Zaj 1964. Una invitación a destiempo y un concierto de teatro musical

En 1964 el grupo Zaj daba su primer “concierto de teatro musical” en Madrid. ¿Estaba el público preparado para este acontecimiento? Por Marta Sesé.


12 mayo 2017

Zaj es zaj porque zaj no es zaj.
 
Juan Hidalgo

 
 

Juan Hidalgo en “concierto de teatro musical” el 21 de noviembre de 1964 en el Colegio Mayor Menéndez Pelayo de Madrid.

 

Aunque no se bautizarían hasta 1964, los orígenes del grupo Zaj hay que buscarlos en 1958 y en la ciudad alemana de Dramstadt. Ahí, dos de los fundadores, Walter Marchetti y Juan Hidalgo –no estuvo presente el tercero, Ramón Barce– conocerán a John Cage y a David Tudor, dos grandes referentes para ellos que, junto a Fluxus, serán determinantes para definir el modo de hacer del propio grupo Zaj años más tarde. En Dramstadt, Tudor interpretó una vez más 4’33”, una pieza silenciosa creada por John Cage que se pudo ver por primera vez unos años antes, en 1952, cuando también el pianista David Tudor se encargó de interpretarla: se sentó frente al piano, abrió la tapa, estuvo en silencio treinta segundos y cerró y abrió la tapa de nuevo para completar la pieza silenciosa con sus respectivos movimientos. Como les sucedería a Zaj años más tarde, ya en esa ocasión fue mucha la gente que abandonó la sala ya que, lo que estaba sucediendo, les parecía una total tomadura de pelo.

 

Es entonces en Madrid y en 1964 cuando Juan Hidalgo, Walter Marchetti y Ramón Barce escogen al azar la palabra Zaj. Este núcleo inicial —en el grupo habrá idas y venidas de componentes, siendo Esther Ferrer la que se convierta en parte fundamental del grupo a partir de 1967— procedían del campo de la música e inician este proyecto para investigar alrededor de la “música de acción”, un nuevo tipo de música del que, junto a Fluxus, se convertirán en referentes. Zaj, como invento y como grupo, surge en el número 1 de la calle Batalla del Salado. Ya en el momento de la fundación todos ellos eran conscientes de que su motivación partía de aquello que habían visto fuera de la frontera y que dicha declaración de intenciones, implicaba cierta automarginación y cierto afán por provocar a una crítica y a un público que para nada estaba preparado para asumir su propuesta. Aunque los tres eran conscientes de lo que podía suceder, Barce abandonó a los pocos meses el colectivo ya que, como él mismo dejó por escrito en una carta dirigida a Juan Hidalgo: “tendré que renunciar por ahora a toda actividad de Zaj, ya que algunas personas de las que dependo económicamente se escandalizan bastante… Parece mentira, pero hay quien se muestra casi ofendido por la música de acción y similares…”.

 

El primer acto público de Zaj en Madrid tuvo lugar el 19 de noviembre de 1964. Hidalgo, Marchetti y Barce salieron de su local llevando a cuestas tres objetos de madera y recorrieron seis kilómetros y trescientos metros hasta llegar a la Avenida Séneca, hasta el Colegio Mayor Menéndez Pelayo –más tarde se ha identificado que el recorrido corresponde al mismo que el anarquista Buenaventura Durruti hizo en 1936, justo antes de ser asesinado por un francotirador–. La procesión del grupo Zaj sucedió sin ningún tipo de público. Al día siguiente distribuyeron un cartón –así llamaban a las tarjetas que enviaban por correo para difundir y anunciar sus acciones– en el que invitaban a la gente a asistir al traslado de los objetos de madera advirtiéndoles de que este ya había sucedido y dando a conocer el recorrido realizado.

 

Cartón distribuido el 20 de noviembre de 1964

 

Terminar el recorrido en el Colegio Mayor Menéndez Pelayo tenía una segunda razón de ser, ya que es allí donde dos días después, el 21 de noviembre de 1964, darían su primer concierto, el “concierto de teatro musical”. Los conciertos Zaj son una sucesión de breves acciones que se alejan de lo que conocemos como un concierto tradicional. Se trata de fragmentos repletos de cotidianeidad fuera de contexto que se ofrecen al público a través de frases escritas, silencios, gestos y exhibición de objetos. Como el propio nombre indica, “concierto de teatro musical”, los conciertos zaj son un espectáculo visual y una teatralización de la vida cotidiana donde, inevitablemente, se hacen presentes sus referencias como el pensamiento zen, Duchamp o Cage.

 

El programa de mano para el concierto en el Colegio Mayor Menéndez Pelayo se abría con un breve texto de Juan Hidalgo que terminaba de esta manera: “Diré enseguida que, desde un primer momento, ojos y oídos han tenido un papel en la música experimental. ¡atención, pues! no olviden las orejas quienes tengan los ojos en primer plano. A es a porque a es no-a”. A continuación, se especificaba el nombre de las piezas que se iban a interpretar y quién de ellos iba a hacerlo. Por último, cada pieza iba acompañada de su partitura-instrucciones. Así eran, por ejemplo las instrucciones para El recorrido japonés de Juan Hidalgo:

 

hacer hacer
o
hacer
con cualquier objeto (1)
o
cosa (2)
un recorrido cualquiera
de duración indeterminada
o
a determinar para cada ejecución
delante de un público
si así se desea
oculta
o
abiertamente

(1) un solo objeto
(2) una sola cosa

 

Walter Marcheti (izquierda) y Ramón Barce (derecha) en “concierto de teatro musical” el 21 de noviembre de 1964 en el Colegio Mayor Menéndez Pelayo de Madrid.

 

Un registro del concierto queda archivado en el NO-DO 1198A que se publicaría justo en diciembre del año siguiente (merece la pena ver el fragmento a partir del minuto 6:48 y escuchar los comentarios sarcásticos del locutor). Cabe recordar que tanto las formas de difusión como el propio contenido del concierto era algo que jamás se había visto en España y que se escapaba totalmente de los estándares habituales a los que un público pudiese estar acostumbrado. A nivel internacional el éxito de Zaj fue considerable pero, en su país, las reacciones oscilaban entre la fascinación y la repulsión siendo, por supuesto, totalmente obviados o criticados por la crítica y la historia del arte. En la revista SP, Tomás Marco escribió la siguiente crítica a ese primer concierto: “El público se dividió en un escaso número que sabía de lo que se trataba, un buen número de personas indignadas, otro buen número que no sabía a qué carta quedarse y una gran mayoría de gente que se lo estaba pasando francamente bien”.

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