartel de Juan Gallego y Ana Curra para #MadridConManuela.

 

No soy tan vieja pelleja como para recordar ese día de junio de 1991 en el que el PP comenzó a reinar en el trono de Madrid, pero casi. Me acuerdo, en cambio, de momentos anteriores. Recuerdo a Tierno como alcalde eterno y complaciente. Recuerdo a su delfín, Juan Barranco, heredando el cargo y menguando cada día, haciéndose más triste, más pequeño y más delgado. Recuerdo, eso sí, la moción de censura, que agradó incluso a algunos socialistas, porque Barranco no era Tierno. Llegó Rodríguez Sahagún, que era como un teleñeco, una risa de ese partido de transición de falso centro que fue CDS, una derecha encubierta, como Ciudadanos. Con esa C primera, esa D en el medio y esa S final, no deja de sonarme igual que Ciudadanos, en mi memoria.

 

Y entonces, en el portón de los 90, la década en la que los que habíamos nacido en torno a 1975 adquiríamos derecho a voto, derecho a bares, derecho a decidir, la política madrileña nos quitaba todo lo que le había dado a nuestros hermanos mayores. Llegó José María Álvarez del Manzano, a quien popularmente, la gente más joven, llamábamos, no sin cierto machismo, “la señora alcaldesa”. Amanerado, blandito, poco dotado para la oratoria y mucho menos para la dialéctica, se dedicó a llenar las aceras de estatuas, termómetros y chirimbolos.

 

Cuando hablábamos con la gente que gestionaba cultura en los años 80 nos resultaba imposible de entender que los Smiths hubieran tocado gratis, en fiestas, en plena calle. Estábamos metidos en pequeñas salas de conciertos viendo grupos hacer ruido con las guitarras delante de cien personas —exactamente igual que ahora— y la idea de cultura para todos significaba chotis en San Isidro, que era lo que le molaba a Álvarez del Manzano. José María instaló una miniestatua de La Violetera en la calle Gran Vía y se quedó tan ancho.

 

Después de dos legislaturas llegó Gallardón con su juventud y los moderados se alegraron porque este mesías cambiaría la cultura de azucarillo y aguardiente por algo más moderno. Claro. Si Tierno se hizo eterno, Gallardón sería infinito. Ganando, ganando y ganando. Y luego le regaló el cetro a la esposa del expresidente del Gobierno, como quien brinda un toro en la plaza. Finalmente había una alcaldesa regente, algo que jamás había sucedido en esta villa, ni antes ni siendo corte. Total, para qué.

 

24 años tristes donde todo el ruido que hemos querido hacer con la música en Madrid lo hemos hecho a pesar del Ayuntamiento. En edificios ocupados. Con dinero de cajas y bancos. Montando festivales desde Madrid para fuera de Madrid. Abriendo empresas y arruinándonos. Pagando multas. Divirtiéndonos al margen. Música alternativa. El underground.

 

En esta resaca postelectoral sabemos que no ha ganado Manuela Carmena, pero que podría gobernar. Ella está convencida de que va a hacerlo. Es la primera mujer que se enfrentó al PP y salió victoriosa. No estaba sola, claro. Detrás de Ahora Madrid estamos muchas, trabajando, militando, apoyando o votando. Algunas no son tan viejas como yo y no recuerdan a “la señora alcaldesa”. Manuela, en cambio, tiene unos maravillosos 71 años y lo recuerda todo. Nos lo cuenta. Nos hace recuperar la alegría.

 

De Manuela esperamos que cumpla lo que han propuesto las bases de Ahora Madrid:

 

– Que garantice el acceso universal a las escuelas municipales de música, danza y arte dramático, pues tienen pocas plazas y las matrículas han subido tanto que son inasumibles. Por otro lado, son cada día más necesarias teniendo en cuenta que la música está desapareciendo de los programas educativos, una inexplicable decisión del Partido Popular al hacer la LOMCE. La Comunidad Autónoma podría hacer algo por evitar esta desaparición pero si se confirma a Cifuentes como presidenta, las cosas seguirán igual.

 

– Que a la hora de priorizar el interés general en el espacio público, la música sirva como vehículo cultural y de integración social en la vida de la ciudad. Al separar la Cultura de otras áreas como el Turismo o los Deportes y darle un departamento propio, esperamos que el enfoque de las inversiones sea bien diferente al actual, el cual beneficia a empresarios amiguetes y enriquece a los artistas consolidados, cerrando el paso a los emergentes.

 

– Que potencie, inyectando dinero público, la música en los barrios y distritos. No es de recibo que tengamos que ir a Centro para absolutamente todo.

 

– Que deje de perseguir la música en los bares, que abra la mano para crear licencias que permitan los pequeños conciertos. La conciliación entre las necesidades de los vecinos y el disfrute de la música no puede ser a base de multas. Como dice el programa, hay que racionalizar las ordenanzas municipales con la participación ciudadana.

 

– Que nos facilite a los ciudadanos el uso de espacios e infraestructuras para poder organizar conciertos en las instalaciones municipales, los parques y las plazas.

 

– Que convierta las bibliotecas en verdaderas mediatecas que salvaguarden la memoria de la música madrileña en especial y hagan accesible de manera universal fondos digitales y materiales, promoviendo la música, no solo en sus soportes, sino también en sus actividades.

 

Eso, para empezar. No le vamos a pedir que lo haga en los 100 primeros días pero sí en los dos primeros años. Son, más que nada, medidas para propiciar el cambio de gestión. A partir de ahí, se nos ocurrirán más cosas, Manuela.

 

Con la música, querida futura alcaldesa, bailamos todos. Incluso un technochotis, si se tercia. Propicia la integración, la diversidad y la comunicación. Nos hace más ricos sin endeudarnos. Nos hace alegres. Pero todo esto, tú ya lo sabes.

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