Warhol y Foucault, los dos nuevos pandas del zoo de Madrid

La Panda Cam del zoo de Madrid es un espectáculo muy warholiano. Pero… ¿alguien ha visto alguna vez a estos pandas? ¿Existen realmente? ¿Somos nosotros quienes les observamos o son ellos los que nos observan a nosotros? Por: Nacho Palomitas.


10 abril 2014

 

Uno de los espectáculos más fascinantes que ofrece Madrid y que cualquiera puede disfrutar sin salir de su comedor, ya que además lo radiamos a provincias limítrofes y reinos más allá de la M-30, es la Panda Cam del Zoo de Madrid. La Panda Cam muestra principalmente las evoluciones de una madre panda llamada Hua Zui Ba y de su pequeño principito panda, llamado Xing Bao. Un singular pero monísimo mamífero que cumplirá un año en agosto y que fue bautizado al más puro estilo del asamblearismo defectuoso virtual, es decir, por votación popular en internet tal como viene siendo costumbre en el zoo madrileño, hasta alcanzar un minoritario pero significativo 40% de los votos. Por cierto, que el nombre que recibió, Xing Bao, significa “tesoro de su padre”, algo que resulta irónicamente patriarcal teniendo en cuenta que su madre, Hua Zui Ba, es madre soltera, porque ese es otro tema.

 

Según me informan mis consultoras científicas, los osos panda son animales extravagantemente torpes en cuestiones evolutivas y pese a pertenecer a la orden de carnívora, se alimentan en un 99% de bambú; un vegetal que han de consumir en cantidades industriales para hacer proezas como dar dos pasos o caer aparatosamente sobre su costado y, debido a ello, el plano cenital de la cámara del zoo suele mostrar una imagen fija de una gran cama de bambú. Si esa torpeza evolutiva les recuerda lejanamente a su compañero de piso vegetariano con el que conviven en Malasaña, parece que esos animales comparten con él, no sólo la dieta alimenticia, sino también la dieta sexual. Torpes y al borde de la extinción, deciden ser célibes en cautividad y eso ha provocado que uno de los motivos por los que sean cedidos por el gobierno chino es que se les someta a fecundaciones in vitro en el extranjero. Con la condición, eso sí, de que devuelvan las crías a su lugar de origen en un viaje de retorno panda al que ya se han acogido Po y De De, dos pandas madrileños que ahora residen en Chengdu, China.

 

Las imágenes que ofrece la cámara son fascinantes y desenmascaran ciertos prejuicios que existen sobre ellos como, por ejemplo, que se encuentran siempre abrazados de manera triste a una monarca consorte con cara triste (cada país el/la que corresponda o según costumbres políticas, también puede aparecer abrazados a presidentes de repúblicas). No se engañen, el día a día de los pandas es más parecido al suyo o al mío que a una gran personalidad que alterna con la nobleza y va a recepciones y soirées. El panda pues hace… cosas de panda. Come dos kilos de hoja de bambú (no la raíz), se levanta y con ese simple acto lleno de una belleza coreográfica lerda, quema la energía producida por esos dos kilos de bambú y vuelta a empezar. Es por ello que la lenta cadencia de los acontecimientos que nos trae la cámara no es excesivamente emocionante y se ve únicamente animada por una absurda doble velocidad que la magia del streaming nacional imprime a todos los acontecimientos recogidos a tiempo real.

 

En ese sentido, la Panda Cam del zoo de Madrid es un espectáculo muy warholiano al estilo de esas anti-películas que hizo nuestro fascista de plástico favorito, Andy Warhol, por la década de los sesenta, como “Sleep” (1963), donde veíamos al performancer y poeta John Giorno dormir durante seis horas seguidas. John Giorno no sólo tenía en esa película unos ciertos rasgos que pudieran recordar a un panda (peludo, bajito, con el rostro ovalado), sino que según leo en su biografía, Giorno es desde hace mucho tiempo, practicante de la tradición Nyingma del budismo tibetano. ¿Tengo que recordar además que el origen más probable de la palabra “panda” provenga del nepalí? ¿Coincidencia? No lo creo. Ahora lo que convendría aclarar es de quién es la deuda artística: ¿hacía John Giorno de panda o hacen los pandas de John Giorno?

 

 

Si les pareció extraña esa genealogía artística entre Andy Warhol y la panda-cam del zoo de Madrid, dejadme soltar la segunda bomba, una pregunta, ojo, que va muy en serio: ¿alguien ha visto a los pandas del zoo de Madrid? No es broma. Cojan el whatsapp y vayan al grupo más numeroso que hayan creado, uno que se llame, por ejemplo, “Palentino ruuuuuuuuuuules!!” o “Bollos de Lavapiés” y pregunten: “¿alguien ha visto a los pandas del zoo de Madrid?”. Me juego lo que quieran a que un 100% de los contactos de ese grupo no ha visto jamás a los pandas. Esa pregunta, por supuesto, lleva otra emparejada: ¿existen de verdad los pandas del zoo de Madrid? O si esa negación ontológica de los pandas les parece muy radical, dejadme que reformule la cuestión: ¿esos pandas que vemos en la dirección “http://www.zoomadrid.com/panda-cam” están en realidad en Madrid?

 

Ustedes podrán alegar que el zoo también tiene un blog especial donde cuentan la vida cotidiana de los pandas con fotografías y testimonios de sus creadores. Almas de cántaro ¿No han visto “El show de Truman”? Los uniformes no parecen muy caros, los cuidadores hablan de una manera forzada como si fueran actores, la mayoría de fotos se hacen delante de paredes anónimas y las imágenes de pandas se encuentran a discreción por internet. Sin embargo, ¿por qué el zoo de Madrid habría montado tal dispositivo? Para contestar a esa pregunta no podemos sino referirnos al carácter heterotópico en el sentido foucaultiano (uy, lo que he dicho) de la jaula de los pandas del zoo de Madrid.

 

Déjenme que les explique brevemente y tal como lo hace la Wikipedia en qué consiste una heterotopía para Foucault. Las hererotopías son para el filósofo francés espacios que no funcionan de manera hegemónica, espacios en los que conceptos como “aquí” o “allá” se colapsan y se convierten en simultáneos física y mentalmente. Foucault ponía el ejemplo sencillo de las llamadas telefónicas o los reflejos en el espejo, es decir, lugares donde las distancias (físicas y psicológicas) convergen. Evidentemente, el espacio heterotópico por excelencia es el internet donde podemos estar simultáneamente en nuestra salita de estar del barrio de la Concepción y, al mismo tiempo, en el cruce de calles más congestionado de Cleveland (Ohio). Eso me lleva a pensar que los pandas están en mi despacho y que yo estoy en su jaula. Con ello, la jerarquía de la mirada también se derrumba: los pandas nos miran también y la pared que la cámara del supuesto zoo de Madrid no enfoca está llena de monitores. “Pon una tirita en la cámara del portátil”, dicen las madres. “Las cámaras en el barrio de Lavapiés reducirán el índice de crímenes”, dicen las delegadas del gobierno. “Zona video-vigilada”, dice el Metro de Madrid. Nadie nos dice quién está detrás de esas cámaras. Los pandas, están los pandas comiendo bambú y mirándonos severamente.

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